Sábado, 15 de agosto de 2015

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Brazos gordos. ¿Derechos Humanos flacos?

Gran discusión la que asistimos estos últimos días a raíz de como se trata a los adolescentes infractores en el SIRPA. Ríos de tinta se podrían escribir sobre el tema. Y otros tantos ya se escribieron.

Tal vez la única diferencia que existe con lo de antes es que ahora pudimos ver lo que sucedió, y no solo limitarnos a escuchar las denuncias de los internados, sus familiares o sus abogados, seguidas de las consecuentes explicaciones de los funcionarios.

Y ardió Troya.

A esta altura pocos no han visto las imágenes, por lo que no haremos una descripción detallada de las mismas. Tan sólo destacar algunos puntos. A los 30” se ve a uno de los menores guardándose algo en el bolsillo trasero del pantalón, tal vez un “corte”. A los 37” aproximadamente se ve un salto en las imágenes, lo que indica un corte en el video. Vemos a los menores entrando por unas puertas, y luego saliendo por otras, cual vieja película de enredos hollywoodense, pero éstas dos últimas situaciones lleva a preguntarse si hay imágenes omitidas. Transcurrido un minuto, alguien se acerca desde afuera a la reja, conversa con los menores, logra que depongan su actitud y que sumisamente vayan al centro de la habitación en que se encontraban. Y es a partir de este momento en que todo empieza a ser un tanto más confuso. Al minuto y medio, vemos como uno de los supuestos funcionarios comienza a pegarle puntapiés a uno de los detenidos que está en el piso. Y recordando los autos de circo en el que nunca dejan de salir los payasos, en este caso podemos ver que nunca dejan de entrar funcionarios. Hasta llegar a ¡treinta y seis!, a estar por lo que se informó en la prensa, en una actitud estilo “vi luz y entré”… Y entre ellos don José Lorenzo, mirando desde lejos…

En ningún momento se puede ver a los funcionarios en actitud temerosa o defensiva. Lejos parecen de tener miedo o estar superados. Ya llegando a la mitad del espectáculo empiezan a aparecer más menores esposados. Incluso se aprecia una nube de humo, tal vez de un extintor, que al menos a uno de los internados le produce algún problema respiratorio, lo que parecería corroborado por el hecho que le dan tres disparos de algún inhalador.

Hasta aquí lo que se ve…que por cierto no es poco, pero tampoco es tantísimo.

Intentando ser honesto, lo que vemos sin duda es un exceso, lo cual de por sí ya es malo, pero lejos estamos de haber asistido a una sesión de torturas. Sí podemos afirmar que asistimos a la violación de uno de los principios básicos de la represión como lo es la proporcionalidad.

Existió desproporción en la cantidad de gente que ingresa al recinto.

Existió desproporción en la forma en que trataron a los menores.

Y además existió una agresión claramente punible de un funcionario que patea reiteradamente a uno de los menores reducidos.

Si bien lo anterior, por si sólo ya es grave, al menos tan graves como eso resultan ser otras cuestiones, que por cierto, me llaman poderosamente la atención.

Veamos algunas: ¿Es que antes no existían videos que los probasen?¿Los mismo eran borrados, nadie los miraba, o será que no estábamos en vísperas de un paro general?; ¿Por qué recién ahora hablamos de violación de los Derechos Humanos? ¿Será que los Derechos Humanos sólo importan cuando salen en horario central? ¿Por qué recién ahora se investiga y se denuncia por parte de las autoridades? ¿Cómo es posible que en un centro de reclusión recientemente remodelado los internados tengan posibilidad de hacerse de una losa de cemento? ¿Ya se llamó a responsabilidad a los que diseñaron el centro o a los que dirigieron su reforma? ¿Existen o no existen protocolos de actuación? Si existen y se incumplieron ¿se ha sancionado su incumplimiento? Si se cumplieron, ¿ya se modificaron? Si no existen ¿cómo se explica? ¿Qué preparación tienen los cuidadores? ¿Qué contención se les da?

Seguramente al lector le surjan muchas dudas más sobre este tema, igual que a mí, pero no es intención plantear una lista interminable… Pero no por eso podemos dejar de plantear otros temas que tiene estrecha relación con lo ocurrido y que se derivan de él.

En primer lugar, nuevamente asistimos a una triste y peligrosa práctica que ya es habitual: la culpa no es de los actores, sino de los medios que difunden la noticia. Cómo si el problema fuera ésta difusión y aquel existiera por esta. Parecen avestruces, lo que no se ve, no existe. Señores, los medios no son culpables de la realidad. Punto.

En segundo lugar, surgió alguna crónica en la que se traslucía la existencia de un enfrentamiento entre el dirigente y la directora. ¿Acaso el hecho que la directora haya ingresado en el periodo dictatorial justifica el maltrato a los menores infractores por parte de los funcionarios? ¿O tal vez el hecho que haya un enfrentamiento personal entre la directora y el dirigente haga desaparecer lo sucedido? No creo que debamos aceptar estas chicanas. Nos merecemos más respeto. Y en especial, merecen más respeto en la salvaguarda de sus derechos los menores internados, sean colibríes o cuervos.

Menos aún es aceptable argumentar que el video apareció para sacar atención sobre el paro general que se venía. Aún cierto, nuevamente debemos repetir que esto no hace desaparecer lo que aconteció. Bienvenido sea que salió  la luz por más espurias que sean las razones.

Tampoco fueron buenas las primeras reacciones que se vieron desde la cúpula sindical tratando de justificar o proteger a sus compañeros. Se demoró varios días en escuchar las primeras voces en contra de lo sucedido, y muchos días más hasta que se decidió investigar la actuación de su vicepresidente. Y según algunos reportes, no fue sencillo “licenciar” a Don José Lorenzo, aún a riesgo de una fractura sindical.

Asistimos también a hordas de gente calificando las actuaciones como violatoria de los derechos humanos e incluso tildándolas lisa y llanamente como prácticas de tortura. Por otro lado, gente defendiendo la manera en que se actuó, o al menos justificando lo actuado con argumentos tales como que no hay otra forma de reprimir un motín, o  que en definitiva, no se está tratando con blancas palomitas sino con una caterva de delincuentes violentos.

Tal vez nada de lo anterior debería sorprender, pero la verdad es que yo me sorprendí, y hasta me dio para esbozar una sonrisa. Pero no por los hechos que pudimos ver, ni por las expresiones que los mismos recogieron, sino por el hecho que la gran mayoría de quienes hoy estaban en una posición, en general antes de octubre decían lo contrario. Unos y otros. Misterios misteriosos si los hay, hemos logrado transmutar colibríes en cuervos y cuervos en colibríes.

Por último, entiendo que se debe destacar (y no como algo bueno) el cambio de posición que se apreció en muchos de los actores. Aquellos que hace unos meses creían que los inocentes colibríes eran unas víctimas del sistema, hoy no se cansan de recordarnos que en definitiva, son unos delincuentes violentos que para el caso de tener que ser reducidos no quedan muchas más opciones que lo que pudimos ver en las imágenes. Otros, gritando  a los cuatro vientos cuánta razón tenían, que hoy son delincuentes irrecuperables, pero que en octubre también lo eran. Que habría que haber bajado la edad de imputabilidad, aplicarles el Código Penal, etc., etc., etc.

Es hora que nos sinceremos.

La reforma por la baja de la edad de imputabilidad, la cual como ya dije muchas veces no voté (y la cual hoy tampoco votaría) tenía ideas buenas. Sacar el SIRPA de la órbita del INAU era una de ellas. Y hoy parecen estar todos, o casi todos, de acuerdo. Sólo es necesario votar una ley ¿Por qué perdimos tantos meses? ¿Acaso únicamente por un cálculo político (con minúsculas)?

Es cierto que no alcanza con crear un nuevo instituto de rehabilitación de menores. Aunque sin duda es un gran paso. Tal vez sea el momento de  aprovechar la oportunidad para readecuar las penas que recaen sobre los menores delincuentes (o jóvenes en conflicto con la ley, como les gusta llamarlos a algunos); para separar a los más difícilmente recuperables de los que sólo dieron un mal paso cual costurerita; a los que llegan a lo mayoría de edad o a un nivel de madurez que hace incompatible su convivencia con otros que todavía son más rehabilitables o permeables (y no, no digo que haya que mandarlos a cárceles de adultos)

Es hora que nos sinceremos. No quedan muchas más alternativas.

Aunque en realidad, y pensándolo bien, queda una … irse al Este y despreocuparse del tema, a Piriápolis por ejemplo.

Hasta la próxima.

@dannyvile

Autor: @dannyvile

Nací y estoy viviendo... al menos por ahora... y mientras tanto jugando al abogado...(y ojo, que los fines de semana me transformo en hooligan manya)

  • Susana Sainz Mediza

    Mucho me temo que por esa forma de expesarse, ya se de quién se trata! Felicitaciones, no conozco el personaje del seudónimo pero creo que sí a la persona. Muy buena columna!