Domingo, 27 de marzo de 2016

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Ancap en fascículos (6)

“Ancap era una de las dos mejores empresas públicas del país“ declaró el actual Intendente de Montevideo Daniel Martínez a la Comisión Investigadora. Afirmación contundente de quien fuera Presidente del Ente, Ministro de Industria, Energía y Minería y Senador de la República.

“Ancap hace doce años que no vierte recursos a rentas generales, la última vez que lo hizo fue en el año 2003“ afirmó el Cr. Danilo Astori. Nada más y nada menos que el actual Ministro de Economía y Finanzas y ex Vice Presidente de la República.

“En toda su vida, Ancap no ha enfrentado una crisis tan profunda como la de hoy“ aseguró el ex Gerente General del Ente y actual Presidente de ARPEL Benito Piñeiro.

En enero pasado los uruguayos destinamos 620 millones de dólares a capitalizar Ancap. 620 millones de dólares que, por ejemplo, habrían servido para hacer el Hospital de Clínicas a nuevo, y mucho más.

Son hospitales, escuelas, liceos, caminos, viviendas, inversiones en agua potable que se posponen por la mala gestión en Ancap.

Lo que lleva a las preguntas que todos nos hicimos: ¿qué pasó? ¿dónde fueron esos millones de dólares? ¿quién se los quedó, cómo se perdió tal cantidad de dinero? ¿qué se debe hacer ahora?

Para todas estas preguntas no alcanza con una sola respuesta. Se necesitan varias, puesto que no hubo una sola causa, sino muchas.

Ancap enfrentó una tormenta.

Una tormenta perfecta en la que se combinaron acceso a créditos millonarios, falta de contralor sobre ellos, deterioro de la organización interna, intereses políticos particulares, actos irregulares e ilegales y mala gestión.

El crédito barato que se recibió de PDVSA terminó siendo un boomerang que golpeó los cimientos del ente. Un crédito que oscilaba en los 400 millones de dólares por año. Un crédito que no estaba sometido al control de la OPP y el Ministerio de Economía por ser de un proveedor.

La eliminación de los cargos de Gerente General y Gerente Financiero y su sustitución por un Comité de Dirección, fue otro golpe a la eficiencia. Las tareas ejecutivas en manos de una comisión pronto dejaron de ser ejecutivas, provocaron lentitud, pero sobre todo falta de eficiencia, al colectivizarse.

Ello llevó a un deterioro de la organización interna con decenas de gerentes. Llama la atención la cantidad de gerentes que hay en el ente.

Los intereses políticos y sobre todo político electorales surgieron claramente probados en el estudio que se hizo en la Comisión del Senado.

Inauguraciones de plantas industriales, como la de Minas, que no estaban prontas; fiestas de inauguración como la de la desulfurizadora, en la que se gastó más de medio millón de dólares; aumento de los rubros publicitarios en Ancap y en las subsidiarias en los años electorales; ingreso de personal en el año electoral en las empresas subsidiarias; entrega de dinero a radios o consultores que coincidentemente se postulaban a cargos en las elecciones por el mismo partido y sectores que los directores; agencias de publicidad cuyos titulares eran amigos de hace muchos años de postulantes a cargos legislativos. No fue un hecho aislado, fueron varios.

A ello se sumaron actos irregulares o ilegales como la no presentación de balances en fecha, adjudicaciones de licitaciones contra la opinión del Tribunal de Cuentas o la contratación de proveedores de servicios (como los de flete o los de cancelación de adeudos) en forma directa y sin procesos competitivos.

A ello se agregó una mala gestión. Muy mala.

Constantes y repetidos errores de cálculos en los montos de las inversiones. Lo que se estimaba en primera instancia tendría un costo de 100, terminó costando 400. Lo que se estimaba costaría 80, terminó costando 150. Lo que se recomendaba invertir en una planta se terminaba invirtiendo por motivos políticos en dos.

No había estimación de rentabilidad que resistiera esos tremendos errores de cálculo.

Todos estos fracasos de gestión, todos estos actos irregulares terminan interpelando el sistema de gobierno de Ancap y con él el de todos los Entes del Estado.

Tenemos un sistema, un conjunto de normas jurídicas, contables y de control pensado para otra realidad, otro país, otro tiempo.

Un sistema que regula una Administración, la Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland. No está pensado para una empresa que debe brindar el mejor servicio a todos los uruguayos, ayudar mediante el suministro de un combustible de calidad y precio competitivo a desarrollar el Uruguay del futuro.

Ancap ya no administra los Combustibles de la misma forma que Antel ya no administra las Telecomunicaciones o la OSE no Administra los Servicios Sanitarios del Estado.

Lo que hacen es brindar servicios, en algunos casos en régimen de competencia, y para ello deben tener las herramientas para poder hacerlo.

Los entes que hoy son exitosos son los Bancos, como el República o el de Seguros del Estado, que no administran ni la actividad bancaria ni la de los seguros. Compiten en ellas con los instrumentos legales idóneos para hacerlo.

Ancap enfrentó una realidad que le imponía desafíos que su obsoleto régimen jurídico no le permitía enfrentar. Como bien señala el Prof. Dr. Jaime Sapolinski en la consulta que nos entregó, en lugar de cambiar el mismo buscó mecanismos que le permitieran saltearse los controles.

Lo hizo conformando sociedades anónimas que le permitían no seguir los pesados trámites estatales o solicitando excepciones al TOCAF.

No se dio cuenta que el problema no se solucionaba recurriendo a sociedades anónimas sin control, sino modificando ese obsoleto régimen jurídico.

Conste que no estamos cuestionando la propiedad estatal de los entes. Estamos hablando de la actuación de esos entes estatales pensados para Administrar algo que ya no administran y no para cumplir las tareas y objetivos que el mundo actual les reclama.

Caídos los controles, saltada la verja, todo fue posible: la mala gestión, la falta de control, la politiquería electoral y como colofón, el desastre económico financiero.

Es momento de hablar del régimen legal y del gobierno de los entes. Esos que llamamos y queremos sean empresas pero no les permitimos legalmente serlo,

Si queremos empezar a solucionar el problema, debemos encarar esto de una vez por todas y no seguir posponiéndolo.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 55 años.

  • obalcon

    desculpeme senador pero erro de calculo no , lo que hubo es sobrefacturación . Y a donde fue a parar esse dinero ?Son ladrones .