Miércoles, 19 de julio de 2017

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Argentina y su próximo desafío

Todo listo, los candidatos ya perfectamente alineados , listos para comenzar la agotadora campaña  que seguirá hasta mediados de octubre. A pesar de todo, la gente quiere votar en las PASO, inútil formalismo ya que no hay más de una lista por partido, sacando alguna excepción menor. No se juega nada en las PASO, que son  tan solo un hito preparatorio para la elección real, en octubre. La gente  en Argentina, es muy democrática. Tan democrática que si la mayoría quiere incendiar el país, es un decir, recibirá el apoyo, ya que se trata de la mayoría. Este país ama las mayorías y odia las minorías, sean raciales, religiosas, económicas o políticas. Ama el Estado de las Mayorías y desprecia los derechos individuales, a los que se acusa de egoístas. Por eso siempre hay que ir a la Plaza , a demostrar que uno pertenece a la mayoría. El problema es que hay varias mayorías. En 2012 la mayoría opositora llenó la Plaza y luego, la 9 de julio. A nadie le impactó demasiado porque los medios no mostraron  a esa mayoría opositora. Necesitaban mostrar  la  mayoría oficialista, por las dudas.

En 2015 se votaba pro Kirchnerismo o anti Kirchnerismo. Fue importante y toda la gente se posicionó. Nadie votaba pro PRO. La nueva mayoría ganó apenas, como enfatizó Cristina mostrando su pulgar y su índice apenas separados, por un poquito así. A los peronistas la única mayoría que les gusta es la propia. No le gustó para nada ser minoría en 1983, volver a serlo en 1999 y, nuevamente, en 2015.  Por eso aman derruir a los gobiernos desde la oposición. Y como el país ama a la mayoría, no es nada difícil que terminen volviendo al gobierno. Desde el primer día, se armó la “resistencia” como si Macri fuera, “basura, vos sos la dictadura”.

Y Macri dejó amablemente, hacer. Le dio espacio a Hebe Bonafini en la radio nacional, los periodistas amigos del gobierno anterior conservaron en casi todos los casos, su lugar en los medios. Los medios compiten a ver cual es más opositor. El gobierno, casi como un monje budista, no responde los agravios, las acusaciones, con la  convicción de que a la violencia se le debe responder con una sonrisa. Quizás algo de razón tienen: los que lo votaron, en un 80%, piensan volver a votarlo. El estilo bonachón paga.

Como es lógico el gobierno no genera la misma adhesión que lo llevó al poder. En vez de crecer, apenas trata de retener su tercio. La población en efecto, está dividida en tercios: uno oficialista, otro peronista-kirchnerista y otro una mezcla de ex peronistas, izquierda, independientes, apolíticos, etc.   No se sabe si Cambiemos podrá revalidar sus títulos. Y posiblemente nunca se sepa. Es que nadie sabe cómo contabilizar quién gana o no en esta elección. Se contará el total nacional de votos?  O la cantidad de legisladores que entren al Congreso? O solo vale si le gana a Cristina en Provincia de Buenos Aires? Y si gana en votos en todo el país, pero Cristina sale primera? O viceversa? Quien se va adjudicar el triunfo? Esto, en la política, es catastrófico. Tanto esfuerzo para no saber si ganamos o perdimos!

Los índices de evaluación de la economía muestran una leve mejora o estabilidad desde hace un año. Contra todas las teorías catastrofistas, con tanto rating televisivo, la gente no percibe un  grave  empeoramiento de la situación.

Si hace un año un 68% preveía un incremento de la inflación, ahora solo un 43% teme eso. Hace un año un 49% veía riego de aumento de la desocupación, hoy un 43%. En junio del 2016 un 33% esperaba que “dentro de un año estaremos peor”. Hoy se repite ese número: solo un tercio de la población espera que las cosas empeoren.

O sea:  a pesar de que Argentina está lejos de crecer, como promete el Gobierno, está también lejos del colapso, como asusta la Oposición. Este escenario casi de congelación, con leve mejora de algunos indicadores hace difícil tanto el papel del Gobierno como el papel de la Oposición. El primero festeja pocas cosas, la segunda hace fuerza para que todo caiga, pero no lo logra.

En cuanto a los dirigentes, Macri registra una baja de la evaluación positiva del 51% en diciembre de 2016 al 45% en junio de este año. Un desgaste moderado. María Eugenia Vidal mantiene el 62% de evaluación positiva, Cristina Kirchner tenía un 37% positivo, y ahora un 38%. Massa, el tercero en discordia, bajó desde los más de 50 puntos que tenía hace unos meses a un más moderado 42%.

En este contexto, se mantiene el empate electoral entre Cambiemos y el peronismo. A nivel nacional hay una leve ventaja de Cambiemos y en el Conurbano, Cristina supera a Bullrich por 2 puntos. Poco si se considera que el interior bonaerense vota masivamente por el gobierno.

Hay una certeza: Cristina será Senadora, aunque no sea la más votada. Eso no significa que liderará a la oposición  peronista del Senado, compuesta  más por hombres prácticos como Pichetto que por herederos del Che Guevara listos para resistir o destituir a Macri. Pero ella entrando al Senado enterrará a los que, apresurados, la enterraron el 10 de diciembre de 2015. Si una característica peronista es definitoria es “ser duro”. La dureza como virtud. Cristina es quizás más dura de lo que fue en vida Néstor Kirchner, quien en la noche “aciaga” de 2008 –  cuando su ley antirural era rechazada en el Senado-  propuso, “Vámonos Cristina, esta gente no nos quiere”.

Ella  quiso ser la heredera de la Eva dura, contra el Perón blando, que renunció. Quiso  repetir de alguna manera la historia, pero al revés: Ella, a diferencia de Evita, le ganaría a su pareja, cumpliría la fantasía del Evita, ser más fuerte y más querida que Perón.

Por lo tanto, Cristina es la fuerte y eso genera temor en el elenco masculino y machista del peronismo. Pocos se le atreven. Sus casi públicas conversaciones telefónicas con su criado, Parrilli, son un muestrario de los insultos existentes en castellano, dirigidos a los que la abandonaron, los que la “traicionaron”. El resto, agacha la cabeza, se humilla, sabiendo que así se mantendrán al menos un tiempo en el poder. El ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires y candidato a Presidente de la Nación, Daniel Scioli, ha logrado ser el candidato número cinco de la lista cristinista para diputados, luego de soportar la negativa de la Jefa. Un  ejemplo visible de lo que puede lograr la  sumisión.

Contra este animal político no basta una estrategia razonable. Nunca va a hacer lo obvio. Se juega, sorprende y descoloca al enemigo. La muerte de  Nisman, el hecho más grave que sucedió en su presidencia, fue producto de su insólito, sorpresivo y absurdo pacto con Iran- el causante de la voladura de la AMIA- para obtener unas supuestas ventajas comerciales. Ahora acaba de presentarse por fuera del Partido Justicialista, demostrando que no hay límites ni tradiciones para ella. Que no le interesa que su enemigo Randazzo tenga en su boleta la foto de Perón y Eva. Ella está por encima de esos íconos peronistas.

Con excepción de Scioli que cayó muy bajo en la popularidad, Cristina es política peor evaluada de Argentina. Un 40% de los habitantes del Conurbano la evalúan positivamente y un 60% la rechaza. Ese es su techo. Si llega a su techo, sin embargo, esto le alcanzaría para salir primera, dada la dispersión que hay en el votante. Pero para eso tendría que ganar en el Conurbano y hacer una excelente elección en el Interior de la Provincia.

Pero allí reina su sombra, su antagonista, su enemiga a largo plazo, María Eugenia Vidal. La dirigente política mejor evaluada .Por muy lejos.

Cristina ha encontrado dos adversarios muy complicados. Macri, con su mente de ingeniero que medita y en general acierta las tácticas de campaña. Y María Eugenia Vidal, que opone su imagen de mujer femenina pero demoledora de mafias diversas, a la imagen de mujer masculina que tiene Cristina.

Ese es el combate de fondo, que aun no se ha visto. Y que posiblemente, tal como sucedió en su pelea contra Aníbal Fernández, nadie  vea ni prevea.

Esteban Lijalad

Autor: Esteban Lijalad

Sociólogo (UBA, 1972). Investigador de Opinión Pública, procesos de mercado y Comunicación Social. Experto en investigación social mediante el uso de encuestas. Titular de las consultoras Aresco (1984-87), Equas (1987-1991), Sofres Ibope (1991-1993) Consultora Tesis (1993-2003). Asesor del Ministerio de Educación de la Nación (Argentina), Área de Evaluación de Calidad Educativa (1996-1999). Consultor PNUD ARG 97/025 (2002-2004). Docente de la Universidad Nacional Tres de Febrero, en la Maestría en Generación y Análisis de Información Estadística (2003-2004). Actualmente Director del GOP, Grupo de Opinión Pública de Comunicaciones Sudamericanas S.A. (http://consultoracs.com/cs/gop/)