Martes, 28 de junio de 2016

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A seguro se lo llevaron preso

En los últimos días ha circulado en la prensa que ANCAP evalúa contratar un seguro para cubrir su exposición a la volatilidad del precio del petróleo[1]. No es la primera vez que una empresa pública incursiona en el uso de esta herramienta. En 2008, luego de una abrupta suba del precio del petróleo, el cual alcanzó su pico histórico de 147 U$S/barril, ANCAP contrató un seguro con el CitiBank, el cual garantizaba que a lo sumo la empresa petrolera pagaría 90 U$S/barril. Posteriormente, en 2013, fue UTE la que celebró un contrato con el Banco Mundial, mediante el cual, en caso que ocurriera una situación de baja hidraulicidad, el seguro cubriría parte de los sobrecostos derivados del uso intensivo de la generación térmica.

Tanto ANCAP como UTE son empresas con una alta volatilidad en sus costos operativos, en el caso de ANCAP porque uno de sus insumos fundamentales es el petróleo, cuyo precio es fijado por el mercado mundial (cabe destacar que últimamente la baja en el precio internacional no se vio reflejada en un descenso del precio de las naftas en el mercado uruguayo), y en el de UTE por los vaivenes climáticos, si llueve las represas tienen sus embalses en niveles altos, pudiendo generar más energía a costo variable nulo, en caso contrario, esa energía debe sustituirse con generación térmica, cuyo costo variable dependerá del precio del petróleo.

A la luz de los acontecimientos, ninguno de los dos negocios fue redituable para Uruguay. El precio del petróleo mientras duró la vigencia del seguro de ANCAP no superó los 90 U$S/barril, y la madre naturaleza se empecinó en hacer llover sobre territorio oriental después que UTE decidiera desembolsar más de 55 millones de U$S al Banco Mundial.

Está claro que es fácil hablar con el diario del lunes, y que no sería serio desacreditar el instrumento (seguro) por dos antecedentes negativos. Sin embargo, hay algunos aspectos que vale la pena contemplar a futuro para atenuar las posibilidades de perder dinero las arcas del Estado. En primer lugar, debe considerarse que la virtud de disponer de un seguro es la de estabilizar los costos, en otras palabras, transferir el riesgo, y por ende, poder realizar las empresas una planificación financiera bajo hipótesis más firmes. Sin perjuicio de ello, también debe tenerse en cuenta que el valor esperado del negocio para un asegurado es negativo, es decir, las aseguradoras no son instituciones filantrópicas, fueron creadas con el propósito de ganar dinero, y en el largo plazo el asegurador gana y el asegurado pierde. Ahora, si esto es así, ¿por qué alguien contrataría un seguro si en el largo plazo va a perder plata? La respuesta es sencilla, en algunas ocasiones, el riesgo que se corre puede ser bajo, pero el impacto de las consecuencias si ocurriera un evento desafortunado puede ser imposible de afrontarse. Por ejemplo, si un pequeño productor no asegura su cosecha, una catástrofe climática puede conducirlo a la quiebra, por lo cual es conveniente contratar un seguro, mediante el cual hace una erogación acotada, pero tiene la garantía que está blindado ante los vaivenes del tiempo.

Y es ahí donde está la clave, en el tamaño del asegurado, en cuán capaz es de afrontar la catástrofe sin desfondarse. En el caso de ANCAP y UTE, estamos hablando de empresas con un patrimonio considerable, con una recaudación asegurada, que por lo tanto tienen respaldo para soportar uno o dos ejercicios negativos derivados de factores ajenos y sobre los cuales no tienen ningún control. Ambas, dada su escala, podrían asumir el riesgo, ser sus propias “aseguradoras”, y no participar de un negocio con valor esperado negativo. En este aspecto hay un detalle; las cuentas de estas empresas por ser públicas pueden afectar la situación fiscal del país, por lo cual se establece una disyuntiva, ¿asegurarse y por lo tanto acotar el déficit de un ejercicio de ANCAP o UTE, evitando por ende un impacto en la situación fiscal del país, o no asegurarse, no pagar una prima, y en caso de una contingencia cubrir con préstamos los sobrecostos?

Como sucede con casi todas las cosas, no todo es blanco o negro, existen los matices. En el caso de ANCAP, probablemente es conveniente anclar el precio del petróleo a un valor, pagar una prima, y poder realizar una planificación empresarial sobre bases firmes. En el caso de UTE la situación es un poco más compleja, dado que UTE dispone de otras herramientas complementarias, que hacen las veces de seguro, como son el Fondo de Estabilización Energética (FEE) creado por la Ley 18719, y los contratos de compra de energía de fuentes renovables no convencionales, los cuales reducen la exposición del costo de abastecimiento de la demanda a la hidrología. Como contrapartida estos instrumentos inmovilizan capital (FEE), o fijan un mínimo para el costo de abastecimiento de la demanda, dado que en caso de disponer en grandes cantidades de recurso hidráulico, igual UTE tiene asumido el compromiso de comprar energía eólica, cuyo costo oscila según el generador, pero está por encima de 65 U$S/MWh.

En síntesis, la herramienta es válida, el arte está en saber utilizarla. Tanto ANCAP como UTE no deberían contratar un seguro con la expectativa de ganar dinero, pero si debe afinarse el lápiz en cuanto a las condiciones (costo de primas, plazos, valores límites, etc.), dado que ese valor de pérdida esperado en el largo plazo termina siendo absorbido por la población, ya sea por un incremento en las tarifas, o por déficit en las empresas, que se traduce en un menor aporte a Rentas Generales, y ese menor aporte termina cubriéndose con una mayor carga impositiva o endeudamiento del país.

 


 

[1] http://www.elobservador.com.uy/ancap-contratara-seguro-cubrirse-eventual-alza-crudo-n912710

Ciro Mata

Autor: Ciro Mata

Ingeniero Electricista (Universidad de la República, UdelaR, 2003). Postgrado en Administración de Empresas (2004) y Maestría en Administración de Empresas (MBA) (2006), Universidad Católica del Uruguay. Postgrado en Metodología de la Investigación, Universidad de la Empresa en (2012). Ejerció como docente en la Facultad de Ingeniería de la UdelaR y actualmente se desempeña como docente de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad de la Empresa y la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica del Uruguay. Profesionalmente se ha desempeñado en UTE como subgerente del Área Planificación.