Martes, 28 de noviembre de 2017

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Cómo entender la economía del ajuste permanente

Hay veces que no es fácil explicar el funcionamiento de la economía. No porque sea difícil en sí mismo, sino porque es el resultado de muchas variables o acciones, algunas coyunturales y otras que vienen del pasado, y que a su vez no repercuten sobre toda la población por igual.

La reflexión anterior encaja perfectamente con el desempeño actual de la economía uruguaya. Indudablemente está creciendo y seguramente lo hará el año próximo y probablemente el otro.  Por otro lado, el sector productivo se queja con razón de la falta de competitividad, lo que se ve reflejado en el descenso de la inversión y la caída del empleo.

Nada refleja mejor esta situación que la firma del acuerdo entre Uruguay y UPM, para sentarse a negociar la posible instalación de una tercera planta de celulosa en el país. El Estado se compromete a brindar a la empresa un nivel de competitividad básico a través de exoneraciones tributarias, infraestructura, potencialización de los recursos humanos y una flexibilidad laboral.

Casi que un programa de gobierno verdaderamente progresista y modernizador, que atiende varios de los problemas más acuciantes del país, pero qué en vez de estar dirigido a toda la ciudadanía, beneficia a una única empresa. Podría agregar que se trata de una empresa extranjera, pero sería entrar en chauvinismos en los que no creo, cuando el verdadero problema es que esos beneficios, que en varios casos más que tales son reconocimientos a errores y omisiones de la propia administración, deberían ser generales y no tener un destinatario con nombre y apellido.

Pero en todo caso, el mayor nivel de actividad que muestra la economía uruguaya en la actualidad nada tiene que ver con este acuerdo, ya que sus impactos comenzarán a verse a partir del año próximo cuando se inicien las obras del ferrocarril.

La pregunta entonces es por qué estamos creciendo.  Para responder adecuadamente primero hay que tener claro que Uruguay es una economía pequeña y abierta. Ello implica que no podemos aislarnos de lo que ocurre en el exterior; el contexto internacional de cada momento influye de manera muy importante sobre la marcha de nuestra economía.

Si bien el mundo esta cada vez más interrelacionado, el mundo relevante para nuestro país es la región y China por cómo impacta su demanda en el campo real (vía precios), y las tasas de interés internacionales por el acceso al financiamiento. También influye el precio del petróleo.

Salvo en el caso del petróleo en las últimas semanas, el contexto internacional es muy favorable a nuestro país. China está creciendo más de lo esperado y la región se está recuperando a un ritmo acelerado en un contexto de apreciación de sus monedas, lo que incrementa la demanda por bienes y servicios uruguayos que, si bien son poco competitivos fuera de la región, son más atractivos en el área.

El turismo es la estrella del momento, esperándose una temporada que supere a la pasada que ya había sido récord. Más turistas incrementan el gasto interno, en productos más caros y por consiguiente con más impuestos incluidos. Son números inobjetables que contribuyen el crecimiento, pero sin mayor mérito de la actual administración. Es más, sin un efecto derrame que estimule la inversión y la creación de empleo.

Es que las cosas no pueden están tan bien si se la pide a UTE aportes adicionales para financiar el gasto del gobierno central, en un ajuste dinámico que comenzó allá cuando asumió la presente administración en marzo de 2015, que como no está dando los resultados esperados parece no tener fin.

Los aportes excepcionales que se le piden a las empresas públicas son la contracara de las mayores tarifas que estas deben cobrar, lo que atenta contra la competitividad del sector productivo.

Esas mayores tarifas, que no dejan de ser un impuesto encubierto, las necesita el gobierno, no así la población, para financiar un gasto creciente. Ese mayor gastro que en el corto plazo puede generar un estímulo a la demanda interna, a mediano plazo la termina frenando.

El lector sabrá disculpar, pero debo retrotraerme a los gobiernos que rigieron el país desde el retorno a la democracia hasta le crisis de comienzos de siglo, que fue muy severa, pero coyuntural, ya que rápidamente se superó.

A lo largo de esas administraciones se llevaron a cabo importantísimas reformas que permitieron incrementar la frontera de producción de la economía, lo que explica en buena medida el crecimiento post crisis, y delinearon el Uruguay productivo actual. Apertura económica, Zonas Francas, ley Forestal, privados ofreciendo servicios de comunicación (celulares), posibilidad de generación eléctrica por parte de privados rompiendo el monopolio de UTE, Ley de Puertos que habilitó la operativa de privados con el crecimiento de la actividad posterior, reforma de la carta Orgánica del BCU en 1995 que limitó el financiamiento del déficit y contribuyó de manera decisiva al abatimiento de la inflación y desmonopolización de los seguros son de las más importantes. Dejo para el final la reforma del sistema de seguridad social del año 1995, que no sólo torno viable un sistema que por razones demográficas y tras la reforma constitucional de 1989 llevaba al país a una bancarrota, sino que le permitió a Uruguay obtener el grado inversor, al entenderse que esa reforma abatía el déficit a largo plazo.

La reforma de la seguridad social mostró algunos problemas de cobertura lo que llevó a una contrarreforma en el año 2008, que se excedió en sus alcances e incrementó considerablemente el gasto futuro en pasividades al flexibilizarse las condiciones de acceso, sin atender adecuadamente la dinámica demográfica y la creciente esperanza de vida.

Ese mayor gasto unido a un sistema nacional integrado de salud (sabrán disculparme, pero todo lo que se llame sistema nacional integrado de lo que sea me rechina) que implica un gasto creciente cuya calidad y efectividad está siendo cuestionada por una comisión investigadora en el Parlamento, tornaron totalmente rígido el gasto público, que adquirió una vida propia y no deja de crecer.

Eso dejó sin margen de maniobra al gobierno, incapaz de llevar a cabo imprescindibles obras de infraestructura y luchando contra un déficit que a la corta o a la larga sólo puede ser financiado con mayores impuestos, por falta de voluntad para frenar el gasto.

Esas perspectivas de una mayor carga tributaria, directa o indirectamente vía mayores tarifas, determinan que Uruguay sea un país caro y desalientan la inversión. A su vez el paso del tiempo va agotando el empuje de las reformas emprendidas veinte años atrás, exigiéndose de nuevas acciones acordes a los tiempos que corren para apuntalar el dinamismo económico.

Los problemas son conocidos: mejora en la educación, adecuación de las relaciones laborales a las nuevas realidades que impone el mercado de trabajo y la irrupción de las nuevas tecnologías, adecuación de la infraestructura vial, ferroviaria y portuaria, sin olvidar el acceso al mayor número posible de mercados en condiciones favorables.

Si no se encaran adecuadamente estos aspectos la suerte del país estará cada vez más condicionada por la coyuntura internacional.  Incluso si se concreta la instalación de la tercera planta de celulosa, hay que entender que ello será posible por que el país le concedió a la empresa beneficios de los que carece el resto del sector productivo. Hay que tener presente también que por razones logísticas un emprendimiento de estas características debe llevarse a cabo en la cercanía de donde se encuentra la materia prima, que fruto de reformas anteriores alcanzó niveles que justifican la inversión. Pero los restantes sectores no la podrán seguir, y quienes más lo sufrirán serán los trabajadores futuros a quienes les será cada vez más difícil encontrar un empleo.

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.