Viernes, 18 de noviembre de 2016

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Conflictividad versus cooperación

Distintos indicadores que miden la competitividad de Uruguay señalan a la rigidez del mercado laboral como uno de los elementos que más la afectan. Un aspecto que contribuye a ello es el proceso de negociaciones, que tal como está implementado induce a la confrontación y no a la cooperación.

Existen varios indicadores de competitividad. Los tradicionales son los que refieren al tipo de cambio real, que muestra el encarecimiento o abaratamiento relativo del país frente al resto del mundo.

Pero de un tiempo a esta parte aparecieron otros indicadores que no comparan los precios relativos, sino que ponderan una serie de variables como ser la economía, el mercado laboral, las instituciones, la tecnología, en definitiva, el clima de negocios imperante en cada país. Tal el caso del Doing Business que elabora el Banco Mundial o el índice de Competitividad del World Economic Forum (WEF) por mencionar los más conocidos.

Recientemente el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) presentó el Indice de Libertad Económica que elabora el instituto canadiense Fraser. Al igual que los índices anteriores este indicador analiza una serie de variables.

Todos estos índices ubican a Uruguay en una posición de mitad de tabla. Analizan entre 140 y 189 países y Uruguay se ubica entre el puesto 73 o el 92. En general los países más competitivos son los desarrollados, que tienen a su vez una economía más libre.

Como sucede con todo indicador, la validez de cada uno de ellos puede ser discutible. En algunos casos se elaboran en base a encuestas, en otros en base a estadísticas oficiales, lo que no los exime de críticas ya que siempre puede existir la suspicacia de porqué se elige tal y no cual variable.

Pero que todos arrojen un resultado muy parecido, que en el caso concreto de nuestro país lo ubican a mitad de tabla y señalan al funcionamiento del mercado laboral como uno de los aspectos más problemáticos y en el que Uruguay peor se posiciona en materia de competitividad, amerita que se los tenga en consideración como un elemento más que confirma lo que los uruguayos no necesitamos que nos digan.

Ya sea porque somos caros, por el tamaño reducido, las regulaciones, etc., lo cierto es que la economía uruguaya enfrenta problemas de competitividad.

Y como señalan los indicadores anteriores uno de los principales problemas radica en la rigidez del mercado laboral.

Si lo analizamos fríamente esto no debe llamar la atención, ya que tenemos un sistema de relaciones laborales que induce a la confrontación y no a la cooperación.

La protección a los trabajadores viene de larga data, habiéndose cumplido el año pasado el centenario de la ley de 8 horas, durante la segunda presidencia de José Batlle y Ordóñez. Con el paso de los años se les fue reconociendo nuevos derechos a los trabajadores siendo tal vez la Ley de Convenios Colectivos del año 1943 el logro máximo, al menos en cuanto a institucionalidad se refiere.

Esta ley sigue vigente y en estos momentos se están negociando un centenar de acuerdos que, hasta la flexibilización de las pautas por parte del gobierno a fin de la semana pasada, venían muy trancados.

Es que la lógica de las negociaciones induce a ello. Pero no es cómo funciona el mundo, al menos el competitivo. Desde la óptica de los trabajadores, domina en el ámbito de los Consejos de Salarios el concepto de lucha de clases, lo que los convierte en verdaderos campos de batalla.

Este abordaje pudo haber tenido cierta lógica en décadas anteriores, en momentos en que existía un enfrentamiento entre los sistemas capitalista y socialista. Pero desde el colapso de éste último carece de sentido.

La revolución de las comunicaciones y la creciente adopción de posturas políticamente correctas por parte de los consumidores están resultando más efectivas para evitar abusos en el mercado laboral que los enfrentamientos entre trabajadores y empleadores.

Los ejemplos de escraches frente empresas que utilizan mano de obra cuasi esclava, a menores a inmigrantes, o maltratan a las mujeres, son cada vez mayores a lo largo del mundo.

Pero a las empresas no sólo les importa el efecto reputación, sino que en última instancia para crecer y ser rentables deben ser verdaderamente competitivas. Y en este proceso la calidad y el compromiso de los recursos humanos es fundamental. En tal sentido, los trabajadores y empleadores más que antagonistas son, sino socios, por lo menos compañeros de ruta.

Siendo ese el mundo, el ámbito de negociaciones laborales debe procurar resultados satisfactorios para ambas partes lo que indefectiblemente pasa por el crecimiento de las empresas. Y este se ve afectado por los conflictos resultantes de los Consejos de Salarios.

Muchas veces se alcanzan acuerdos a los que se arriba para no afectar la marcha de los negocios, en particular en momentos de bonanza transitoria, pero que no son sostenibles una vez que se normaliza la situación.

Es por ello que los incentivos a la hora de negociar deben ser tales que induzcan a las partes a alcanzar un acuerdo duradero y sostenible en el tiempo.

Hace un tiempo me contaron de un sistema de negociaciones laborales que institucionalmente era muy similar al nuestro. Negociaciones tripartitas, en las que obreros y empleadores negocian, y si al cabo de un tiempo no llegan a un acuerdo, interviene el gobierno.

Hasta aquí es el mismo esquema que en Uruguay. Pero con una diferencia sustancial. En este esquema, al comienzo de las negociaciones cada una de las partes va con una propuesta. Si no se ponen de acuerdo, el gobierno lauda optando por una de las propuestas originales, no importa lo que se haya avanzado en las negociaciones.

Este esquema claramente induce a la cooperación y evita un enfrentamiento desgastante. El temor a que salga la propuesta del otro induce a las partes a realizar planteos razonables, que no van a estar muy distantes unos de otros. Lo que por otra parte facilita que se alcance un acuerdo.

Si el verdadero interés de las partes en la negociación es el crecimiento sostenido del país, en el que cada factor productivo sea retribuido de acuerdo a su contribución, el esquema que acabo de bosquejar sin duda que es más eficiente que el vigente actualmente. Induce a la búsqueda de un acuerdo, por lo que resulta un mecanismo que apunta a la cooperación entre las partes.

Si el objetivo es otro, seguiremos asistiendo a confrontaciones que perfectamente pueden ser evitadas.

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.