Lunes, 1 de junio de 2015

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Competitividad y la ciencia encorsetada

 

La competitividad es clave para mantenerse al frenteUno de los primeros proyectos enviados por la nueva administración del Dr. Tabaré Vázquez al Parlamento refiere al Sistema Nacional de Competitividad [1]. Inserto en la aproximación sistémica al funcionamiento del Estado y la sociedad propia del presidente Vázquez (recordemos el Sistema Nacional Integrado de Salud, el Sistema Nacional de Cuidados y ahora el Sistema Nacional de Competitividad) la idea explícita es intentar un crecimiento sostenido de la productividad para mejorar la probabilidad de desarrollo del país, mediante la coordinación de distintas organizaciones públicas que cumplen roles en la innovación, el desarrollo productivo y la inserción económica internacional.

Crear el Sistema Nacional de Competitividad no es una idea demasiado original. En nuestro entorno, por ejemplo, Chile, Colombia y Perú poseen organismos similares. En el caso de Chile, el Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo (CNID) [2] fue creado hace varios años para asesorar a Presidencia de la República identificando, formulando y ejecutando acciones y políticas que ayuden a fortalecer la innovación y la competitividad. Esto incluye las áreas que son fundamentales para la innovación: ciencia, formación de capital humano, desarrollo, transferencia y difusión de tecnologías. Colombia tiene el Sistema Nacional de Competitividad e Innovación [3] y Perú el Consejo Nacional de la Competitividad [4].

Todos estos sistemas, a diferencia del propuesto en Uruguay, buscan la coordinación de organismos públicos y privados, con la meta puesta en mejorar el posicionamiento relativo de sus países en el concierto de las naciones. tweet

La primera crítica que se le puede hacer a esta propuesta uruguaya es, entonces, que solo apunta a la coordinación de organismos públicos. En otras propuestas, en las que contribuimos específicamente en el área de Ciencia y Tecnología y en las que otros correligionarios desarrollaron el tema de la competitividad, nos basamos específicamente en modelos de desarrollo exitosos europeos (particularmente se mencionan los casos del País Vasco para los parques industriales, Finlandia para estudios de tecnologías futuras e Irlanda para software). Todos estos modelos, al igual que los citados en Latinoamérica, coinciden en incorporar al sector privado en el sistema.

Aparentemente en Uruguay se sigue apostando a la dicotomía público/privado, como se hace, por ejemplo, en el caso de las Universidades. Difícilmente esta aproximación al tema logrará tener éxito si no se le hacen modificaciones. tweet

Otro de los defectos de diseño que parece bastante típico de las políticas públicas de los últimos años, es creer que se obtienen avances al renombrar estructuras. La propuesta de 2015 crea, por ejemplo, el Gabinete Ministerial de la Competitividad, que no es otro que el anterior Gabinete Ministerial de la Innovación, con algún retoque cosmético. Esta propuesta incluye a la ANII (Agencia Nacional de Investigación e Innovación) y al INIA (Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria) pero no solo excluye al Ministerio de Educación y Cultura, sino que tampoco incluye otras instituciones que generan y aplican conocimientos (IIBCE, Instituto Pasteur, LATU, CUDIM, etc.). Tampoco está presente como tal el sistema universitario, por lo cual se supone que la vinculación de todas estas instituciones con la competitividad se dará en el marco de su dependencia de la ANII.

Observar que el INIA sí se encuentra específicamente integrado y no las demás instituciones, hace pensar que en el diseño prima la idea de que Uruguay es y continuará siendo un país agropecuario, cristalizando un cierto rol específico en el escenario económico internacional. Esto no es necesariamente bueno o malo, simplemente la expresión de una política particular o, como se acostumbra a decir, una visión de país. tweet

Dentro de este proyecto, se redefine el rol y la estructura de la ANII, lo que es un tema no menor. Tanto en su propuesta de programa de gobierno, como en un proyecto presentado ya en el Senado en esta nueva legislatura, hemos insistido en la necesidad y conveniencia de crear un Ministerio de Ciencia y Tecnología, cuya estructura integraría organismos públicos y privados, con la ANII como agencia ejecutora de políticas diseñadas en el Ministerio. Como es público y notorio, esas propuestas no han tenido andamiento y la presente administración está procediendo a crear una estructura similar al Ministerio propuesto, pero en forma más sigilosa y encubierta.

En la propuesta realizada sobre el Sistema Nacional de Competitividad, la ANII pasa a ser una dependencia exclusiva del Poder Ejecutivo. tweet

Su directorio estará integrado ahora por tres personas, designadas directamente por el PE, sin participación ni de la oposición política ni de las instituciones que generan o aplican conocimiento. Para más inri, el Presidente de la ANII tendrá sueldo de Ministro, aún cuando no la autoridad o competencias de estos. Si bien la ANII seguirá siendo aconsejada por el Conicyt, esta actividad consultiva no es vinculante y, esencialmente, el CONICYT pierde cualquier fuerza en la implementación de políticas de CTI. Es decir, el directorio de la ANII, designado por el PE exclusivamente, tiene en sus manos todos los resortes de las políticas de ciencia, tecnología e innovación, aún cuando tendrá autonomía para emplear de la forma que desee el presupuesto que se le asigne. Otro punto en el cual la CTI queda encorsetada, dado que la ANII queda sometida al tutelaje (llamado en el proyecto control administrativo) del Ministerio de Economía y Finanzas.

El cuerpo de científicos y tecnólogos de Uruguay ha manifestado su gran preocupación frente a este proyecto. tweet

Recientemente la Comisión Sectorial de Ciencia y Tecnología (CSIC) de la UdelaR convocó a todos los involucrados a una reunión de discusión, que resultó multitudinaria, en el Paraninfo de la UdelaR. Los puntos generales que se observan como inconvenientes en este proyecto son (de acuerdo al informe elaborado por la Dra. Judith Sutz [5]):

  • Debilitamiento de la atención prestada a nivel del Poder Ejecutivo al desarrollo científico-tecnológico nacional, dada la superposición de aspectos a los cuales debe atender el Gabinete Ministerial de la Competitividad y, también, dada la escasa vinculación que hasta el momento presenta la mayoría de los ministerios que lo componen con temas tanto de investigación como de educación, ambos aspectos claves para dicho desarrollo. En este sentido, llama particularmente la atención la eliminación del Ministerio de Educación y Cultura de la institucionalidad prevista para CTI.
  • Concentración en la ANII de atribuciones tanto en materia de elaboración de políticas públicas de CTI como en su ejecución. Esto se acompaña de una relativa autonomización funcional de la dirección de la ANII, asociada tanto a la eliminación de controles por parte de algún cuerpo con especificidad en CTI, como a la eliminación de la supervisión externa de algunos mecanismos claves en los procesos de implementación de políticas (plan de actividades, comités técnicos asociados a la evaluación). (N.B.: A esto se debe agregar la dependencia administrativa del MEF, que encorseta su actividad).
  • Debilitamiento explícito de: (i) las modalidades formales a través de las cuales la comunidad de investigación nacional puede plantear de forma organizada los problemas que enfrenta, las soluciones que propone y las acciones que entiende necesarias para la mejor articulación de la producción de conocimiento con el desarrollo nacional; (ii) las instancias de discusión y definición democrática de políticas de CTI nacionales; (iii) los controles sobre la implementación y ejecución concretas de las políticas de CTI.

En resumen, la propuesta de la administración Vázquez para  el Sistema Nacional de Competitividad uruguayo tiende a disminuir la participación de quienes generan y aplican el conocimiento en la discusión de políticas públicas en la materia. tweet

Ejemplos recientes en esa dirección son el de España y Chile, con consecuencias francamente negativas. En el caso español, el gobierno de derecha que asumió a fines de 2011 transfirió la dependencia del conjunto del sistema de CTI al Ministerio de Economía y Competitividad, incluyendo el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Esta modificación del sistema condujo a una disminución importante del presupuesto asignado a CTI y el consiguiente éxodo al exterior de los científicos españoles jóvenes [6]. En un momento en que Uruguay tiene problemas para conseguir posiciones para sus científicos en el entorno de los treinta años [7], no parece un camino conveniente. En el caso chileno, el gobierno de derecha de Sebastián Piñera propuso en 2012 pasar el CONICYT de la órbita del Ministerio de Educación al de Economía (similar al tutelaje de la ANII por el MEF que se establece en el proyecto uruguayo). Esto condujo a una fuerte resistencia del sistema científico chileno y finalmente el cambio no se produjo [8]. Es de destacar que tanto en el caso español como el chileno, la fundamentación para las propuestas fue muy similar a las que se esgrimen en el caso uruguayo: la intención de vincular de forma más directa el esfuerzo científico-tecnológico con el desarrollo económico y la competitividad nacional.

Resulta al menos curioso que un gobierno nominalmente de izquierda avance en reformas propuestas por gobiernos de derecha que, además, disfrutan del rechazo prácticamente unánime de la comunidad de científicos y tecnólogos que son, en definitiva, los que sustentan el sistema de CTI. Paralelamente, preocupa la intransigencia estatista del proyecto, ignorando nuevamente lo mucho que el sector privado tendría que decir y aportar en el tema de CTI. Y todo ello a pesar de contar sobre la mesa con propuestas de cuño socialdemócrata (o socioliberales) provenientes de un partido de la oposición [9].

Referencias

[1] Ver http://archivo.presidencia.gub.uy/sci/proyectos/2015/03/mrree_3.pdf
[2] Ver http://www.cnic.cl/
[3] Ver http://www.colombiacompetitiva.gov.co/sncei/Paginas/comision-nacional-de-competitividad-e-innovacion.aspx
[4] Ver http://www.infoandina.org/es/content/per%C3%BA-consejo-nacional-de-ciencia-y-tecnolog%C3%ADa-e-innovaci%C3%B3n-tecnol%C3%B3gica
[5] Ver http://www.universidad.edu.uy/renderResource/index/resourceId/36227/siteId/1
[6] Ver http://www.abc.es/20121106/ciencia/abci-carta-cientificos-rajoy-firmar-201211061652.html
[7] Ver http://www.elobservador.com.uy/noticia/305859/el-problema-de-los-cientificos-treintaneros-/
[8] Ver http://www.nature.com/news/chilean-scientists-oppose-funding-agency-relocation-1.11464
[9] Ver http://vamosuruguay.com.uy/wp-content/uploads/2014/08/Plan_Uruguay_2015_2020.pdf

Oscar N. Ventura

Autor: Oscar N. Ventura

Doctor en Química. Profesor Titular (G5) efectivo, con Dedicación Total (DT) de la Facultad de Química (UdelaR). Director del Computational Chemistry and Biochemistry Group (CCBG). Investigador Nivel 5 del Pedeciba. Investigador Nivel 3 del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

  • Guillermo

    Me resulta curioso el énfasis que hace el autor sobre el cuño de las políticas de distintos gobiernos, si es que son de derecha o izquierda, o cuño tal o cual. Francamente creo que no importa de dónde provienen las ideas mientras que sean buenas para nuestra competividad y consiguiente mejora de nuestra prosperidad. Espero en cambio que se fundamente la conveniencia de una u otra utilizando razones de mayor peso.

  • Oscar N. Ventura

    Gracias por tu comentario. El énfasis no me parece a mí que sea tan grande, ya que aparece apenas en los dos últimos párrafos. Pero me parece que dejar fuera de la discusión el aspecto político es un error, porque la “mejora” de “nuestra competitividad” y “nuestra prosperidad” son aspectos netamente políticos. Una aproximación neoliberal aconseja maximizar el individualismo (el modelo usamericano), dentro de la hipótesis de que el bienestar general proviene de la conjunción de los egoísmos particulares. Una aproximación socioliberal, en cambio, insistirá en que la mayor competitividad (basada en una mayor productividad) no puede obtenerse a costa de la explotación del ser humano, reduciéndolo a trabajar en condiciones lesivas del bienestar, el confort o la salud del trabajador. Casuística sobra, desde los niños trabajando en edad en que deberían estar jugando hasta prisioneros obligados a trabajos forzados, en ambos casos para proveer a precios de ganga productos que se consumen en Occidente. Así que, en mi opinión (que, claro, es solo una opinión más) es necesario tener en consideración los aspectos políticos. La gestión sin política, la economía sin humanismo, es en sí mismo una postura política.

    En segundo lugar, lo que expuse creo que con abundantes razones, fueron los inconvenientes intrínsecos de la propuesta (falta de integración del sector privado, centralización de la ciencia y la tecnología dentro de una visión economicista, ausencia de los productores de conocimiento en las instancias de decisión, etc.) que a mí me parecen razones de peso. Puede que a vos no te lo parezcan, para lo cual, por supuesto, tenés libertad absoluta. Solo te expongo cuál es mi punto de vista.

    Gracias nuevamente por tomarte el tiempo de leerlo y comentar.

  • Blanca Velázquez

    Me pareció muy buen análisis. Coincido en que uno de los puntos cruciales de debilidad de la propuesta es la falta de participación de las universidades tanto pública como privadas, ya que son los ejes claves de creación y de promoción del conocimiento en la sociedad. Igualmente la falta de participación del sector privado es ir en contra de lo que por tanto tiempo se ha “luchado” para justamente lograr articular sectores como la academia-industria, que permite lograr ensamblar realidades, que por algunas cuestiones no es fácil integrarlas, pero que es absolutamente necesario para brindar un marco de desarrollo e innovación, en definitiva para promover la competitividad en el país. Hacer caso omiso a estas cuestiones básicas, así como otras que se han planteado en el artículo, es como “vendarse los ojos e ir caminando hacia un precipicio desconociendo las indicaciones de los conocedores del camino”.

  • Oscar N. Ventura

    Muchas gracias por el comentario Blanca. Estos temas que vos planteás y los que están relacionados en el artículo están siendo discutidos en varios ámbitos, no exclusivamente las universidades. Las Academias (Ciencias, Ingeniería, Medicina) y mucha gente dispersa que intenta innovar en la esfera privada, también tienen mucho para aportar en el asunto.

  • Guillermo

    Gracias por tu respuesta. De acuerdo, el aspecto político tiene su peso aunque en Uruguay creo que ya está claro que no vamos por ninguno de los caminos extremos. Me parecieron buenas algunas de las razones expuestas. Surgió el comentario por sensibilidad a otros casos donde se etiquetan injustamente personas o ideas como de derecha o izquierda, fachos o bolches. Casos donde esta forma de clasificar tiende a ser una simplificación unidimensional de una realidad con múltiples dimensiones, basada en una visión anticuada del mundo que no ayuda a avanzar en nuestros anhelos compartidos.

  • Oscar N. Ventura

    De acuerdo contigo en general. El llamado de atención va a cosas puntuales, que incluso resultan incompatibles. Por un lado tenés un enfoque economicista, al punto que subordinás la ANII al Ministerio de Economía y Finanzas, y por otro excluís al sector privado de la toma decisiones en una materia en la cual este debería ser fundamental.

    Pero coincido contigo en que a veces se usa la categorización simplemente para no pensar. Y mucha gente se queda solo en lo superficial.

    Saludos.