Miércoles, 4 de octubre de 2017

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Anomia en Uruguay

La anomia como el principal flagelo social a combatir, en el largo camino de restauración de una sociedad inclusiva en el Uruguay del Siglo XXI.

Anomia es para la Real Academia Española un “conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación” (Diccionario de la Real Academia Española, vigésimo segunda edición).

Pese al crecimiento económico sostenido del país durante los últimos años, reflejado en un incremento histórico de los niveles de empleo, aumento del salario real promedio y de la disminución de la indigencia social y de la pobreza, la sociedad uruguaya en su conjunto está experimentando un incremento estable, sostenido y progresivo de conductas anómicas. Sectores cada vez más amplios de la población no respetan las tradicionales normas de convivencia entre los ciudadanos.

La anomia es un fenómeno no novedoso para las ciencias sociales. El padre de la sociología Emile Durkheim, lo introdujo en su andamiaje conceptual para el análisis de la sociedad. A continuación presento dos estadios de desarrollo del fenómeno de la anomia.

Anomia consolidada. Este tipo de situación está ligado al desarrollo de una acción que legalmente está prohibida, pero en la cual la conducta omisa del Estado genera una zona gris de aparente legalidad. Existe una norma que regula el área, pero el Estado en virtud de ausencia de recursos, capacidad técnica o por razones de índole político o ideológico, se abstiene de intervenir.

Anomia naciente. Es la conducta que tiene su origen al interior de los núcleos familiares y que permiten que sus hijos vayan creciendo en un ambiente donde faltas de distinta entidad (no delitos) se transformen en conductas habituales. El ámbito por excelencia de la anomia naciente es el sistema educativo, donde las autoridades, en sus distintos niveles, se acostumbran a convivir con tales conductas.

A continuación se presentarán ejemplos de cada una de ambas situaciones.

Un ejemplo de anomía consolidada es la situación de los asentamientos irregulares, los viejos cantegriles existentes mayoritariamente en Montevideo, pero también presentes en el interior del país.

Según un informe del INE. “Relevamiento de asentamientos irregulares 2005-2006 Convenio INE-PIAI” donde se tomaron en cuenta el relevamiento del año 1998, la actualización del 2000 y un trabajo de la Intendencia Municipal de Montevideo del 2004, un asentamiento es un “Agrupamiento de más de 10 viviendas, ubicados en terrenos públicos o privados construidos sin autorización del propietario, en condiciones formalmente irregulares, sin respetar normativa

De acuerdo a los datos del año 2006, vivían en los asentamientos 195.772 personas, lo cual representaba el 6% de la población del país (Montevideo 11% e interior 3%). El 73.9% vivía en asentamientos de Montevideo en tanto que el restante 26.1% en tal tipo de viviendas del interior del país.


Estudios de la Intendencia Municipal de Montevideo revelan que la mayoría de las personas adultas que viven en los asentamientos, pueden pagar un alquiler, muchos de ellos cuentan con trabajos formales, incluso del sector público.


 

A continuación se presenta un estudio de la Fundación Un techo para mi país realizado en el año 2010, al cual se la agregan datos anteriores para apreciar la evolución del fenómeno anómico, en esta importante área de desarrollo social del país.

Evolución del número de asentamientos, viviendas y personas en Uruguay. Comparación 1998- 2010

asentamientos

 

Los dos relevamientos realizados por Un techo para mi país en los años 2008 y 2010 muestran un incremento de 5074 personas habitando en los asentamientos y de 2871 viviendas más en ellos. El relevamiento del 2010 constata la existencia de 4 asentamientos menos que en el año 2008. Como se podrá apreciar de la comparación del presente cuadro con el realizado por el INE hay discrepancias en relación al número de asentamientos.

De acuerdo a los datos de Un techo para mi país el 7.6% de la población del país habita en asentamientos irregulares.

Un estudio del 2008 realizado por el INE concluye que no todo es pobreza en el asentamiento. La gran mayoría de las personas que estadísticamente se clasifican como pobres, viven fuera de los asentamientos. Lo que opera en el aumento del número de personas que deciden ir a vivir al asentamiento, es una cultura de marginalidad, basada en la anomia. La cultura de la marginalidad se diferencia notoriamente de la pobreza.

Según el estudio del INE.

“No hay baño en el 5.6% de las viviendas de los asentamientos y no hay cocina en el 24.5%. En el tejido formal, las cifras se reducen al 0.3% y al 2%, respectivamente. tweet

“El informe del INE establece que en el 14.2% de los asentamientos se registra hacinamiento –entendido como un lugar “donde viven dos o más personas por habitación, excluyendo baño y cocina”-. Esta situación se da en el 1.7% de las casas del tejido formal.

Sobre los elementos de confort, se registró que hay calefón o termofón eléctrico en un 50.3% de los hogares de los asentamientos, microcomputador -o laptop- en un 15%, conexión a internet -por contrato mensual- en un 3.4%, teléfono en un 43.6% y celular en un 83.4%. Menos de un 9% poseen auto o camioneta, mientras que el 1% cuenta con aire acondicionado y el 17.2% con TV para abonados” (El País, 2008). tweet

La conducta de este grupo es anómica y se diferencia cualitativamente del tejido formal de la sociedad. En tanto que el resto de la población se esfuerza y compra un terreno para construir su casa o alquila una vivienda, los anómicos se instalan en un “Agrupamiento de más de 10 viviendas, ubicados en terrenos públicos construidos sin autorización del propietario en condiciones formalmente irregulares, sin respetar normativa urbanística”. Tal situación se enmarca dentro de la definición de la Real Academia Española “conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación”.

El mismo tipo de situación se genera con los recolectores informales de residuos en la ciudad de Montevideo. Esta situación se pudo justificar en períodos de alta desocupación y baja tasa de empleo. En tiempos de crecimiento económico el Estado, en sus diferentes niveles operativos, debería haber encarado políticas tendientes a solucionar tal anómala situación y reinsertar a los hurgadores informales en el mercado de trabajo formal. El MIDES no lo hizo, prefirió el fácil camino del asistencialismo.

Anomia naciente. Tradicionalmente las familias uruguayas prestaron mucha atención al hecho enviar  a sus hijos a la escuela de manera regular y habitual. Hubo períodos en que las faltas de alumnos fueron un problema, en tales circunstancias surgieron políticas sistemáticas destinadas a revertir la situación. Los registros de los problemas de asistencia en la educación primaria, donde el 9% de los niños presentó graves problemas de asistencia, indican que las familias dejan de tener a la educación como un fenómeno importante en su agenda de prioridades. El volumen de estudios nacionales e internacionales muestra que hay una relación directa entre la asistencia regular y el éxito escolar.

El estudio longitudinal de Tansini y Nagle del año 2000 realizado con una muestra representativa de niños que iniciaron la escuela primaria pública en el año 1999 ilustra la situación.

“Los niños que obtienen mejores resultados en todas las áreas de conocimiento relevadas (lenguaje, razonamiento, matemática, ciencias sociales y ciencias naturales,) son los que a su vez presentan un mejor perfil de asistencia. En efecto, los niños que repiten, muestran en las mencionadas áreas del conocimiento entre 40 y 41 faltas anuales. Es decir que faltan 8 semanas de las 34 que tiene de duración el año lectivo. Por lo tanto pierden una de cada cuatro clases. …. En el otro extremo, los niños que aprobaron primer año en 1999 con las mejores notas, tienen un promedio de inasistencias de 20, es decir exactamente la mitad de la de los alumnos que repitieron el año. De lo anterior se puede concluir que se está ante dos tipos de niños, los que faltan mucho y repiten y los que concurren asiduamente y les va bien” (Nagle y Tansini Resultados académicos de los alumnos de primer año de escuelas públicas de Montevideo y características socioeconómicas de los hogares, Departamento de Economía, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República, 2000 pág. 40) tweet

Las faltas llevan al fracaso escolar y a la deserción y de allí surgen problemas de integración de los jóvenes al tejido social. El Consejo de Educación Inicial y Primaria define a alumnos con Asistencia insuficiente a aquellas niñas y niños que asistieron más de 70 días, pero menos de 140 en el año (de los 180 días obligatorios), contabilizado sobre la matrícula final. Es decir que faltaron como mínimo 40 días. ¿Se podrán integrar a la sociedad los 19.000 niños y niñas que en primaria faltan como mínimo 40 días, es decir 2 meses completos? Aquí estamos ante el fenómeno de la anomia incipiente. Similar fenómeno se produce en la enseñanza media, tanto con las faltas de los y las estudiantes como de profesores y profesoras. Anomia incipiente, fase inicial de la anomia consolidada, que desembocará en una sociedad altamente desintegrada.

La anomía incipiente es un fenómeno que a menudo conduce a la marginalidad social. La asistencia regular es un antídoto indispensable para formar ciudadanía republicana y democrática. tweet

Existen otras esferas de la vida social donde es común observar conductas que se podrían enmarcar dentro de lo que hemos denominado anomia incipiente. Razones de tiempo no nos permiten desarrollar tales situaciones, retomaremos el tema en el futuro cercano.

A modo de conclusión, la anomia es amiga íntima de la exclusión y de la desintegración de la sociedad. No hay ninguna medida tendiente a restaurar el tejido social en clave de inclusión, que pueda dejar de abordar y combatir el flagelo de la anomia social.

Alberto Nagle

Autor: Alberto Nagle

PHD en Educación. Consultor y Asesor Internacional en materia educativa. Director de proyectos educativos en distintos países de América y en otros continentes.