Jueves, 5 de enero de 2017

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Atención: comenzó el “ajuste”

En estos días hemos visto al ministro de economía Danilo Astori anunciando un nuevo ajuste en las tarifas. Lejos quedamos de aquellas promesas electorales que no voy a repetir. La realidad es otra muy distinta. Ajustaron tarifas en enero pasado por encima de la inflación, ajustaron deducciones de IRPF a mediado de año y ahora cerramos el 2016 con su reciente anuncio. Pero ojo, debemos ser justos. No hay nada nuevo bajo el sol. Quizás a usted el ajuste de tarifas le suene a deja vu. Efectivamente, desde la reapertura democrática hasta nuestros días el problema del déficit fiscal es recurrente. Y lo peor de todo es que tiende a variar en buena sintonía con el calendario electoral. Esto ya lo he analizado en otra columna hace unos meses[1].

En el año electoral los políticos buscan su reelección a toda costa. Al no existir una legislación sobre el gasto púbico hay fuertes incentivos a que utilicen los recursos públicos para dar todo tipo de beneficios en años de elecciones. Es lo que se conoce como política expansiva del gasto. Pero luego, cual si fuera la tarjeta de crédito que usamos a fin de año, hay que ajustar las cuentas. Obviamente ese ajuste no va a venir por una restricción del gasto público por una sencilla razón: es más fácil recaudar más antes que gastar menos. La austeridad implicaría decirle al líder de otro sector “compañero, tenemos que achicar su presupuesto”. Pero es más fácil decir, “compañero vamos a ajustar las tarifas y los impuestos, vamos a recaudar más así no tenemos que tocarte el presupuesto”. “Ta clavao” diría Mujica.

Los uruguayos convivimos con ese karma desde hace años. Quizás últimamente no se notaba mucho porque el crecimiento del PIB a niveles excepcionalmente altos mejoraba la recaudación del gobierno, facilitando la redistribución del ingreso. Igualmente el gasto creció muy por encima de lo que lo había hecho el PIB. Cuando el incremento del PIB se retrae o desacelera es muy difícil retraer el gasto porque hay muchos intereses y compromisos políticos generados. Es entonces cuando esa conducta fiscal oportunista comienza a quedar claramente en evidencia. Por citar solo algunos ejemplos, el cambio de matriz productiva no se tradujo en la tan proclamada reducción de tarifas de UTE. La baja de los costos del petróleo no derivó en una reducción del precio de los combustibles. Por el contrario todo se destina a rentas generales para cubrir el déficit. Los ciudadanos amortizamos el costo de la reelección de los políticos.

Así le pasó a otros gobiernos y así lo empezamos a ver ahora. En el fondo este es un problema para la legitimidad democrática. ¿Por qué? Porque esta conducta se mueve en función del calendario electoral más que del signo ideológico del partido de gobierno. Por ende, es sensato que el ciudadano promedio diga “son todos lo mismo!”.

En resumen en ningún lado está escrito que el gasto aumenta en año electoral, pero lo cierto es que las presiones para que aumente existen. Luego, vienen los ajustes, porque al margen de las excusas de los ministros esa es la regla no escrita de la política uruguaya.

 


 

[1] http://eltelescopio.com.uy/el-mar-de-fondo-del-deficit-fiscal/

Alejandro Guedes

Autor: Alejandro Guedes

Politólogo. Egresado de la Faculta de Ciencias Sociales.Se encuentra cursando la maestría en Ciencia Política (UdelaR). Integrante del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política.