Miércoles, 15 de febrero de 2017

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Condiciones para todos

Retomando el contacto con los lectores en este inicio de 2017, siempre es bueno dar una mirada en como cierra el año anterior.

En materia económica se confirmaron las proyecciones de un modesto desempeño con un magro crecimiento superando apenas el 1%, inflación del 8%, desempleo en ascenso, menor ritmo de exportaciones, déficit fiscal elevado de 4% sobre el producto, lo que significa 2200 millones de dólares.

Las fuentes oficiales, habilidosas en transmitir las virtudes del medio vaso lleno, destacaron el control de la inflación que orilló el 10% en el primer semestre, un mejor desempeño de las empresas públicas, si bien comparado con resultados ruinosos anteriores y un crecimiento levemente superior a las proyecciones, contrastando además con las fuertes caídas de nuestros vecinos, generando un aire del “mejor de la clase”, en un comparativo regional de paupérrimos índices.

No obstante la prédica oficial, llama la atención el hecho de que registramos este fuerte desequilibrio de las cuentas públicas, en circunstancias internacionales favorables que determinaron el periodo más prolongado de crecimiento económico ininterrumpido que se haya conocido. Un escenario internacional casi irrepetible con tasas de interés mínimas, buenos precios de materias primas, alto nivel de inversiones, entre otros.

Estamos alcanzando los niveles históricos de déficit verificados en la mayor crisis económica del Uruguay en su historia, a principios de este siglo, buena parte provocada por el descalabro macroeconómico regional de la época y un contexto global bien diferente al que disponemos en el presente.

El alerta generado por Vázquez, hace un año, relacionado al riesgo que implicaba la eventual pérdida del “grado inversor” fue interpretado como un aviso en diversos sentidos. Por un lado, hacia la interna del partido de gobierno, bancada, aparato, gremios afines y organizaciones sociales asociadas, a efectos de moderar la presión que suelen ejercer, demandando más recursos afines a sus planteos corporativos con ropaje de interés social y “distributivo”, siguiendo así el ejercicio de expansión del gasto que vienen practicando, hace más de una década, con el beneplácito oficial. Por otra parte, el mensaje también iba dirigido al castigado contribuyente, preparándolo para el ajuste fiscal que sus palabras presagiaban y que hoy se hace realidad al verificar consternados los recibos de sueldo de enero y el aumento de las tarifas públicas.

Fuerte indignación ha generado en la sociedad, la concreción de este ajuste fiscal, máxime cuando se incumplen con total desparpajo las reiteradas promesas que durante la campaña electoral, y aún durante este gobierno, realizaron Vazquez, Sendic, Astori y otros funcionarios, en cuanto a desestimar cualquier incremento en la presión tributaria.

Si no bastara esto, no son pocas las voces que desde el FA piden incrementar aún más la pesada carga fiscal sobre la producción, al inicio de la discusión de la Rendición de Cuentas.

No somos especialistas en temas económicos pero haciendo un análisis simple, la misma lógica se debe aplicar para una casa, familia, empresa, club o país. No se puede gastar indefinidamente más de lo que ingresa, pues estaremos comprometiendo el futuro, endeudando y sometiendo a cargas innecesarias, generando vulnerabilidades y dependencias de voluntades externas, ajenas al interés nacional.

Las últimas administraciones han dilapidado recursos, generando una expansión del gasto, que ya no se puede financiar en momentos de ralentización del crecimiento económico y consecuente caída de la recaudación. La pésima gestión de algunas empresas públicas, especialmente ANCAP y el desastre de PLUNA, la incorporación de 12 mil nuevos funcionarios públicos, determinan serias dificultades a la hora de achicar el gasto.

Además, queda claro que la estrategia del partido de gobierno ha sido lograr el apoyo de los sindicatos, tratando de neutralizar la otrora fuerte voz de oposición usando la coincidencia ideológica. Si tomamos en cuenta que buena parte de sus dirigentes también son en la actualidad legisladores, directores o ministros, es mucho más difícil realizar el ajuste al que siempre prometieron oponerse, aunque no tienen más remedio que respaldar, tratando de rebautizarlo echando mano a eufemismos con notoria inventiva y habilidad.

Lo que está claro es que el mensaje es de ajuste, pero poco para el Estado. A lo que se apela es a transferir costos a la población y empresarios para equilibrar los malos resultados de algunas empresas públicas y también como mecanismo parafiscal, pues se determinaron incrementos de precios por encima de la recomendación de las propias empresas.

Por otra parte, se incrementa el pago de IRPF, modificando franjas y porcentajes, determinando un incremento de recaudación que afecta el ingreso neto de quien se esfuerza y trabaja. Otros aspectos de la tributación también van en el mismo sentido.

Si tenemos en cuenta que la inversión pública en infraestructura ha sido totalmente insuficiente, basta ver el estado de nuestras rutas en absoluto deterioro, queda claro que también por acá pasa el ajuste. Parecen estar lejos los recursos de inversión anunciados de 12 mil millones en el periodo, lo que parece ser una medida de contención del gasto, generando otro factor de transferencia de costos al sector privado por la pérdida de competitividad que ello implica.

Este panorama ocasiona una fuerte desazón, tanto a nivel personal como empresarial en la medida que se pasa todo la carga del ajuste al sector privado mientras se siguen conociendo episodios de reiterada mala gestión de parte del Estado, como es el caso de los hornos para cemento que por valor millonario están tirados en contenedores en la planta de Paysandú.

La sensación es que todo intento por mejorar, invertir, trabajar más o ascender profesionalmente, como siempre se ha inculcado a lo largo de generaciones, lejos de recibir una compensación, recibirá un castigo tributario que desestimula provocando una conducta antinatural de realizar “el menor esfuerzo”.

Enorme contraste con el mensaje que se trasmite en la gira presidencial por Europa en la que buena parte del Gabinete junto al Presidente se esfuerzan por generar una buena imagen del país, como corresponde, intentando captar fuertes inversiones que posibiliten sostener la economía recuperando el crecimiento y el desarrollo.

Ese mensaje que compartimos, parece dirigido a otro público, a inversores a los que hay que convencer a que aporten sus capitales, ofreciéndoles garantías, exoneraciones, zonas francas, infraestructuras, pactos laborales, acuerdos de protección de inversiones, libertad para remitir dividendos, etc.

Y está bien, pues de no ser así, esas inversiones no llegan y en el frío análisis de las empresas terminan optando por otro país, pues los demás juegan y también tratan de ofrecer condiciones atractivas, lo que representa una amenaza a la inversión, actividad, empleo y divisas.

Lo que no está bien es que existan condiciones tan disimiles entre los discursos para captar nuevos inversores y la realidad que le toca a aquellos que invierten en Uruguay desde hace mucho tiempo, que han estado en las buenas y malas, pero reciben el acoso del estado vía tarifas, impuestos, controles, falta de infraestructura, deficientes educación, salud, seguridad, etc.

Hoy tenemos seriamente afectadas las condiciones de competitividad que tanto se anuncian para afuera y que se necesitan para conferir viabilidad a las empresas aquí instaladas.

Es larga la lista de empresas cerradas y mayor las que están en problemas.

Se acrecientan los sectores de la producción que se están tornando poco viables frente al insostenible incremento del costo interno de producción, combinados con una realidad de menores ingresos por la caída de los precios internacionales.

Es hora de igualar el discurso y las condiciones, pues no es coherente que el gobierno esté en el exterior buscando captar empresas para sustituir las que aquí están amenazadas de cerrar.

Fernando Mattos

Autor: Fernando Mattos

Ingeniero Agrónomo egresado de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul- Brasil . Ex presidente de la Sociedad Criadores de Braford y Cebu del Uruguay. Ex miembro de ISEF International Stocksman Educational Foundation-Houston. Ex presidente de la Asociación Rural del Uruguay. Ex miembro de la Junta Directiva del INAC. Ex presidente de la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur. Ex Presidente de la Fundación Pro Cría Oriental de apoyo a pequeños productores. Productor rural en los departamentos de Tacuarembó y de Cerro Largo.