Lunes, 11 de enero de 2016

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Bajo el signo de Acuario

Hace muchos, mucho años—demasiados—el musical Hair popularizaba un tema que se transformó en símbolo de su época. Era la canción Acuario, que cualquier veterano recuerda como parte de su juventud.

Decía Acuario, cuando la luna está en la séptima casa, y Júpiter se alinea con Marte, la paz guiará los planetas y el amor conducirá las estrellas. Abundarán la armonía, el entendimiento, la simpatía y la confianza… y la verdadera liberación de las mentes.

Algunos místicos pensaban que la era de Acuario empezaba en los 60 y esa canción lo celebraba. Otros la sitúan en futuros muy lejanos. Los científicos piensan que es todo palabrería sin sentido y sin embargo…

¿Estamos quizá asistiendo a un cambio de era política? ¿Estaremos llegando a un punto de ruptura que alumbre una nueva sociedad de ciudadanos involucrados que rompan moldes rígidos que nos han inmovilizado durante tanto tiempo?

Hay ciudadanos que se organizan en grupos de discusión obviando pertenencias partidarias (los famosos “quinchos”, de los cuales hay al menos tres y contando). Otros intentan formaciones políticas nuevas y poco tradicionales. El Partido Ecologista Radical Intransigente con sus tomates por argumento, o el Partido Digital con su intento de democracia directa tecnológica, son ejemplos.

Más tradicionalmente aparecen candidatos rupturistas. Empresarios gestores devenidos en promitentes políticos—a la manera de Macri en Argentina o Berlusconi en Italia—intentan reducir el problema de la relación del Estado con los ciudadanos, a modelos de eficiencia y eficacia contable y de gestión. Mientras, otros bien intencionados intentan generar espacios políticos transversales a los partidos históricos, procurando aglutinar un centro esquivo pero vital.

En ese entorno político ligeramente sorprendente por lo efervescente–a tanta distancia de los verdaderos retos eleccionarios–se debate el gigante contemporáneo del Frente Amplio. Parecido en ciertos aspectos al Partido Colorado de otrora, parado también sobre dos piernas que apuntan en diferentes direcciones, este gargantúa político se despierta de una borrachera fenomenal, cuando ya la bebida se acabó, los amigos se fueron o roncan sobre los divanes y alguien debe encargarse de recoger los vidrios rotos y pagar por los daños.

Tensionado entre los que aspiran a una socialdemocracia a la europea—o, más bien, a un intervencionista socialismo a la escandinava—y los que anhelan el realismo mágico del socialismo siglo XXI en retirada, el Frente Amplio añora esa amplia capa—rica y profusamente decorada—que permitió por décadas disimular las diferencias fundamentales entre las corrientes. Esa amplia capa dorada que permitía satisfacer a tirios y troyanos, bordada con los precios de las materias primas, ribeteada con las bajas tasas de interés y forrada con el terciopelo de la economía sínica que cubría todos los excesos. Esa capa de oro que, maravillosamente, se encogió y redujo a proporciones mínimas, luego del lavado inmisericorde que tuvo bajo la égida del peor Presidente constitucional que se recuerde después del retorno a la democracia.

Y, claro, los pantalones raídos del desempleo, los calcetines no muy limpios de las posiciones políticas conseguidas a golpe de talonario, los agujereados zapatos de las dificultades económicas, y el gastado cuello de las muy usadas camisas de deteriorados precios y volúmenes de nuestras exportaciones, muestran todas sus miserias debajo de esa capa encogida.

Para no hablar, por decencia y decoro, de los inenarrables tufos y emanaciones de la ropa interior–la presunta corrupción, el comprobado amiguismo y el omnipresente abuso de funciones–que pintan un cuadro deprimente de desilusión y disgusto hacia ese cíclope otrora súper poderoso, devenido en tambaleante gigante desorientado.

El 2015 marcó en varios sentidos la apertura de ojos de mucha gente, que reputa agotado el crédito concedido al gobierno. La agenda del progreso, la ruta para evitar las procelosas aguas del deterioro económico y social logrado en los años de bonanza aparece marcada en el nuevo contexto internacional, político y económico. Y mucha gente lo siente en los huesos.

El lastre para que el Presidente hoy pueda reimpulsar al país, está en su propio partido, que lo inmoviliza—cuando no lo hace retroceder—como  en la educación, en las relaciones con los sindicatos, en la inserción internacional y tantas otras cosas que este corto tiempo de la segunda presidencia de Vázquez nos ha mostrado.

El Presidente puede también innovar, sin embargo. Sabe que hay importantes temas que nunca podrá consensuar dentro de su fuerza política, porque la pierna izquierda y la pierna derecha quieren recorrer sendas opuestas. Es el momento en que Vázquez, hábil político, debe demostrar que también es un estadista. Ya ha dejado su marca en la historia menor. Ahora le queda la posibilidad de entrar a la historia mayor de la política, aquella en que tan pocos otros uruguayos entraron.

Es tiempo de que Vázquez deje de ser tan fiel a sí mismo, deponga su orgullo y convencimiento de ser el mejor y tener las mejores ideas y abra la puerta a acordar con la oposición política en esos temas clave, aunque tenga que lidiar con la activa crítica interna, molesta, punzante, agresiva, pero minoritaria en el país.

Vázquez cumplirá años este 17 de Enero. El signo de Acuario, según el horóscopo, se inicia el 20. Quizá, como decía la canción, estemos ante el amanecer de una nueva era de Acuario.

Una era donde el cambio político, el acuerdo por el país, nos conduzca a la verdadera libertad de las mentes, al verdadero progreso.

Y a él, a la Historia.

Admin Telescopio

Autor: Admin Telescopio