Lunes, 1 de junio de 2015

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Lo mejor es el suspenso

El final del campeonato Clausura ya consiguió un rango especial. A este torneo vacilante, que tuvo cambios repentinos en el liderazgo, le hacía falta un desenlace de esta magnitud. Es así, para olvidar el desierto futbolístico que se pudo dar en algunos encuentros, nada más reparador que la lucha sin tregua por la obtención de la corona hasta el último aliento. tweet

Con Peñarol y River pugnando por el título hasta en los últimos 90 minutos de juego, al menos se consigue ponerle un rótulo más lujoso a la competición que en alguna fecha castigó a los ojos del espectador por lo poco que pudo apreciarse.

Lo increíble es que la tarde dominguera estaba más soleada en el Centenario que en el Saroldi, donde los nubarrones estaban bien encima de los jugadores. Aunque el “Loco” Contreras pareció convertirse en el paladín de Racing, lo más auténtico es que a los de Guillermo Almada se les encendió demasiado poco la lamparita del buen juego.

Y mientras por el Prado se las rebuscaban para encontrar un camino hacia el arco, en la otra cancha, en tanto, recibieron de entrada una inyección de calma. La vieja fórmula que supo manejar Pablo Bengoechea en sus tiempos de jugador volvió a dar resultados. Lo más llamativo es que Fénix no aprendió bien el libreto y por arriba Píriz hizo lo que mejor le sale: poner la cabeza para empujar la pelota a la red.

Pudo y debió ser el manto de la paz. Pero este Peñarol que suele poner la piedra fundamental de los partidos, al final no consigue ejecutar las obras con la capacidad de la que dispone por el talento de sus mejores artistas. Entonces, lo que hace bien parece querer desmantelarlo de entrada y, en consecuencia, se ve en la necesidad de reconstruirse una vez más.

Fénix lo complicó con los pases para los piques del panameño Waterman, con el manejo de pelota de Martín Ligüera y hasta con la agresividad de Cavallini. Y en ese voy y voy, que Peñarol no supo aguantar porque es como que los desenchufan a todos por unos minutos, los caños jugaron a favor del argentino Migliore.

Lo que está claro es que de Peñarol se puede esperar cualquier cosa. Particularmente porque todo puede resolverse con una enorme facilidad si Marcelo Zalayeta es el titiritero que mueve los hilos con su singular maestría o porque Urretaviscaya es imparable cuando enciende el turbo de su Fórmula Uno. Y mucho más todavía si encuentran a Luis Aguiar inspirado y preciso.

Con el 2-0 a su favor, tras el gol de Aguiar, podían haberle comunicado a todos que el partido estaba culminado. Sin duda que eso, incluso, hubiese sido lo mejor para los muchachos de Pablo Bengoechea, fundamentalmente por lo que pasó en los últimos minutos. Diogo recurrió a la gran viveza criolla de hacerse sacar la amarilla para limpiar la foja antes de las finales, pero después se le fue la pierna y terminó recibiendo la doble amonestación. Ahora depende de un tribunal para saber cuánto castigo le toca.

Y mientras la noche entraba en escena en el Centenario sin tanta dulzura, en el Saroldi cruzaban los dedos, insultaban a los de Racing por la manera en la que estaban metidos todos en su área. Le pedían al juez que diera más minutos de descuentos y clamaban por una pelota salvadora.

Lo increíble es que llegó. Justo a River le tocó ese balón en el área y polémico. Este River que tiene un himno bien futbolero, que refleja el espíritu de sus más fieles perseguidores, porque disfrutan ver a sus jugadores regar de fútbol la cancha, terminó consiguiendo lo que quería con el viejo y querido recurso de meter la pelota en el área.

La mano de Rodrigo Brasesco que se interpuso en la trayectoria del balón y Cunha no dudó ni un segundo en apuntar al punto penal. El avance del reloj ya estaba dejando a todos en la silla eléctrica, pero Michael Santos no se electrocutó a la hora de meter la pelota contra el caño derecho de Contreras y el darsenero quedó así otra vez a tiro de Peñarol (un punto de diferencia) cuando queda nada más que una jornada para que bajen la cortina del campeonato.

El milagro solamente se produjo en el Saroldi, porque por el Goyenola lo único que apareció fue el veredicto final para Rampla Juniors. Con la derrota ante Tacuarembó por 4-2 el rojiverde quedó condenado a sumarse a los Rojos del Norte en la búsqueda del retorno a Primera.

Queda un lugar y ese puesto bien pudo ser propiedad de El Tanque Sisley, pero el arquero de Danubio Franco Torgnascioli les ofrendó la posibilidad de pelear su permanencia en Primera hasta la última fecha, en la que se medirán nada menos que con el otro equipo que quiere zafar del descenso: Atenas. El error del guardameta fue lo que propició el 1-0.

Si El Tanque le gana a Atenas se salvará. Si empatan, deberán jugar dos partidos de desempate con el propio conjunto de San Carlos. Y si Atenas todavía vive y lucha es porque empató con Sud América 1-1. Tiene, por cierto, las mismas posibilidades que su adversario: gana y no se va a la B.

En el resto, poco para decir del triunfo de Defensor Sporting ante Wanderers por 2-0. Quizás lo más relevante de todo sea que la derrota no hace otra cosa que complicar más el panorama de los bohemios para la próxima campaña, dado que la captura de puntos ha sido muy escasa.

Claro, la jornada del sábado trajo como consecuencia dos nuevas unidades perdidas por Nacional, que eso no sería gran cosa si el equipo hubiese entregado otras señales. Aunque es bien evidente que están pensando en otra cosa, lo que rompe los ojos son las dificultades que tiene el elenco de Álvaro Gutiérrez para generar juego.

La fórmula empleada del pelotazo largo para que Iván Alonso haga de pívot no está dando muchos resultados y el cuadro no se va afianzando de la manera que lo debería hacer cuando lo que tiene por delante es nada menos que la definición del Campeonato Uruguayo.

Nacional está metido en un laberinto sin salida porque el jugador que podría cambiarle el panorama del medio hacia adelante está jugando –y haciendo goles- con la Selección Sub 20. Sin Gastón Pereiro se terminaron las sorpresas y todo es previsible y anunciado.

Juventud lo esperó ordenado, trabajó con seriedad la mitad de la cancha para poder contragolpear y eso fue suficiente para bajarle las revoluciones al tricolor. Sí, es cierto, hubo varias ocasiones para quebrar el cero, pero como las fallaron la realidad dice que ya van tres partidos sin victorias.

Edward Piñón

Autor: Edward Piñón

Periodista desde 1983. Comentarista de Fox Sports, FSRadio Uruguay y de A Fondo. Comentarista de Radio Cero 104.3 y ex editor de Deportes de El Observador y El País. Columnista de El Telescopio.