Sábado, 12 de septiembre de 2015

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Alimentación escolar: un verdadero servicio esencial

Durante el reciente conflicto en la enseñanza – aún latente – se discutió mucho sobre el decreto de esencialidad dictado por el Poder Ejecutivo, sobre el 6% para la enseñanza y los salarios docentes, pero muy poco se habló de educación.

La extensión de los días de paro, interrumpieron el ritmo de aprendizaje en un sistema educativo marcado por la dificultad de retener a los alumnos, de generar aprendizajes significativos y de superar las distancias de aprendizaje, que como se desprende del reciente estudio de las pruebas TERCE: En Uruguay la desigualdad de origen condiciona el desempeño académico de los niños y nuestro país es el más desigual de todos en América. Como si esto fuera poco, el actual Presidente del CODICEN acaba de reconocer que se cuentan por cientos los jóvenes que abandonaron el sistema educativo luego del largo conflicto.

Sin perjuicio,  nos detendremos sobre un punto que nos preocupa y mucho. Durante los días de paro no se brindó el servicio de alimentación escolar llamado “PAE” en las escuelas públicas, tal como se ha informado públicamente.

Se puede afirmar y compartir que la función central de la escuela es enseñar para que los niños y jóvenes adquieran los saberes que le permitan el ejercicio de una ciudadanía responsable.

Pero también es cierto que la escuela constituye la principal puerta de entrada de políticas sociales que actúan como “mecanismos protectores” de la situación de vulnerabilidad social de los niños que concurren a los jardines y escuelas  en las zonas correspondientes a los Quintiles 1 y 2.

El programa de “Alimentación Escolar” sustentado por los ciudadanos a través del Impuesto de Enseñanza Primaria brinda alimentación a 248.590 escolares[1] de una matrícula de 343.526 alumnos en todo el territorio de la República.

Desayuno, almuerzo y merienda a 206.330 escolares (83%)  en 198 escuelas de Tiempo completo, 34  de Tiempo Extendido, 282 escuelas “APRENDER” (llamadas así ahora luego de haberse identificado como Escuelas de Contexto Crítico) y en las escuelas especiales y rurales.

Desayuno o merienda a 39.774 escolares (16%)

Colonias de vacaciones e internados sirven además cena a 2.486 escolares (1%).

La cantidad de escolares del programa demuestra la importancia de mantener su regularidad en todo momento ya que los que allí concurren efectivamente los que necesitan la alimentación que la Escuela Pública brinda, desde hace décadas.

Sin embargo, en esta oportunidad y a diferencia de otros conflictos, no se habilitaron comedores atendidos por guardia gremial.

Esto significó que sólo en el departamento de Montevideo, que diariamente almuerzan 70.000 escolares, se brindara almuerzo en  escuelas de Tiempo Completo ,”a unos 500 o 1000 de los 25.000 que concurren,” según declaraciones de la Directora General del CEIP.[2]

Llama la atención el silencio de consejeros que junto a su desempeño docente, han integrado los cuadros sindicales, que históricamente defendieron la alimentación escolar y su importancia en los contextos vulnerables, reivindicando la escuela como lugar central en la elaboración de alimentos.[3]

La Federación Uruguaya de Magisterio (FUM) ha estado siempre integrada por docentes comprometidos con la educación pública y con la importancia de implementar  políticas sociales en los sectores más carenciados, los que también conocen esta tradición y la necesidad de brindar el servicio de alimentación.

Si el Consejo de Educación Inicial y Primaria y la representante de los docentes en el CODICEN hubieran roto su silencio retomando su liderazgo y diálogo con los representantes de los maestros, seguramente una red de comedores de emergencia hubiera funcionado con guardia gremial y no se hubiese perjudicado a miles de escolares en todo el país, pero principalmente en Montevideo.

Con o sin declaración por parte del Poder Ejecutivo, lo que no cabe duda es que la alimentación escolar, que se brinda en los centros educativos, es efectivamente un servicio esencial que debe ser atendido por los funcionarios y maestros de todo el país, con paro o sin paro docente. Su supresión genera un verdadero perjuicio que atenta directamente contra los alumnos, en particular a aquellos que más lo necesitan. Ello debe ser tenido en cuenta, máxime cuando lejos de alejarse las movilizaciones ya se están anunciando nuevas acciones por parte de las entidades gremiales.

Pero como canta Violeta Parra:

Cambia el modo de pensar /Cambia todo en este mundo.

Permítanme agregar: ¡en este caso no cambia para bien!

 


 

[1] WWW.CEP.EDU.UY/programas/alimentaciónescolar/59-programas.

[2] Causa abierta.blogia.com/temas/educación

[3] Basta recordar los conflictos ante la propuesta de Germán Rama de implementar “bandejitas de alimentación,”

Teresita González

Autor: Teresita González

Maestra especializada en la “Educación de niños con problemas originados en el desarrollo del desenvolvimiento psíquico”. Licenciada en Educación en la Universidad Mayor de Chile y cursa Licenciatura en Ciencias Históricas –Opción Investigación- en la UDELAR. Cuenta con posgrado de Perfeccionamiento para Directores. Fue Directora General del Consejo de Educación Inicial y Primaria (2000-2005), Consejera Interina del Consejo de Educación Secundaria (1998), Gerente de Programas Especiales y Experimentales (1996 -2000) e Inspectora Nacional de Educación Especial (1990-1995), entre otras funciones.