Viernes, 8 de enero de 2016

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Argentina en transición

Argentina es en este momento un laboratorio vivo en el que se puede observar cómo es pasar de un régimen populista autoritario a uno republicano (dudo en agregar la palabra maldita, “liberal”, ya que está claro que Macri no es liberal, en el sentido que Mises o Hayek dan al término, aunque sí “liberal” en el sentido de división de poderes, libertad de expresión, respeto por las instituciones, etc.)

Lo primero que hay que decir es que no es nada fácil. Sería extremadamente fácil si un gobierno republicano no tocara nada de la estructura de poder que el populismo armó en 12 años y se contentara con “durar”, simulando gobernar, cambiando el estilo crispado por uno amable y dialoguista, pero no tocando ningún interés político, sindical, legislativo o de la burocracia estatal. Hay que aguantar mucho. Desde un papa que suele saludar por teléfono a gente del común que no pudo, no supo, o no quiso saludar  al Presidente por la toma de posesión, mientras se fotografiaba con el nefasto Guillermo Moreno, hasta las huelgas salvajes en el subterráneo, por parte de ignotos sindicalistas, desde las frases “republicanas” de los que han violado mil veces la ley, hasta el silencio de algunos aliados.  Apagones de luz, obviamente señalados como “culpa de Macri” hasta el trágico accidente de los gendarmes, en que murieron 42 jóvenes gendarmes.

Macri empezó bien, hay que decirlo. Cumplió en una semana sus promesas básicas de campaña. Terminó con  las retenciones y bajo un 5% las de la soja; denunció de hecho el tratado con Irán , se reunió con el paciente cacique Qom, eliminó, ni más ni menos, el Cepo cambiario y sus restricciones para importar, exportar, atesorar, vender o comprar dólares. Desde ahora comprar dólares será  como quien va al mercado de la esquina y compra un kilo de verdura. Una experiencia que casi habíamos olvidado. Se reunió con sus contrincantes de octubre, con los 24 gobernadores provinciales, con empresarios.

Pero una audacia suya casi termina mal. Los Kirchneristas, cuyo proyecto era modificar la parte dogmática  de la Constitución, extirpar de ahí a liberal indómito, Alberdi, y  conseguir encauzar a la Argentina en la decadente ola bolivariana, digo, ese kirchnerismo prepotente, autoritario, agresivo, ávido de poder, se declaró indignado por el nombramiento en comisión de dos jueces para la Corte Suprema, que Macri hizo  apelando al ignoto artículo 99 de la Constitución. Pero también lo hizo toda la oposición y parte de sus aliados radicales. Finalmente, enfrió el asunto, mandando para febrero la asunción de los jueces, dándose un tiempo para negociar en el Senado la aprobación, por dos tercios, de los pliegos.

Lo que le importaba a los kirchneristas era un pretexto para ejercer la “resistencia popular” y lo lograron, juntando a varias decenas de miles de militantes en la plaza Congreso. Comenzó la gimnasia destituyente que, explícitamente, es el plan de Cristina y sus seguidores.

La otra prueba de fuego, audaz y que nadie creía que sucedería, fue levantar el Cepo cambiario, antes de cumplir una semana en el gobierno. La reacción de “los mercados” fue, contra todo pronóstico, muy cauta. Nadie se abalanzó a comprar dólares y el billete verde bajó de 14,5 a 13,9. Un éxito que deberá ratificarse en los próximos días.

La gente acompaña a Macri en este momento: un 63% tiene una evaluación positiva del Presidente, un 58% califica de bueno o muy bueno al gabinete nombrado, un 42% apoya totalmente la eliminación del Cepo. En cambio un 58% rechaza la nominación de los jueces de la Corte por decreto.

Otra audacia, la intervención de hecho del AFSCA (a cargo de la aplicación de Ley de Medios , dirigida por el militante kirchnerista Martin Sabatella) se hizo por medio de un Decreto de necesidad y urgencia, lo cual puso la decisión al límite de la constitucionalidad.

Es muy extraño ver en el canal del estado a los periodistas ultrakirchneristas del célebre programa “678” despotricar contra el Presidente que aún les paga el sueldo. Cosas de la transición. En vez de echarlos como el kirchnerismo hizo en canal 7 con quienes  le resultaban sospechosos, Macri optó por respetar sus contratos, que vencieron este fin de año. Seguramente ya hay una Plaza preparada para la protesta cuando no le renueven el contrato.

Se suma a esta lista el gravísimo episodio de la fuga de los sicarios, asesinos de tres personas ligadas al tráfico de efedrina, hace varios años. Uno de ellos apareció en televisión en agosto para denunciar que su jefe era, ni más ni menos, que Aníbal “la morsa” Fernández, otrora hombre fuerte del gobierno, candidato a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, perdidoso frente a María Eugenia Vidal. En esta fuga están  implicadas autoridades del Servicio Penitenciario Provincial, de la Policía Bonaerense y apoyos externos de militantes K,  muchos de ellos gente del entorno de Aníbal Fernández.

Como dijo Daniel Salvador, Vicegobernador radical de Buenos Aires, al periodista Humberto Bonanata, “Los primeros seis meses serán muy duros. Debemos amalgamarnos más que nunca porque el problema no será sólo la economía. Nos plantarán miguelitos cada cinco metros para hacernos imposible la gobernabilidad en todos los órdenes”.  

La gente señala, en un 80%, como principal amenaza al gobierno de Macri la oposición frontal del kirchnerismo. El bloqueo por orden de Cristina del presupuesto de Buenos Aires, con sus legisladores festejando no haber habilitado el presupuesto provincial es una pista en ese sentido: Cristina le hará imposible a Macri cada ley, cada propuesta, cada proyecto.

Creo que estamos viviendo una bisagra histórica, un momento definitorio, decisivo, del que saldremos para el futuro o que nos eyectará nuevamente a mediados del siglo pasado. El enemigo existe, no es un simpático adversario. El enemigo organiza la fuga de los presos y después se encarga de acusar a Vidal por la fuga. El enemigo convoca todas las semanas a Kicillof y otros, a seguir manteniendo la llama que no deberá apagarse hasta que Ella retorne con el látigo vengador. El Peronismo, el actor que supuestamente debería devorar al Cristinismo no tiene coraje para eso. Le temen.

Ante eso, a Macri no le queda otro camino que la dureza, dureza que algunos aliados no entienden y que indigna a ciertos periodistas opositores al kirchnerismo, los descoloca. Los “puros” le exigen a Macri la pureza que nunca le exigieron a Nestor y si, tardíamente, a Cristina.

Quedan como lecciones para nuestros vecinos latinoamericanos que sufren diversas formas de populismo, desde las más salvajes como en Venezuela a las más prolijas, como en Brasil o Uruguay:

  • El populismo no es simplemente la ocupación de las instituciones del Estado: es sobre todo el armado subterráneo de un sistema de poder que incluye desde patotas barrabravas a sindicalistas, desde policías corruptos a narcos, desde empresarios amigos a medios de comunicación.
  • Por lo tanto es ingenuo creer que basta con ganar una elección y unas bancas en el Congreso. Eso es solo el comienzo. Rápidamente hay que neutralizar la acción de esas mafias, esas minicorporaciones que movilizan gente y recursos, y pueden desestabilizar rápidamente cualquier gobierno democrático republicano
  • En el mediano plazo se debe realizar una profunda transformación del Estado, en especial en las áreas de seguridad, justicia y educación. Sino, la hidra de mil cabezas renacerá una y otra vez
  • El populismo gana, casi siempre, la “batalla cultural”, con su ejército de artistas, cantantes, escritores, profesores. Sabemos que la “izquierda”, sea cual sea su definición, abona su poder en Universidades, medios de comunicación, en la cultura, el espectáculo. Es por eso que el principal desafío de una propuesta republicana es generar alternativas culturales, desmitificando los lugares comunes del “progresismo”.

En este momento histórico e irrepetible nos jugamos la República. No es para gente delicada, digamos radicales y demócratas clásicos. Es para personas dispuestas a soportar una gran apretada corporativa de los actores que yo señalaba en un artículo publicado en El Telescopio hace unos meses:

“Si gana Macri, balotaje mediante, tendrá que lidiar contra un formidable aparato de poder que incluye gobernadores, senadores, diputados, intendentes, sindicalistas, periodistas, empresarios amigos, intelectuales, artistas, deportistas, farándula, jueces, fiscales, camaristas, militantes de La Cámpora y otras agrupaciones, ONGs feministas, indigenistas, gays, ecologistas, punteros políticos, beneficiarios de planes sociales, aspirantes a beneficiarios,  etc. Se necesita un líder muy fuerte y convencido para enfrentar semejante muralla. La historia dirá si ese líder es Macri o si aún no nació.”

¿Habrá nacido? Esperemos que sí, lo creo probable.

 

 

Esteban Lijalad

Autor: Esteban Lijalad

Sociólogo (UBA, 1972). Investigador de Opinión Pública, procesos de mercado y Comunicación Social. Experto en investigación social mediante el uso de encuestas. Titular de las consultoras Aresco (1984-87), Equas (1987-1991), Sofres Ibope (1991-1993) Consultora Tesis (1993-2003). Asesor del Ministerio de Educación de la Nación (Argentina), Área de Evaluación de Calidad Educativa (1996-1999). Consultor PNUD ARG 97/025 (2002-2004). Docente de la Universidad Nacional Tres de Febrero, en la Maestría en Generación y Análisis de Información Estadística (2003-2004). Actualmente Director del GOP, Grupo de Opinión Pública de Comunicaciones Sudamericanas S.A. (http://consultoracs.com/cs/gop/)