Jueves, 25 de agosto de 2016

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A rodar

Después de unas cuantas idas y venidas, y tres semanas después de lo originalmente anunciado, este fin de semana da inicio una nueva edición del Campeonato Uruguayo, en este caso con el aditamento de disputarse a una sola rueda.

Si bien muchos dicen que los partidos se ganan en la cancha, es indudable que las gestiones de los dirigentes y contratistas en los períodos de pases condicionan las posibilidades de los clubes en los campeonatos. En este período, tal cual sucede desde hace tiempo, los cuadros denominados grandes han sido los que mejores incorporaciones realizaron, y por ese motivo se perfilan como los candidatos naturales a salir campeón. Esta situación se refuerza dado que ambos equipos afrontarán en este semestre exclusivamente la actividad local. El único manto de duda que puede tenderse sobre esta realidad es que el formato del campeonato, a una sola rueda, que empareja hacia abajo al no dar la chance de revancha.

En cuanto a Peñarol y Nacional, los planteles presentan perfiles diferenciados, a tal punto que en aquellos aspectos donde uno se hace fuerte el otro se hace débil y viceversa.

La primer diferencia radica en el esquema básico que los entrenadores presentarán. En el caso del conjunto aurinegro, el esquema base sería un 4-4-2 y el conjunto tricolor un 4-2-3-1. Respecto de las zagas, la carbonera tentativamente alinearía, en caso que todo el plantel esté en condiciones, a Silva, Valdez, Bressan y Olivera, y la retaguardia alba formaría con Fucile, Victorino, Polenta y Espino. En este rubro es donde menos diferencias pueden encontrarse, salvo que el elenco tricolor tiene la ventaja de un mayor rodaje. Ambos equipos tienen proyección por los laterales, y quizás la ventaja que pueda tener la zaga mirasol es la de mejor juego aéreo, uno de los problemas seguramente más preocupan en Los Céspedes.

En cuanto a goleros, no se puede decir que exista una notoria supremacía de uno u otro, tanto Conde como Guruceaga no han desentonado en ocasión de haber sido llamados a actuar.

En el mediocampo se empiezan a acentuar las diferencias, por el lado tricolor el tándem Romero – Porras parece a priori el que arranca, un doble 5 con dinámica, buen trato de pelota, opción de remate a distancia. El punto débil puede ser el juego por elevación, en ese sentido la alternativa de Arismendi puede cubrir esa carencia, resignando en algunas de las otras virtudes. Por el lado de Peñarol la idea original de Da Silva era un doble 5 Pereira – Rodríguez, con más velocidad que el albo, mayor agresividad, pero sin el mismo ensamble y con algo menor trato de pelota. La alternativa de Tomás Costa, que en realidad hasta ahora ha sido quien compartió la mitad de la cancha con Ángel Rodríguez debido a las lesiones de Guzmán Pereira, otorga mayor trato de pelota, pausa, pero reduce las posibilidades de marca. En muchos de los partidos del campeonato podría no justificarse el doble 5 y recurrir únicamente a un volante con vocación de marca, liberando un lugar para otro jugador con mayor perfil ofensivo.

Hasta este punto, si bien existen diferencias derivadas de las virtudes y carencias de los jugadores, los esquemas son prácticamente en espejo. De mitad de cancha hacia adelante los equipos se diferencian en mayor medida. Por el lado del aurinegro, no queda claro si se usará el esquema de los dos volantes por afuera, en cuyo caso Dibble parece número puesto, y el otro lugar quedaría en pugna entre Albarracín y Urruti, o si por el contrario se vuelca por jugar con un enganche, en cuyo caso la puja queda entre Albarracín y Hernán Novick. A priori, en base a lo que se ha visto hasta ahora, Hernán Novick parece merecer un lugar en el equipo titular, dado que la principal carencia que desnudó el pasaje del aurinegro por la Copa Sudamericana fue su dificultad para hilvanar juego, y hacer llegar pelotas limpias al doble 9. Hernán Novick ofrece además de la pausa, la capacidad de un pase filtrado, cambios de frente (sin la intención de alusiones políticas), etc., las típicas funciones del 10 clásico, la pelota quieta, un recurso fundamental para abrir partidos cuando las cosas están complicadas.

Respecto del doble 9, son tres nenes para dos trompos. Todo indica que uno de los lugares terminará siendo de Junior Arias, y el otro quedará para una puja entre Murillo y Ávalos. Con características distintas, ambos extranjeros pueden conformar una interesante dupla con el ex negriazul. Murillo es un delantero difícil de clasificar, robusto, sabe meter el cuerpo, con buen manejo de pelota, entra y sale del área. Quizás su debe está en la falta de juego aéreo, pero es cierto que desde que ha llegado a Peñarol no ha sido habilitado correctamente prácticamente en ningún pasaje, y aún así, con un equipo sin juego colectivo, que no le armó juego, logró marcar 7 goles en 11 partidos, lo cual si bien no es un registro histórico, parece injusta la permanente sensación de disconformidad hacia su actuación que se percibe en cierta parte de la falange carbonera. Por otra parte Ávalos parece un 9 con más movilidad, de área, con mayor juego aéreo, pero con menor facilidad para bajar y pivotear en tres cuartos de cancha. Seguramente quien logre congeniar mejor con Arias se convierta en el otro 9 titular.

En cuanto al doble 9, un sistema polémico y que no es del agrado de muchos, creo que es un acierto de Da Silva considerando el plantel del que dispone. En su anterior pasaje por Peñarol lo hizo con la dupla Olivera – Zalayeta. Como todo sistema de juego, puede funcionar, pero es necesario que los 9 entren en contacto con la pelota, y es ahí donde Hernán Novick puede sacar provecho de la situación. Algo queda claro, si Peñarol logra poner pelotas en el área más o menos claras para sus atacantes, va a ser un equipo con mucho peso ofensivo.

En el caso de Nacional, lo complicado parece llenar el vacío que dejó el diente López, y si se va más atrás en el tiempo, el vacío que ha dejado Alonso, del cual el equipo nunca se pudo recuperar. Los tricolores tienen tres alternativas como 9 en este momento: Ramírez, Silveira y Fernández. El tema es que dependiendo de quién sea el 9 por el cual se decida Lasarte, será la integración del tridente que lo acompaña, el cual tiene claramente asignados dos lugares para Viudez y Lozano. El tercer lugar podría ser para Barcia, lo cual agregaría velocidad, o eventualmente para Ramírez, y en tal caso todo indicaría que Silveira asumiría la posición de 9, dado que parece difícil que Lasarte opte por Sebastián Fernández desde el vamos en esa posición.

Ramírez tiene condiciones para ser el 9, lo cual además dejaría libre un lugar para que Barcia ocupara la línea de 3 con Viudez y Lozano, dotándola de mucha dinámica y buen trato del balón. A su vez, esta segunda línea puede aportar gol, no concentrando tanto esa función en el ariete. El único punto flojo de esta alineación está dado otra vez por el tema de la talla, dado que todos los jugadores del cuarteto ofensivo tendrían escasas posibilidades de incidir en la cancha de arriba en el área rival. Silveira aporta altura, la decisión pasa por elegir entre cuatro rápidos con buen manejo de pelota o tres rápidos y un grande que pueda pesar en el área rival, y defender la propia en caso de pelotas quietas en contra. Aunque parezca mentira, las posibilidades de ser el 9 de Ramírez pueden estar condicionadas a que Arismendi se gane un lugar en el doble 5.

En síntesis, los grandes parecen ser los candidatos, Peñarol tiene más plantel, más variantes, pero Nacional más rodaje y ensamble. La clave pasa por cuánto tiempo demore Da Silva en encontrar el esquema y amalgamar una alineación. En el campeonato pasado, con un plantel que no armó, justo es decirlo, no lo logró en quince fechas. Si lo hace temprano, el aurinegro es el favorito, y probablemente tenga un alto porcentaje de puntos ganados, pero en caso de demorarse, la balanza se inclina hacia tiendas tricolores, y hasta puede ser un campeonato ganado con un amplio margen.

Ciro Mata

Autor: Ciro Mata

Ingeniero Electricista (Universidad de la República, UdelaR, 2003). Postgrado en Administración de Empresas (2004) y Maestría en Administración de Empresas (MBA) (2006), Universidad Católica del Uruguay. Postgrado en Metodología de la Investigación, Universidad de la Empresa en (2012). Ejerció como docente en la Facultad de Ingeniería de la UdelaR y actualmente se desempeña como docente de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad de la Empresa y la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica del Uruguay. Profesionalmente se ha desempeñado en UTE como subgerente del Área Planificación.