Domingo, 10 de enero de 2016

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Aprovechar el buen viento

La reunión entre Mauricio Macri y Tabaré Vázquez de esta semana es, para nuestro país, el acontecimiento diplomático más importante de los últimos diez años.

El presidente Macri demostró que quiere trabajar con los países de los región, en especial, con el Uruguay. No “contra ellos“ como venía sucediendo.

Lo hizo a partir de hechos concretos y no de discursos rimbombantes. Como prueba trajo bajo el brazo una copia del decreto por el que derogó la prohibición de realizar transbordos en puertos uruguayos. Una medida adoptada por el “progresista“ gobierno de Cristina Kirchner que perjudicaba al puerto de Montevideo y beneficiaba notoriamente a los brasileños.

Ese mensaje del nuevo presidente argentino, claro y contundente, abre una nueva etapa en el vínculo entre los dos países. Brinda la oportunidad de dejar atrás los peores diez años de relacionamiento de nuestra historia. Lo hace en momentos en que nuestra economía y la realidad del comercio mundial nos impone ir más allá de la región.

Sobre todo abre la posibilidad de un nuevo tiempo y una nueva agenda para Sudamérica.

En los últimos diez años en esta zona del mundo se avanzó en integración ideológica y se retrocedió en progreso e integración económica. Desde los discursos se habló hasta el cansancio de la patria grande latinoamericana, del destino en común y varias etiquetas ideológicas más. Pero cuando se pasa por el cernidor de los resultados todo lo declarado y hablado lo que queda es negativo.

En muchos países lo que quedó fueron leyes de medios, ataques en mayor o menor medida a la prensa, los poderes judiciales y legislativos, propuestas de reelecciones indefinidas, reformas constitucionales con ese fin, la persistente pobreza de muchos ciudadanos, el avance del narcotráfico y la violencia, una gran corrupción y muy poca o casi nula integración comercial.

Junto a ello casi ninguna obra de infraestructura regional ni acuerdos con los bloques comerciales que empiezan a imponerse en el comercio mundial. Las excepciones fueron Chile, Perú y Colombia que, con acierto, resolvieron pelear por acceder a mercados más allá de la región.

Fueron diez años de política exterior populista, discursiva y de barricada. Años que terminaron muchos veces en el enfrentamiento y el inmovilismo. En los que abundaron los diplomáticos políticos y fueron dejados de lado los profesionales de la diplomacia.

Si para muestra basta un botón alcanza con analizar lo que sucedió con la histórica relación entre las dos hermanas naciones del Río de la Plata.

Reedición de la guerra de puertos con el decreto hoy derogado, falta de dragado del Canal Martín García mientras se dragaba el Mitre, el inefable Moreno trancando las exportaciones orientales a Argentina, el bloqueo de los puentes durante varios años, las medidas destinadas a dificultar el turismo, los precios de referencia, demora en aprobar los proyectos sobre el río Uruguay, enfrentamientos por los informes ambientales, juicios en La Haya y un largo etcétera.

Por eso la reunión de esta semana en Colonia es tan importante. Son vientos nuevos que soplan y abren una gran oportunidad.

Mauricio Macri está demostrando en sus primeros pasos ser un hombre pragmático y serio. De hacer y no de decir. El Presidente Tabaré Vázquez tiene la experiencia de su primer gobierno y lo que sucedió en él.

El Frente Amplio llegó en aquel entonces con un concepto “naif“ de la política exterior de la mano del entonces canciller Reinaldo Gargano. Pensaba que la existencia de gobiernos del mismo “signo“ ideológico sería suficiente para avanzar en las relaciones internacionales. Creyó, ingenuamente, que si en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay los gobiernos eran del mismo signo “progresista“ no existirían problemas.

La realidad se encargó de demostrar que ello no era así y que los países no tienen amigos ideológicos sino intereses.

El gobierno del Sr. Mujica profundizó en los errores de Gargano prestándose a una y otra humillación del gobierno argentino, hablando de subirse al “estribo“ de Dilma y profundizando el relacionamiento con la decadente Venezuela. El Presidente Mujica se dedicó a insertarse él en el mundo y no ha insertar y beneficiar al Uruguay y los uruguayos.

Ahora se abre un nuevo tiempo. El tiempo del hacer, de actuar profesionalmente y con profesionales.

Es el momento de tener una nueva agenda sudamericana.

Una agenda que contenga objetivos y metas concretas: terminar con la pobreza, desarrollar la infraestructura y conectividad regional, la defensa de los principios republicanos y de libertad, la negociación comercial más allá de la región, la lucha contra el narcotráfico y la corrupción y el desarrollo de la tecnología, la ciencia y la investigación.

La primer meta es terminar con la pobreza. Esa pobreza que persiste en una gran parte de la población, una suerte de núcleo duro que oscila entre el 9 y el 40 % según el país.

Para ello, el gran instrumento son la educación y las políticas sociales.

La segunda meta debe ser una agenda de grandes obras de infraestructura regional. Ellas serán las que permitan realmente una integración regional. La integración entre Uruguay y Argentina esta dada precisamente por ello. Por la represa de Salto Grande, por los puentes sobre el río Uruguay, por las comunicaciones terrestres, aéreas y fluviales, por la interconexión energética.

Sin ello, no es posible la integración. Como ejemplo, la integración europea tiene a su infraestructura vial, fluvial y aérea como uno de los elementos fundamentales.

La tercer meta debe ser la recuperación de los principios y libertades republicanas. Libertad de opinión, de prensa, separación de poderes, alternancia en el poder, respeto por las decisiones del soberano. Esas que han sido atacadas una y otra vez en los últimos tiempos a través de leyes, sanciones y cierres de medios de comunicación, críticas y ataques a la Justicia y al Poder Legislativo.

El cuarto objetivo debe ser la negociación con los bloques comerciales que se han formado en el mundo.

El canciller Nin ha alertado que para dentro de muy poco tendremos serias dificultades para ingresar con nuestros productos tradicionales en muchos mercados. Hoy se cuentan ya por cientos los acuerdos comerciales que se han celebrado y se están por celebrar.

Nuestros competidores ingresan a mercados sin pagar los aranceles que nuestros productos si pagan. Quedaremos muy pronto fuera de competencia o pagando lo que otros no pagan para ingresar.

Liderar junto con Argentina y Paraguay una agresiva política de acuerdos extra región es para el Uruguay una cuestión de supervivencia. Empezando por el Pacífico y siguiendo por el acuerdo entre la Unión Europea y los Estados Unidos.

Argentina precisamente demostró con hechos recientes que quiere volver a ser un jugador importante en el terreno de la carne y otros productos agropecuarios. No en vano entre las primeras medidas que tomó el nuevo gobierno fue eliminar las cargas a la carne, maíz y trigo, y rebajar en un 5 % por año las retenciones a la soja.

La realidad cambiará y lo hará muy rápidamente. Vuelve un jugador importante a la cancha.

El quinto punto de la agenda será el combate contra el narcotráfico, el lavado de dinero y la droga. En este terreno todos sufrimos un enorme retroceso. Bandas que pelean por territorios, ajustes de cuenta y aumento del consumo son una realidad preocupante que debe enfrentarse de forma coordinada y debe estar en la agenda de los gobiernos.

El sexto, la lucha contra la corrupción. Ese flagelo que se lleva los recursos que nuestros países necesitan para la educación, la ciencia, la infraestructura y el desarrollo social.

La séptima meta es el trabajo en el campo del desarrollo integrado de la tecnología, la ciencia y la investigación. Donde cada día estamos más lejos.

Si el presidente Vázquez se lo propone nuestro país puede liderar junto con el presidente argentino esta nueva oportunidad y agenda.

Argentina y Paraguay están prestos para avanzar. Así lo han repetido sus presidentes. Chile, Perú y Colombia, ya lo están haciendo. Hay una gran oportunidad que no debemos dejar pasar.

Cuando soplan vientos favorables, como estos, los buenos marineros despliegan todas sus velas y los aprovechan.

Sabemos que nuestro presidente y el canciller enfrentarán cuestionamientos a la interna de su partido. Los dogmáticos intentarán, de nuevo, hacer prevalecer la ideología sobre el interés nacional y el beneficio de los uruguayos.

Pero también sabemos que la enorme mayoría de los orientales quiere ir por este camino que es el que debemos recorrer. Ese camino que lleva a dejar atrás los enfrentamientos, las divisiones ideológicas y pensar primero en el país, después en el partido y por último en uno mismo.

Si se decide a izar las velas del futuro y aprovechar los buenos vientos estamos prontos para acompañarle en el viaje.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 57 años.