Lunes, 4 de junio de 2018

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Baja la pobreza, pero persiste la fractura social

“Luego de 13 años de gobierno no logramos quebrar la fractura social” (Presidente del Frente Amplio Javier Miranda en Informativo Sarandí). Hete aquí uno de los principales dilemas sociales que tenemos. Por un lado, una pobreza medida por acceso a derechos que supera al 40%, según datos que veremos a continuación. Por otro, una nueva baja de la pobreza medida por ingresos que cae a un inédito 9%.

La disonancia es fuerte. Tendemos a ver el dato de pobreza por ingreso porque es la medición usual. Pero la vulnerabilidad también se mide y persiste, aunque con un perfil más bajo. A veces parece ser un secreto a voces, el mito de un Uruguay que fue “hiperintegrado” y que ahora evidencia una exclusión que solemos ver por la ventana.

Hay una reciente publicación que puede echar luz sobre este tema: Reporte Uruguay 2017. Es una publicación bienal de OPP y Mides. Un trabajo sumamente interesante que engloba información  sobre la situación social, productiva y ambiental del país[1]. Allí se destaca una enorme cantidad de datos que reflejan la situación del país desde una mirada en perspectiva. Pero, sobre todo, en lo que atañe a este análisis, el capítulo uno ofrece respuestas para entender qué tipo de desarrollo social estamos teniendo en estos 13 años, combinando una perspectiva clásica de medición de ingresos, con una más reciente de medición multidimensional de la pobreza.

Uno de los primeros aspectos que cabe traer a colación es la desigualdad. La forma más común de hacerlo es a través del Índice de Gini, que resume la información relativa a la distribución del ingreso de la población.

 

Índice de Gini, país urbano 1998-2016[2]

 

graf guedes
El índice muestra claramente que hemos avanzado en una mayor igualdad en los ingresos, al menos desde 2007, pero con cierta renuencia a partir de 2012. Ello da cuenta que las políticas laborales y tributarias pueden contrarrestar, hasta cierto punto, la creciente divergencia productiva en procura de amortiguar las desigualdades propias del mercado.

Un aspecto por demás discutido entre políticos es la fuente del ingreso de los hogares. Se tiene la percepción de que hay familias que directamente viven de las “dádivas del estado”. El reporte le dedica unas páginas a este tema. Se analiza la distribución del ingreso del hogar según corresponda a ingreso laboral, transferencias no contributivas (como asignaciones y asistencias monetarias), transferencias contributivas (como las jubilaciones y pensiones), ingresos del capital u otros ingresos corrientes.

Se muestra que la principal fuente de ingresos de los hogares en general proviene de la actividad laboral. Específicamente, el 70% de los ingresos al hogar son laborales, seguida por las transferencias contributivas (Ver siguiente gráfico). (20 %).

 

Distribución de ingresos según fuente por deciles de ingresos seleccionados, total país (en %) 2016

graf guedes1

 

Las diferencias aparecen cuando se discrimina por nivel de ingresos. En ese sentido es interesante el contrapunto entre los hogares de menores ingresos (decil 1) y los de mayores ingresos (decil 10). Para ambos extremos, el más bajo (1) y el más alto (10) los ingresos laborales representan el 61 % y 64 % de los ingresos totales, respectivamente. El principal cambio se da respecto a las transferencias. Si bien para ambos extremos explican un 20% del ingreso, siendo el segundo mayor componente de ingresos al hogar, no son el mismo tipo de transferencia. Para el decil 1 son transferencias no contributivas. En tanto, para el decil 10 son transferencias contributivas.

En promedio los ingresos por transferencias contributivas rondan los $ 1.000 en el decil 1, los $ 7.000 entre los hogares del decil 5 y los $ 23.000 entre los de mayores ingresos, según se expresa en el Reporte.

En tanto, las transferencias no contributivas, tienen a concentrarse en el decil 1. En promedio estos hogares reciben aproximadamente de $ 3.500 por este tipo de transferencias. 

 

Pobreza en ingresos y vulnerabilidad

Veamos ahora otra dimensión, la pobreza. Como se puede observar en el siguiente gráfico, pese al crecimiento, durante los 90 la evolución de la pobreza tuvo un comportamiento fluctuante, pero tendencialmente ascendente, acelerándose con la crisis del 2002. Esa tendencia comienza a cambiar en 2004 para ingresar en una fase de pronunciado descenso, alcanzando en 2016 valores de un dígito.

 

Personas y hogares pobres (en %). País urbano 1993-2016 y total país 2006-2016

graf guedes2
Cabe señalar que esta medición general no es homogénea. Hay notorias diferencias, por ejemplo, según la edad. La pobreza aun hoy sigue siendo más frecuente entre las personas jóvenes, especialmente en los niños, con lo cual, si bien hemos mejorado, la “infantilización de la pobreza” persiste como un fenómeno renuente a bajar. A nivel territorial también se expresan diferencias notorias en cuanto a pobreza. Se expresa una mayor prevalencia de pobres en los departamentos de frontera, tales como Artigas y Rivera. Todo eso está en el reporte, que es bastante amplio.

Tenemos que tener en cuenta las limitaciones de centrarnos tan solo en el ingreso de las personas. Esa es una forma de medición, pero no la única. Por eso quizás resulta disonante para muchos que nuestro país esté en cifras de un dígito, pero que, sin embargo, se aprecia una “fractura social” en las calles.

El reporte no es ajeno a ello y ofrece una mirada desde lo que suele llamarse “pobreza multidimensional”. Esto no es otra cosa que contemplar otras dimensiones que trascienden el ingreso del hogar y combinarlas con este. Se fundamenta en la idea de que las personas poseen derechos que el estado debe garantizar: alimentación, vivienda, salud, seguridad social, educación, entre otros. El siguiente cuadro que se presenta en el reporte ofrece una síntesis de lo que ha sucedido en Uruguay en este plano, combinando “vulnerabilidad por derechos” con “pobreza monetaria”.

 

Incidencia pobreza multidimensional en personas (en %), total país 2006 y 2016

graf guedes3

El peor de los mundos en este gráfico es la “pobreza multidimensional”, donde se conjugan la pobreza por vulnerabilidad de derechos y la monetaria. Acompañando las mejoras en el acceso al bienestar alcanzadas en el país en los últimos tiempos, la pobreza multidimensional tenía una incidencia de 28,5 % en las personas en el año 2006 y descendió a 8,6 % en 2016. En tanto, en el otro extremo (los no pobres), la proporción de personas no pobres monetario ni por derechos aumentó considerablemente en el período, pasando de representar el 34,5 % en 2006 al 48,5 % en 2016.

Los pobres solo monetarios, han bajado del 4 % al 0,9 %, mientras que la proporción de personas vulnerables por derechos sociales aumentó, pasando del 33 % al 42,1 %.

El aumento en la proporción de personas en situación de vulnerabilidad da cuenta que en Uruguay persiste una situación sumamente frágil a nivel social. En buena medida estas personas dejaron de ser “pobres monetarios”, como se expresa en el reporte, pero ello no quita que la situación de pobreza y marginalidad, a menudo, es la misma porque persisten privaciones en derechos sociales básicos, como la no asistencia a la educación de los más jóvenes, el hacinamiento en una vivienda y la informalidad laboral.

Pasando raya, no caben dudas de que en estos años la situación social ha mejorado. Pero como se dijo, hay una “fractura social”, ¡y hay que reconocerla! Actualmente estamos haciendo tratamientos con políticas públicas diseñadas para los 90’, en cuanto la realidad productiva es mucho más dinámica. La destrucción creativa, al decir de Schumpeter, ha alcanzado todos los ámbitos de la vida. Por ende, la política y más específicamente, las políticas públicas, no pueden permanecer impávidas frente a este cambio.

 


 

[1] El reporte consta de 11 capítulos: 1-Ingreso, desigualdad, pobreza y gasto social; 2-Mercado laboral; 3-Capacidades territoriales; 4-Salud; 5-Asuntos de población; 6-Educación; 7-Seguridad ciudadana; 8-Medio ambiente, recursos naturales y cambio climático; 9-Desarrollo y matriz productiva; 10-Ciencia, tecnología e innovación; y 11-Energía. Se puede acceder al reporte completo en el siguiente link:

https://www.opp.gub.uy/images/ReporteUruguay2017.pdf

[2] Todos los gráficos de esta columna corresponden al Reporte social 2017.

Alejandro Guedes

Autor: Alejandro Guedes

Politólogo. Egresado de la Faculta de Ciencias Sociales.Se encuentra cursando la maestría en Ciencia Política (UdelaR). Integrante del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política.

  • Manuel Patrón Mederos

    Paparruchas

    Hoy como ayer nos siguen mintiendo.
    El columnista cita datos,análisis,índice de Gini,deciles,gráficas y una larga lista de términos ininteligibles.

    Hoy como ayer nos siguen mintiendo.
    Que el columnista me diga cual es el tope de ingresos para ser considerado pobre o indigente.
    Luego que me brinde ese dato le contaré si se es pobre o indigente en función de los gastos que tiene o debería de tener cualquier ciudadano.

    Porque el único que puede afirmar si es pobre o indigente con un salario mínimo o apenas un poco más es quien lo recibe.
    El resto es cuento.◘