Miércoles, 10 de febrero de 2016

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100 años después – Las 8 horas y Henry Ford

El 8 de diciembre del año pasado, se celebró el centenario de la aprobación de la ley de 8 horas en Uruguay, uno de hitos de la legislación social del Batllismo a principio del siglo XX, que en aquella época, motivó entre otros, un desencuentro importante entre José Batlle y Ordóñez  y José Enrique Rodó, (este último consideraba que la limitación tajante establecida por la norma coartaba la libertad de trabajo).

Celebración de un acto de justicia, y también  una indicación que Uruguay nunca pierde de vista su pasado; y quizás por esa pulsión retrospectiva permanente, sumada a la infundada creencia de que somos el “ombligo del mundo”, hace que no estemos atentos a lo que ocurre en el presente, y dejemos de lado la generación de propuestas acerca del futuro.

Fue quizás estimulada la imaginación por la celebración de los 100 años de esa norma, que el titular de la Oficina de Servicio Civil lanzo la iniciativa de llevar la jornada laboral a 6 horas, ello naturalmente estimuló al PIT-CNT que la incluirá en su “plataforma reivindicativa” y ha iniciado una polémica a nivel de economistas referida a si ello es conveniente, posible y rentable.

La propuesta, y la polémica, ciertamente no aportan ninguna solución a la coyuntura que enfrenta el país, porque ha faltado en la orgullosa celebración uruguaya, y al oportunista demagogo, la información que  un año antes, (en 1914), Henry Ford, estableció la jornada de 8 horas en sus fábricas, dando inicio a la gran revolución de la industria automotriz estadounidense.

Es interesante que en Uruguay, fuera necesario aprobar una ley limitado la jornada de trabajo, (reconociendo el derecho al descanso y al ocio); mientras que en EE.UU, fuera un empresario brillante e innovador quien resolviera lo mismo, y pieza fundamental de información que nadie menciona, la reducción de la jornada laboral de 9 a 8 horas, fue acompañada por  la oferta de un salario que duplicaba el habitual de la industria, sin necesidad de legislación alguna.

La decisión de Henry Ford, formaba parte de su revolucionaria concepción de la “cadena de montaje”,  con la especialización de cada obrero en una tarea sistematizada (con criterios Tayloristas),  y transformó a la compañía Ford en un gigante industrial; los restantes fabricantes de automóviles, a riesgo de desaparecer,  no tardaron en seguir su ejemplo, la jornada de 8 horas, con el adicional de una mejora substancial de los salarios se extendieron a toda la industria.

La reducción de la jornada, la mejora salarial extraordinaria y la sistematización del trabajo, generaron un aumento tan importante de la productividad,  que Ford ganó más dinero que nadie, democratizando el uso del automóvil, porque además abatió radicalmente el precio por unidad del ahora legendario Ford “T”.

Es la misma industria automotriz que ahora enfrenta los problemas de la robótica y la eficiencia energética, la misma que en la década del 80, cuando Crysler enfrentaba la bancarrota, liderados por Lee Iacocca ( que cobraba un sueldo de un dólar por año), sus obreros aceptaron una rebaja salarial para salvar la empresa; lo que efectivamente ocurrió.

La pretensión de reducir la jornada laboral a 6 horas, (¿a cambio de qué?), parece agregar un nuevo problema, porque en verdad lo que necesita el Uruguay es una modificación drástica del “status quo”, que como hizo Ford en su momento, introduzca un nuevo paradigma del trabajo,  aumente la productividad  y los salarios, en un esquema donde empresa y trabajadores sumen esfuerzos en su mutuo beneficio. Tal parece que 100 años después el Uruguay no está aún  en condiciones de considerar esa posibilidad.

Juan Modesto Llantada

Autor: Juan Modesto Llantada

  • Ricardo Alba

    Y cuando se estableció en Uruguay la jornada de 8 horas ¿a cambio de qué fue?
    Creo que no hay que confundir la lógica de la empresa privada con una política pública en materia laboral.
    En todo caso el autor de la nota cuestiona al empresariado uruguayo.
    El batllismo del siglo XXI debe apoyar la jornada de 6 horas.

  • Jeison Julian Sosa Rodriguez

    Que mentira tan grande, la jornada laboral de 8 horas es una victoria del anarquismo norteamericano, empezó a ser implantada tras la huelga de Haymarket. Antes de Ford los Quakers ya daban derechos laborales, condiciones de bienestar y calidad de vida a sus trabajadores.