Jueves, 8 de febrero de 2018

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2017: un año atípico en la dinámica política

La ética fue el concepto de moda durante el 2017. Los principales partidos con representación parlamentaria tuvieron que afrontar casos de corrupción dentro de sus filas. Sin embargo la forma en que lo procesaron fue bien distinta.

Por otra parte, la dinámica en el Parlamento también se mostró atípica. Fue la primera vez que el Frente Amplio se quedó sin mayoría legislativa (desde octubre de 2016 a setiembre de 2017) tras el alejamiento del diputado Gonzalo Mujica. Durante ese período se verificó una baja en la productividad legislativa.

 

“La vara ética”

Los tres principales partidos del tablero político se han visto en aprietos por casos de corrupción.  Ninguno salió indemne frente a una opinión pública que (por suerte) no fue neutral. Muestra de ello han sido los sondeos de intención de voto, donde la suma de indecisos, voto en blanco y anulado trepó al 40% en el segundo semestre del 2017.

Ese comportamiento en la intención de voto no suele ser lo más habitual en un país donde las variaciones en las preferencias electorales son moderadas. Pero los distintos hechos de corrupción han afectado la reputación de las principales organizaciones partidarias. Veamos.

Por los meses de marzo y abril los organismos internos del Partido Colorado tuvieron que dar una señal política frente a las acusaciones y posterior procesamiento del ex diputado suplente por Maldonado Francisco Sanabria. Ese escollo fue particularmente neurálgico para un partido que atraviesa una crisis de representatividad y de identidad, sin lograr captar una porción del electorado que lo acerque, al menos,  a los guarismos de los comicios del 2009. La sanción que se negoció fue la expulsión de Sanabria.

En el Frente Amplio la situación de Sendic se venía arrastrando al compás de las irregularidades que se denunciaban en la comisión investigadora por Ancap. Pero de forma casi que irónica, la situación se tornó insostenible políticamente cuando se hicieron públicas las compras del Sendic con la tarjeta corporativa del ente petrolero. El “aguantadero” que lo mantenía en su cargo estaba costando carísimo en la opinión pública. El FA descendió a un 25% en los sondeos de intención de voto[1]. Facturas de responsabilidades cruzadas mediante, el FA logró negociar una declaración de su tribunal de conducta política que le bajó el pulgar al vice. Este presentó su renuncia al cargo “por motivos personales”, siendo aceptada por unanimidad y sin discusión en la Asamblea General. Allí comenzó a mejorar la suerte del oficialismo. La asunción de Lucía Topolanky en su lugar también se dio bajo un acuerdo de silencio, lo cual permitió al oficialismo cerrar con relativa calma la transición. El oficialismo, logró mostrar una vez más su expertise para trabajar en la unidad más allá de las turbulencias y pases de factura que van dejando en el camino. Aunque cuesta entender el papel de la oposición en esa transición.

De forma casi consecutiva, una denuncia de los ediles del FA en Soriano dejó mal parado al Intendente Bascou, acusado de comprar combustible para la intendencia en estaciones de servicio de su propiedad. El golpe que le asestó el oficialismo al Partido Nacional fue quirúrgico. Hasta ese momento el PN  alcanzaba una intención de voto similar a la del FA. Sin embargo, el caso Bascou enredó a los blancos en dimes y diretes sobre la sanción que le cabía al intendente. Parecen no haber tomado nota de lo que le había sucedido al FA. Lejos de negociar una salida, las acusaciones cruzadas hicieron un revival de los enfrentamientos entre el sector de Lacalle Pou y Larrañaga. Cerraron el 2017 con una llaga a flor de piel y con un intendente que a la luz de la opinión pública recibió un trato indulgente por parte de su partido.

 

El Parlamento sin mayorías

La pérdida transitoria de la mayoría parlamentaria también marcó una situación atípica considerando las últimas legislaturas. La salida de Gonzalo Mujica dejó al oficialismo sin el diputado 50. Ello repercutió en el trámite legislativo. La legislatura (2015-2017) ha sancionado un número sensiblemente inferior de leyes que las dos anteriores en igual período de tiempo. Un estudio publicado por el Programa de Estudios Parlamentarios (UdelaR-ICP)[2] da cuenta que se sancionó aproximadamente un 35% de leyes menos que en las legislaturas anteriores donde el FA sí contaba con mayorías parlamentarias.

El lapso en el que el gobierno no tuvo mayorías repercutió más allá del dato cuantitativo de la sanción de leyes. Se destaca en particular las negociaciones para aprobar la rendición de cuentas. También cabe señalar que ese lapso fue aprovechado para aprobar tres comisiones investigadoras: Comisión investigadora sobre la planta Gas Sayago (si bien se aprobó en 2016 en ese entonces contó con el apoyo del diputado disidente Mujica), Comisión investigadora sobre empresas vinculadas a la financiación de campañas y Comisión investigadora sobre la gestión de ASSE. Esto le ha permitido a la oposición romper parcialmente el manejo de la agenda que por lo general monopoliza el oficialismo.

 

Lo que viene

La vara de la ética ha hecho mella en los principales partidos del sistema. A esas conductas se le podrá relativizar con eufemismos; errores de gestión, metidas de pata, macanas, proceder inaceptable. Pero la evidencia indica que el poder corrompe y la opinión pública es sensible a ello. Tendrán que trabajar para mejorar su reputación.

En el plano parlamentario entrará al Parlamento la última rendición de cuentas. También está en discusión el impuesto a los militares y  tendremos los informes finales de las comisiones investigadoras. Será un año muy movido.

 


 

[1] Según datos de Consultora Factum
[2] https://parlamentosite.wordpress.com/

Alejandro Guedes

Autor: Alejandro Guedes

Politólogo. Egresado de la Faculta de Ciencias Sociales.Se encuentra cursando la maestría en Ciencia Política (UdelaR). Integrante del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política.