Martes, 1 de marzo de 2016

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Autoengaño

El Presidente de la República y jerarcas de la ANEP están recorriendo escuelas con motivo del inicio de las clases. Como hicieron la Ministra y el Presidente de la ANEP hace algunos meses, enseguida de las renuncias del Subsecretario y del Director de Educación, cuando salieron también a visitar centros educativos Como si no pasara nada.  Seguramente saben que una parte significativa de los niños que hoy empiezan las clases, cuando tengan que ingresar al liceo y se les acabe la alimentación diaria de primaria, no lo harán o lo abandonarán tempranamente. Los primeros en abandonar serán los más pobres, unos cuantos de los cuales lo harán, además, sin saber leer, escribir y calcular.  El gesto pretende transmitir que están trabajando y que todo está de nuevo en marcha.

Parecería que el sistema se puso en funcionamiento y bien. La situación tiene muchos puntos en común con la debacle de ANCAP. Porque en la educación, igual que en ANCAP, hay problemas de capacidades y de orientaciones de los jerarcas. Pero hay por lo menos dos problemas más graves y de fondo que bloquean los procesos de cambio.  El primer problema es que colectivamente debemos reconocer que no nos molesta tener uno de los sistemas educativos más injustos de la región, que viene sufriendo un proceso de deterioro continuo, desde hace décadas.  No nos molesta tener un sistema educativo que  empeora, cuando casi todos los de la región mejoran, como tampoco nos molesta pagar la nafta más cara que en otros países. O tal vez algo nos molesta, por lo menos a algunos, pero no tanto como para encontrarle alguna solución al problema.  Percibimos otras cuestiones como prioritarias, como la inseguridad y cada vez más la situación económica y  la desocupación. El principal problema educativo parecer ser que no haya clases. Queremos creer que si van a clase, los niños aprenden. Sin embargo a esta altura hay muchísima evidencia que ello es condición necesaria, pero no suficiente. Nos resignamos y nos hacemos trampas al solitario. Debemos tener en cuenta que esa resignación tiene efectos, el deterioro educativo es casi imperceptible hoy, en la vida cotidiana  (otra vez la ciudad se llena de túnicas y moñas…), pero resulta devastador en el mediano y largo plazo.

En la conducción de la educación no se ven proyectos, planes y sobre todo a esta altura parecen faltar ilusiones, ganas.  Razonablemente se puede dudar que se haya llegado al gobierno con planes elaborados. La historia mostró que no existía un equipo de conducción conformado, con objetivos y una estrategia acordada (el problema no fue que existieran diferencias entre los jerarcas, sino que ellas no se saldaron previamente, de alguna forma satisfactoria para todos los actores).

El deterioro educativo afecta a otras políticas. En primer lugar a las sociales.  El Frente Amplio realizó una transformación relevante en las políticas sociales, al fortalecer y transformar las Asignaciones Familiares.  El país hasta ese momento carecía de una herramienta de asistencia basada en transferencias significativas de ingresos a las familias más pobres. Y esas transferencias, se ha demostrado en varios países, que son una estrategia efectiva para los sectores más excluidos… en tanto cumplan con ciertas condiciones. Una de esas condiciones es que estén fuerte y aceitadamente vinculadas con la política educativa.  Sin embargo hoy parecería que la relación con las Asignaciones Familiares es más una carga burocrática que un recurso con el que cuenta la educación.  El problema es que no es posible tener una política asistencial eficaz, si no está sólidamente articulada con la política educativa.  Más allá de las políticas sociales, hay otras áreas en las que el gobierno muestra si planes e ilusiones, como la promoción de la cultura del trabajo o la políticas de mejora de la competitividad, que se verán seriamente afectadas por no contar con colaboraciones y sinergias con la educación. Aún así no hay datos que permitan esperar cambios significativos en la política educativa.

Decía arriba que hay un segundo problema de fondo, que se retroalimenta con la resignación; me refería a  la inadecuación institucional.  Tenemos una pésima estructura, que genera y cristaliza los bloqueos, pero como ANCAP, aunque nos cueste carísima, nos parece muy arriesgado cambiarla. Como pasó con el reférendum revocatorio del 2003, preferimos dejar todo como está.  Las clases empiezan y quisiéramos  creer que estamos bien, es ingrato pero debemos reconocer que vamos mal.

Javier Lasida

Autor: Javier Lasida

Javier Lasida es Licenciado en Ciencias de la Educación de la Universidad de la República, Máster en Ciencias Sociales de FLACSO Buenos Aires y candidato a Doctor en Educación de la Universidad Autónoma de Madrid. Se desempeña como profesor titular e investigador en la Universidad Católica del Uruguay. Fue Director durante 6 años del Programa Projoven del Ministerio de Trabajo de Uruguay. Se ha desempeñado en roles de consultoría, gestión y evaluación de política educativa para varios gobiernos, instituciones privadas y organismos internacionales en Uruguay y varios países de la región. Es autor de libros y artículos en publicaciones académicas y en la prensa, en temas de su especialidad.