Sábado, 4 de junio de 2016

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Complejidad extendida

Vista desde la actual perspectiva del siglo XXI se puede vislumbrar que la historia contemporánea ha perdido previsibilidad, si es que alguna vez la tuvo, más allá de las ilusiones deterministas al estilo del positivismo de Augusto Comte o del materialismo marxista.

Estas utopías suponían que el futuro se construiría como una suerte de acumulación progresiva del presente. De esa forma las revoluciones serían predecibles e ineluctables y el porvenir emergería como una etapa superior, floreciente y culminante.

En nuestros días es imposible pensar de esa manera. La trayectoria del siglo que ha pasado cuestionó todas las utopías, el mesianismo y las certezas paradigmáticas.

A pesar de ello hubo algunas tendencias que se mantuvieron a lo largo del último tiempo: la renovación tecnológica, el crecimiento demográfico, la emancipación femenina, la contaminación ambiental, el mayor relacionamiento entre los países, el despertar de una conciencia universal.

Lo cierto es que han cambiado en las últimas décadas los acontecimientos significativos, así como los actores de dichos eventos (individuos, naciones, estamentos sociales, etc.), en conjunto con las ideas que se han ido generando y los procesos que han reflejado con perseverancia el resultado de la interacción entre los elementos naturales y la naturaleza humana.

Esto es observable también en la generación de  las nuevas estructuras que son la consecuencia de mecanismos originalmente imprecisos pero que posteriormente asumen características estables y profundas como ser la organización familiar, los sistemas jurídicos y las mentalidades que son los que terminan conformando los sistemas sociales.

Así por ejemplo las fuentes de creación y transmisión de conocimientos tradicionales como la escuela, el Estado, los partidos, las asociaciones gremiales, los centros científicos y universitarios van perdiendo espacio frente a los medios de comunicación social, los movimientos colectivos de intereses mutuos, las organizaciones multinacionales privadas y públicas, los grupos religiosos y otras manifestaciones ciudadanas en paralelo con las representaciones de las economías informales y la incorporación ascendente de espacios alternativos de oscura legalidad.

Surge entonces una necesidad perentoria de elaborar conceptos innovadores para interpretar al nuevo mundo emergente que es visualizado como caótico, incierto, y que, a su vez, provoca intensas sensaciones de desasosiego y zozobra.

Uno de los intentos por darle cierto significado a los múltiples fenómenos que se expresan en la actual modernidad es el realizado por la corriente del denominado enfoque del pensamiento complejo del cual su máximo exponente es el sociólogo Edgar Morin.

Esta corriente de ideas aplica sus instrumentos tanto en el saber científico (como ser la física y la biología) así como en la propia sociología, la teoría de la información y variadas disciplinas afines.

Su principal aporte es partir del entendimiento de que la vigente realidad es compleja y ya no puede aplicarse un pensamiento reduccionista, simplificador, basado en una fragmentaria causalidad explicativa que no establezca redes de razonamiento integradores.

Morin ve el mundo como un todo indisociable, y propone un abordaje de manera multidisciplinaria y multirreferenciada, de manera que se pueda lograr la construcción de una reflexión de mayor diversidad y multiplicidad  y que a  su vez resulte inteligible permitiendo distinguir las distintas perspectivas de un objeto o situación.

Este autor hace mención de una situación paradójica: se han adquirido una increíble cantidad de conocimientos sobre el mundo, el universo, y el ser humano, obtenidos primordialmente con el método científico: en nombre de la razón se creyó enterrar mitos y tinieblas. Y sin embargo el error, la ignorancia, la ceguera progresan por todas partes al mismo tiempo que los conocimientos.

¿Cuál ha sido el enfoque de la economía frente a este nuevo panorama de complejidad y de necesaria interacción entre las distintas disciplinas del conocimiento ¿

La economía tradicional neoclásica ha tendido frecuentemente a analizar en primer lugar la forma en que los variados fenómenos de índole económica se despliegan en el mercado, luego observar si los mecanismos usuales funcionan y en caso de fallas investigar las causas de esas falencias, indagar el grado de precisión con que las políticas económicas fueron diseñadas para ver si alcanzaron sus objetivos en términos de eficiencia y contemplar las distintas compensaciones – que se llevaron a cabo en ocasión de la ejecución de dichas políticas – entre los elementos competitivos de las mismas como ser por ejemplo la planteada en la búsqueda entre equidad versus la eficiencia requerida y su posible efecto redistributivo.

A posteriori algunos economistas fueron mas ambiciosos y se dedicaron a considerar el comportamiento de los políticos y los burócratas con una visión similar a la que se utiliza en el mercado cuando interactúan productores y consumidores pero aplicadas en este caso a las decisiones de política económica.

Los políticos en este enfoque se convirtieron en proveedores de beneficios públicos, mientras que los ciudadanos se dedicaban a formar lobbies para maximizar sus rentas (buscadores de ganancias) y el sistema político se convertía en un mercado especial en que los votos y las influencias políticas se transaban para la obtención de beneficios económicos.

Esta visión se plasmó en la denominada escuela racional de la elección pública que tuvo su reconocimiento a nivel de la asignación de algún premio Nobel.

Pero lo cierto es que para interpretar el actual escenario es preciso contar con una perspectiva de mayor complejidad y alcance que la economía tradicional en las actuales circunstancias parecería no abarcar por lo cual es necesario encarar un proceso de complementación al saber convencional.

Es posible, en ese sentido, destacar variados esfuerzos que se han hecho en las últimas décadas alrededor de algunas escuelas que han procurado utilizar los instrumentos económicos en conjunto con herramientas de otras disciplinas.

Una de ellas es la economía institucional que tiene dos versiones: la original o denominada viejo institucionalismo nacida en los albores del siglo XX y otra interpretación mas cercana en el tiempo que se expresa en el llamado neoinstitucionalismo.

La versión primera enuncia que el proceso de intercambio expresado en el mercado implica la interacción de individuos condicionados por la cultura y la estructura de la economía social. Se reconoce que las preferencias, capacidad, valores y principios rectores de los individuos se han formado con anterioridad a su participación en el intercambio.

Para esta corriente, no son el intercambio y la escasez los aspectos básicos del proceso económico y, por tanto, no son los conceptos sobre los cuales debe edificarse el análisis.

Por el contrario, los definen en términos tecnológicos o materiales. La economía es el proceso instituido, o los acuerdos culturalmente modelados, a través de los cuales un grupo humano determinado se autoabastece en su propio interés. El objetivo es asegurar la reproducción social e instrumentar la actividad económica respecto al proceso social. En este sentido, se hace hincapié en la organización de la producción y la distribución en un grupo humano determinado.

Sostiene que las transformaciones a través del tiempo giran alrededor de la interacción entre tecnología e instituciones, especialmente el ajuste de las instituciones a los cambios tecnológicos.

Los cambios en el aparato tecnológico, en la organización y/ o conocimiento de lo social y el proceso material productivo crean tensiones que provocan ajustes en las costumbres, las leyes y en los principios rectores.

Por  su parte, el argumento central de los representantes mas connotados de la Nueva Economía Institucional estriba en reconocer la importancia de las instituciones en el desempeño económico de cualquier nación dado que van a ser las instituciones las que van a inducir a que las economías sean (o no) más eficientes.

Es en ese sentido que las instituciones ambiguas, precarias e ineficientes al elevar los “costos de transacción” van a incrementar la incertidumbre, generarán desconfianza y desmotivarán a los agentes económicos a involucrarse en el intercambio.

Para esta corriente las “instituciones” deben ser entendidas como las reglas del juego formales e informales de una sociedad que son ideadas por el hombre para dar forma a las interacciones humanas y serán las que estructurarán los incentivos de una sociedad

En otras palabras las instituciones proporcionan los incentivos (y las restricciones) que pueden mejorar -o inhibir – el desempeño económico de un nación, dado que proveen de las estructuras necesarias a generar, las cuales permitirán impulsar las oportunidades para las organizaciones y los individuos, en virtud de que con su acción se alienta el intercambio y los motiva para modificar sus decisiones con respecto a las actividades económicas y políticas.

La influencia de estas corrientes se manifiesta actualmente en la elaboración de los variados índices de los organismos internacionales que describen una multiplicidad de causalidades para explicar los resultados de la actividad económica atendiendo a los requerimientos de complejidad necesarios para explicar el nuevo escenario económico – social.

Valga como ejemplo la implementación de los  índices de gobernabilidad preparados por el Banco Mundial que desde finales de los años noventa esta institución comenzó a utilizar partiendo de la  descripción detallada de mediciones que establecen seis componentes como forma de demostración de buena gobernabilidad como ser:

  • Voz y Rendición de Cuentas – mide derechos humanos, políticos y civiles.
  • Estabilidad Política y Ausencia de Violencia – mide la posibilidad de amenazas violentas, o cambios en, el gobierno, incluyendo el terrorismo.
  • Efectividad Gubernamental – mide la competencia de la burocracia y la calidad de la prestación de servicios públicos.
  • Calidad Regulatoria – mide la incidencia de políticas hostiles al mercado.
  • Estado de Derecho – mide la calidad del cumplimiento de contratos, la policía, y las cortes, incluyendo la independencia judicial, y la incidencia del crimen.
  • Control de la Corrupción – mide el abuso del poder público para el beneficio privado, incluyendo la corrupción menor y en gran escala (y la captura del estado por las élites)

No en vano en las últimas décadas estos tipos de ranking preocupan seriamente a los gobiernos nacionales que así lo manifiestan públicamente pues estas calificaciones pueden servir de base mas tarde a las decisiones de provisión de fondos de los mercados financieros internacionales entre los cuales sobresale el índice de riesgo país y la determinación  del grado de inversión.

El gran tema de nuestros días es que la complejidad que deriva de atender a estas múltiples demandas – las que no solo deben ser meramente  declamadas – requiere condiciones apropiadas para poder lograr su  cumplimiento y diseñar  una programación realística para  apreciar como se pueden cumplir.

Es evidente que no pueden ser encarados estos desafíos solo con acciones de marketing político para impresionar a la ciudadanía – como algunos países pretenden entenderlo – mientras sus gobernantes se afanan trabajosamente para convencer a los grupos de intereses enfrentados.

Es la complejidad en su más plena expresión y ésta no acepta los ejercicios de simplificación que suelen desplegar los actores sociales que previamente crearon su propio orden establecido basado en supuestos perimidos.

No debe olvidarse que el tiempo está acelerado, el espacio se ha reducido y las alternativas del mundo interconectado funcionan a pleno por lo cual no hay manera de consolidar el voluntarismo que suele ser azaroso y oportunista.

Isaac Umansky

Autor: Isaac Umansky

Contador Público y Economista (UdelaR). Desempeñó el cargo de Contador General de la Nación y Director de la Comisión Nacional de Informática en el período 1985-1990. Profesor Economía, Finanzas Públicas y Administración en la F.C.C.E.E. (Udelar). (1969-1984). Consultor nacional e internacional en proyectos de Administración Financiera Pública y Gestión Pública (BM, BID, CEPAL, Agencia de Cooperación Sueca y la Unión Europea en Chile, Costa Rica, México, Bolivia y Cuba (Desde 1990 hasta la actualidad). Ex Presidente de la Asociación Uruguaya de Contabilidad y Presupuesto (ASUCYP) durante varios períodos. EX Vicepresidente de la Asociación Internacional de Presupuesto Público (ASIP) 2 períodos. Miembro del Consejo Internacional que emite las Normas y Estándares del Sector Público (IPSASB) de la Federación Internacional de Contadores (IFAC). Período 2010-2012.