Miércoles, 5 de julio de 2017

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Comparando lo incomparable

Cuando en la escuela nos comenzaban a enseñar las reglas básicas de la matemática e, implícitamente, la lógica del razonamiento para una acertada toma de decisiones, de las primeras cosas que aprendimos era que cuando sumábamos la unidad de medida debía ser la misma, “no se pueden sumar las peras con las manzanas, repetía la maestra”. Algo tan básico y sencillo, en demasiadas ocasiones parece olvidarse cuando se argumenta en el debate público. Así se comparan niveles de impuestos y gastos en valores absolutos o, peor aún ¡se los mide en dólares! Como si esta moneda no sufriera inflación o, los atrasos y adelantos cambiarios no existiesen. En otras ocasiones se toma carga tributaria sobre el PBI -algo mucho mejor -, pero se olvida que la presión fiscal se mide por la relación gasto público a PBI. La diferencia entre ambos es el resultado fiscal, que suele ser negativa, siendo su contrapartida el aumento de la deuda pública. Ésta, a su vez, aumenta la carga de intereses y compromete el futuro porque allí no sólo habrá que abonar el gasto y la inversión corriente, sino también los intereses de los desequilibrios previos que terminan   restringiendo los recursos disponibles para la ejecución corriente.

A nivel de estadísticas, siempre hay que prestar atención en qué es lo que aquella mide realmente, los cambios metodológicos que suelen darse y cómo éstos impactan en las cifras corrientes. Un ejemplo lo tenemos en el mercado de trabajo, hoy día se mide el total del país, incluyendo las localidades con menos de 5.000 habitantes, cosa que hasta el 2006 no se hacía. En dichas localidades la tasa de desempleo es inferior al resto del país, algo lógico porque de lo contrario la gente emigra rápidamente de los pequeños pueblos, que no suelen tener gran dinamismo, ya que encontrar trabajo le resultará más difícil que en centros más poblados. Dicho lo anterior, a efectos de comparar con el pasado debemos tomar las cifras del mercado de trabajo para las localidades de más de 5.000 habitantes, cosa que el INE también publica. Así, durante el primer cuatrimestre de este año la tasa de desempleo en estas localidades promedió el 9%, nivel exactamente igual al promedio de los años 1991 – 1995.

Otro de los casos donde la información que se publicita no se adecua a la realidad y, seguramente donde más difiere, es la relativa al BPS. En efecto, sus autoridades repiten machaconamente que su déficit ronda el 1% del PBI. Sin embargo, las trasferencias que desde el gobierno central se le hizo en 2016 fue el 5% del PBI (cuadro Nº 9 página 28 Tomo I, resúmenes de la RC 2016 recientemente presentada). ¿Cómo se explica una diferencia de tal magnitud – 5 veces-? Es que el BPS cuenta como “recurso propio” y no como asistencia una serie de impuestos que “están afectados al mismo”, como 7 puntos de los 22 de IVA, subsidio por COFIS derogado, asignaciones familiares privadas y toda otra serie de conceptos. La verdad final es que el déficit real es 5% del PBI (en este 2017 casi US$ 3.000 millones) que hay que cobrar en impuestos. El criterio que aplica el BPS para medir sus cuentas nos conduce al absurdo que si, por ejemplo, “afectáramos” el 100% del IVA al mismo, tendría un fenomenal superávit.

Error común también es comparar el precio de las tarifas de los servicios públicos, en especial la energía y los combustibles, respecto al IPC. En ambos casos es el dólar la unidad de cuenta relevante y, en el segundo el producto de la cotización de dicha moneda por el precio del barril de petróleo. De la tarifa de los combustibles ya todo está dicho, hace ya casi un año estimé el sobreprecio total durante el 2016 en el entorno de 0.9% del PBI, discriminado en 0.7% por el gas – oil y 0.2% en las naftas. La consultora Ferrere semanas atrás publicó su cálculo para el gas -oil en una cifra coincidente con la mía. Es decir, alguien puede decir “el precio de los combustibles aumentaron menos que el IPC” – del cual son parte importante -, pero la realidad de los hechos nos dice que los combustibles se han encarecido y mucho frente a su precio internacional. Otro tanto sucede con la tarifa eléctrica; si la medimos en pesos constantes con base en 2004, no ha cambiado su precio – el precio relativo (tarifa eléctrica al consumo a IPC general) promedio de 2017 está apenas por encima del de 2004, pero medida en dólares, como debemos hacerlo porque UTE compra el 100% de la misma es esta moneda, ha subido 156%. Habría que analizar los precios de compra efectivos para conocer la realidad de lo que pasó. Es cierto que en ambos ejemplos hay algún componente de los costos en moneda local, pero el mismo es menor.

Para no aburrir, una de las estadísticas más usadas y cuya comparación sin realizar ninguna corrección o, al menos, precisión, puede llevarnos a conclusiones muy erradas es la relativa a los ratios de deuda. En efecto, aquí también la cotización del dólar juega un papel primordial – poco más del 50% de la deuda total está en moneda extranjera -, de donde una depreciación del peso nos conduce a un aumento “desmedido” del indicador, del mismo modo que una apreciación nos reduce el ratio, aun cuando el país se haya endeudado. Respecto del mismo indicador, la medición de deuda neta nos conduce a conclusiones poco relevantes y para ello basta ver que mientras las autoridades hablan de una deuda neta del entorno del 30% del PBI, el último comunicado de la calificadora de riesgo Standard & Poor´s la situó en el 50.3% para el 2016.

La lista es larga y podríamos seguir, de todas maneras, no el propósito comparar uno a uno todos los casos, de los que seguramente me olvide de muchos, sino llamar la atención respecto de los comunicados oficiales “comentados”, y especialmente de las declaraciones y comentarios de los jerarcas sobre los mismos. Lamentablemente las autoridades cambian constantemente de unidad de medida a su “conveniencia de la hora”, cosas que naturalmente no debiera hacer, pero tampoco deberían emitir comunicados con comentarios valorativos ni comparativos, más allá de las explicaciones que correspondan en casos especiales cuando la cifra muestre cierta “anomalía”. En ese sentido es bueno resaltar los comunicados mensuales del MEF al informar el resultado fiscal, los del INE cuando divulga las cifras del mercado de trabajo y los del BCU referentes al PBI y la Balanza de Pagos, que ciertamente suelen ser “asépticos”.

Las valoraciones de los políticos, tanto oficialistas, como opositores, corren por cuenta de cada uno, en tanto las de quienes analizamos las cifras por cuenta de quien lo hace. Los números son objetivos.

Isaac Alfie

Autor: Isaac Alfie

Economista (UdelaR, 1984). Contador Público (UdelaR, 1985). Profesor Titular de Economía y Finanzas Públicas en la Universidad de Montevideo. Dicta clases en postgrado de esta Universidad y la Universidad Católica. Profesor de Macroeconomía en la Universidad de la República. Conferencista nacional e internacional sobre políticas públicas y macroeconomía. Consultor de Organismos Internacionales (FMI, Banco Mundial y BID, entre otros). Asesor del Ministro de Economía y Finanzas 1991 - 1994. Director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas 1995 – 2003. Ministro de Economía y Finanzas 2003 – 2005. Gobernador por Uruguay del FMI 2002 – 2003 y del Banco Mundial y BID 2002 – 2005. Senador de la República 2005 –2010. Asesor y consultor de empresas en materia económica y financiera.

  • Graciela

    Muy interesante!