Jueves, 15 de septiembre de 2016

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Amenazas y ambigüedades

Luis D’Elía: “Macri va a necesitar el helicóptero”

Por primera vez en mucho tiempo la violencia política aparece en el escenario argentino no como fantasía salvaje de grupos como Quebracho, sino como presencia ominosa: amenazas a Macri y a Vidal, intentos de robo de documentación, declaraciones de dirigentes kirchneristas lindantes con la sedición, la política del “helicóptero para Macri” fogoneada en cientos de pequeñas o grandes marchas, manifestaciones, acampes, ollas populares, marchas federales, huelgas salvajes, escraches, pintadas, programas radiales y televisivos. El peor escenario- un peronismo indómito que no gobierna y no deja gobernar- no es ya solo objeto de especulación de analistas sino un cotidiano compañero de viaje. Ya no suenan creíbles los atajos de algunos dirigentes, explicando que esto es solo”espumita” y que nada serio hay detrás de esas amenazas. Un país que sufrió violencia política durante años tiene una memoria que funciona como una alerta temprana. ¿O acaso no hubo violencia  en plena democracia de Alfonsín, con el ataque al cuartel de la Tablada, o con los reiterados levantamientos militares carapintadas? ¿O acaso no volaron la Embajada de Israel y la AMIA en épocas de Menem? ¿Por qué nos siguen tomando como nenes de pecho? En Argentina hay que estar muy atentos a las incitaciones, insinuaciones y amenazas de violencia, provengan de donde sea.

La población percibe este clima. Para el 75% ha aumentado la violencia política en los últimos meses. Un 62% lo atribuye a las posturas de sectores extremos de la oposición. Y como causa coadyuvante, un 70% acuerda con el argumento de que se ha deteriorado la situación social y eso  es un caldo de cultivo. O sea, aumento de la percepción de más pobreza y actuación de oportunistas crean el caldo ideal para que se desate la violencia.

Sin llegar a la violencia, la oposición no kirchnerista, ejerce una dureza extrema, a fin de ganar el galardón de “máximo opositor” que le permitiría mejorar sus chances de cara a las próximas elecciones. Se disfrazan de Kirchneristas “que no roban” para abrevar de ese gran sector del electorado, un 40%, que quiere la Restauración Cristinista. La década perdida no terminó en diciembre de 2015: sobrevive en una cultura del rencor, que exige permanente reparación por supuestas injusticias. Nadie reclama deberes: solo hay derechos, ya, por algún mandato divino. El “vamos por todo” de Cristina sigue vigente en millones de personas que  creen que por el hecho de existir deben recibir ayuda permanente del Estado, esto es, de los que financian con impuestos al Estado. “Que den trabajo” le exigen al gobierno, como si la solución fuera poner fábricas estatales en cada barrio, un delirio populista que sabemos cómo terminó en Venezuela. ”Que nos den vivienda, trasporte gratis, luz y gas gratis, salud, educación, todo gratis”. ¿Quién paga esa fiesta?

Frente a este panorama, el gobierno tiene que conceder, captar a ciertos opositores a cambio de algo. Nada es gratis: ni la vivienda para los necesitados ni el voto en el Parlamento. Ciertos connotados opositores “tibios”, conciliadores, exigen en sus provincias el mantenimiento de planes sociales que ellos o sus socios manejan en forma absolutamente corrupta y clientelar. Y esos son los “buenos”, los “no violentos”. Otros insisten en leyes que sacan del manual de la economía fracasada de los años 60. Así como exigían y votaron prohibir los despidos por 180 días, ahora pretenden prohibir las importaciones por 120 días. Otro despropósito que quiebra la cadena productiva al impedir la entrada de insumos extranjeros para los productos nacionales.  Y es de Massa este delirio, el supuestamente democrático peronista del siglo XXI.

Mientras hay una única noticia económica buena, la baja de la inflación a cerca de un uno por ciento mensual, la oposición y los sindicalistas exigen reapertura de las Paritarias, que ya cerraron a mediados de año, como si la inflación no hubiera cedido nada: el asunto es crear incertidumbre, demoler certezas.

La gente percibe ya este bajón inflacionario. La inflación ha dejado de ser el principal problema y ahora se empareja con el que figuraba como el principal durante el gobierno anterior: la inseguridad. Pero baja la inflación y sube el temor al desempleo. O sea, el gobierno se desayuna todas las mañanas con otra mala noticia. Se resuelve un tema, aparecen otros. No hay temor de estampida del dólar ni de la inflación, pero ahora hay temor al desempleo y al clima de crisis social, con movilizaciones, posibles saqueos, tensión social.

 

¿Como cambiar el modelo si tenemos que convivir con sus representantes?

Desde un punto de vista meramente doctrinario pareciera que  el gobierno de Macri no encarna, realmente, una restauración republicana y liberal. El núcleo básico de sus votantes es antiperonista, le echa la culpa de la decadencia argentina al peronismo y cree que el PRO es la posibilidad de salir de la lógica populista que nos persigue desde hace 70 años. Pero el PRO se empeña en buscar la “pata peronista”, Macri cita frecuentemente al “General Perón” y el acercamiento con sindicalistas y gobernadores peronistas tiene  el sabor de lo añejo. También Alfonsín tenía excelentes relaciones con la renovación peronista. Aislar a Herminio Iglesias fue el fácil objetivo que alfonsinismo se propuso y logró. Aislar a Cristina parece ser el no tan fácil objetivo que el macrismo se propone. Claro que “muerto el perro NO se acaba la rabia”. Lo que hay que eliminar es a la rabia, no a su portador. La gente que votó a Macri sabe que la táctica es tratar de dividir al peronismo y operar por líneas interiores. Pero…hay también modos y modos se actuar esta cercanía con el peronismo. La contradicción entre un programa keynesiano-populista como el que propone el Ministro de Hacienda con la  visión más ortodoxa del Presidente del Banco Central es otra cara de este problema de la ambigüedad macrista. Es ambiguo que en nombre de la libertad…el Jefe de Gobierno se alíe con los sindicalistas taxistas contra Uber y que haya salido a la caza esos choferes , invadiendo su  domicilio y encarcelando a varios de ellos. Dice La Nación, 8 de septiembre, “se allanaron los inmuebles de “socios” conductores de Uber, a los que “se investiga por haber realizado actividades lucrativas no autorizadas en el espacio público, pero también por ejercer ilegítimamente una actividad al haber excedido los límites de su registro de conducir”. O sea no se allanan domicilios de barra bravas ni de trapitos, de violentos o de delincuentes, pero si se allanan los de personas inocentes de cualquier delito, que no sea el incumplir  reglamentaciones burocráticas . También en nombre de la libertad se puede importar directamente con una franquicia de…25 dólares por año y se deben llenar farragosos expedientes para importar un Ipod de 500 dólares. En nombre de la libertad se habla de elevar el impuesto a las ganancias a un 40% anual, etc. O prohibir las bolsas plásticas en los supermercados. En nombre de la libertad el PRO propone  un cupo de 50% de mujeres para cargos electivos, anticonstitucional ley ya que Alberdi solo exigía idoneidad para el cargo, no pertenencia a algún  género. En nombre de la libertad propone endeudarnos para financiar un plan de modernización de los trenes…Demasiados reflejos intervencionistas para quienes son acusados de “liberales” por la oposición.

En suma, a fin de aplacar a la bestia populista nos disfrazamos de populistas cada día un poco a más. Así se traiciona el mandato del 51% que lo votó justamente para erradicar al populismo, no solo bajo el nombre de “Kirchnerismo” sino bajo cualquier denominación: socialismo, peronismo, nacionalismo, estatismo, progresismo.

El inversor extranjero, ausente hasta el momento, percibe esta ambigüedad y se pregunta si para aplacar al peronismo, sindical o político,  se va a ceder permanentemente, si las leyes necesarias van a costar ceder mucho en el parlamento y si luego no serán boicoteadas por la CGT unida. Se preguntan sobre el poder real de Gobierno, sobre la gobernabilidad y sobre las concesiones que hay que hacer para mantener a flote el barco. Se preguntan por el largo plazo, pero en Argentina el largo plazo es 2017, no más allá de eso.

Por ejemplo, un empresario chino de Sany, una empresa constructora de clase internacional, bajo la bandera que aun ostenta la hoz y el martillo, entrevistado por un medio:

–¿Se van a instalar en Argentina?

–Estamos sondeando todas las posibilidades en la Argentina y también nos preocupan los sindicatos. 

–¿Qué observan en un país antes de radicarse?

–Que sea estable socialmente con un sistema jurídico creíble, estable en la economía, con un tipo de cambio sin amplias oscilaciones. También analizamos si el país es amigable hacia la inversión extranjera. Y es muy importante que cuente con profesionales entrenados y mano de obra calificada.

En dos palabras este empresario neocomunista desmonta toda la retórica populista latinoamericana: desconfiamos de  tanto poder a los sindicatos y solo nos interesan los países amigables a la inversión extranjera, con seguridad jurídica y estabilidad monetaria y cambiaria.

Argentina aun no aprobó esas asignaturas. No se decide el Gobierno a un cambio de Modelo, no tan solo a mejorar el estilo y los modales.

Esteban Lijalad

Autor: Esteban Lijalad

Sociólogo (UBA, 1972). Investigador de Opinión Pública, procesos de mercado y Comunicación Social. Experto en investigación social mediante el uso de encuestas. Titular de las consultoras Aresco (1984-87), Equas (1987-1991), Sofres Ibope (1991-1993) Consultora Tesis (1993-2003). Asesor del Ministerio de Educación de la Nación (Argentina), Área de Evaluación de Calidad Educativa (1996-1999). Consultor PNUD ARG 97/025 (2002-2004). Docente de la Universidad Nacional Tres de Febrero, en la Maestría en Generación y Análisis de Información Estadística (2003-2004). Actualmente Director del GOP, Grupo de Opinión Pública de Comunicaciones Sudamericanas S.A. (http://consultoracs.com/cs/gop/)