Domingo, 12 de junio de 2016

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Creer a los que trabajan

En la campaña electoral del 2014 hubo una discusión que se planteó varias veces dentro de nuestro equipo.
Era un tema polémico.
Algunos dirigentes nos decían que faltaban promesas y sobraba fundamentación en nuestro programa.
Un amigo llegó a decirme que para ganar la elección debía mentir, prometer mucho más allá de si lo que prometía se podía cumplir o no. Para él debía saltearme los mensajes y análisis de situaciones negativas que afectaban al país.
“La gente quiere escuchar cosas lindas no serias“ me aconsejaba.
Era la aplicación de Maquiavelo a la enésima potencia.
La moral y la política totalmente disociadas.
“Lo que importa es llegar, ganar, después verás lo que podes cumplir y lo que no“ me repetía.
Acto seguido se justificaba con esa frase que todo lo corrompe: “Todos lo hacen“ afirmaba.
Me negué, nos negamos. Todo el equipo se negó.
“Cada propuesta, cada promesa debe tener su fundamento, su financiación, su análisis de cumplimiento“ le respondí.
Para ello era necesario partir del análisis de la realidad, de los números y resultados de los últimos años.
Así lo hicimos y, creo, ese trabajo del equipo se notó.
Pero el resultado electoral no fue bueno.
Ahí volvió mi amigo y me dijo “te lo dije, mucha propuesta, mucha seriedad, pero si no prometes, no ganas“.
Tengo la esperanza que los uruguayos no nos dejaremos convencer más por falsas promesas en los tiempos electorales.
En la última elección muchos creyeron cuando se les dijo que no se aumentaría la carga tributaria.
También confiaron en quienes prometieron bajar las rapiñas un 30% y aseguraron que en el terreno económico no habían problemas repitiendo hasta el cansancio “vamos bien“.
Recuerdo que cuando les dijimos lo contrario nos acusaron de estar enamorados de los ajustes fiscales, de querer que al país le vaya mal y hasta de “lucrar con el miedo de la gente por la inseguridad“.
Pasó poco tiempo, un año y medio, y las promesas se incumplieron.
La Economía no estaba bien ni íbamos bien como se decía.
Estaba mal, muy mal.
Esto provocó que no se pudiera sostener la promesa de no aumentar la carga tributaria.
Las rapiñas no sólo no bajaron 30% sino que crecieron. Los homicidios más.
Es decir, mintieron.
Lo peor, ahora, es como tratan de disfrazar su incumplimiento.
Primero recurrieron a una especialidad de la casa: las palabras, el mensaje.
“No estamos haciendo un ajuste fiscal sino una consolidación fiscal“ dijeron tratando de justificar lo injustificable.
Por suerte ya no insisten con eso.
“ Lo que prometimos fue no crear nuevos impuestos. Lo que estamos haciendo es subir impuestos que ya existían“ se justifican, sonriendo y pensando que están ante pre escolares.
Finalmente terminaron reconociendo que “se trata de un ajuste fiscal pero un ajuste fiscal de izquierda“. Piensan que pueden convencernos que por ese motivo no es malo.
“Bajaron las rapiñas en el mes de mayo en una zona en que se aplicó un nuevo sistema de patrullaje“ repite el ministro del Interior quien pasó de 199 homicidios en el 2011 a 289 en el 2015, mientras soportamos un crecimiento de las rapiñas en todo el país.
Lo peor fue la explicación de la Ministra de Industria esta semana acerca del no pago en fecha del IVA por parte de Ancap. Según ella no fue un incumplimiento sino un “desfasaje“.
Incurra Usted, amigo lector, en un “desfasaje“ en el pago de los impuestos y constate lo que le pasa.
Por suerte todas estas cosas se están terminando.
Aquí y en la región.
Los populistas que prometían y gastaron más de lo que podían gastar están dejando el gobierno.
Lo hacen en muchos lugares con un doble descrédito: los ciudadanos perciben que se les mintió, que se les prometió lo que después no se cumplió, por un lado.
Por el otro, muchos de los gobernantes terminan involucrados en severas acusaciones de corrupción.
La respuesta es, de nuevo, que todo se trata de un “complot de la derecha“.
Vuelven a inventar un enemigo con el cual pelearse. Dividen y proponen que se tome bando.
Los ciudadanos, en su amplia mayoría, ya no les creen.
El tema ahora pasa por ofrecerle a esos ciudadanos una propuesta creible, cumplible.
Algunos se tientan y desde el llano vuelven a prometer cosas que no se pueden cumplir.
Aparecen los nuevos profetas que no van al fondo de las cosas sino que con un slogan, una frase que repiten una y otra vez, pretenden que se confíe en ellos.
“Después, cuando llegue, veo como hago“ piensan.
Es peligroso.
Los votantes ya confiaron y no les cumplieron.
Una nueva desazón puede derivar en un “que se vayan todos“ como sucedió en Argentina hace un tiempo.
El voto es una herramienta muy poderosa.
La usamos cada 5 años pero no debemos acordarnos de ella cada 5 años.
Tenemos que tenerla presente cada día.
Para así recordar lo que se promete y lo que se hace.
Para cambiar, que es lo que hoy se necesita y por suerte se viene. Cambiar y salir de esta situación económica complicada en que hoy estamos y que está afectando el empleo.
Cambiar y mejorar la educación que está en retroceso. Para que su hijo y todos los hijos de los uruguayos tengan un mejor futuro.
Para vivir en paz y no como hoy.
Por ello no les crea a los que cuando llegan las elecciones, se escuchan los jingles pegadizos, aparecen los carteles y el papel picado, les prometen lo que después no cumplen.
Vaya anotando desde ahora.
No les crea a los que hoy ya adelantan que con ellos todo se solucionará sin explicar cómo lo harán.
Mire que cuando se apaga la música, se recogen los carteles y el papel picado y termina la elección después son 5 años que tenemos por delante.
5 años que no se llenan con promesas sino con trabajo.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 55 años.

  • Anacleto Perez

    La publicidad cagatinera del fa funcionó perfectamente: comprando voluntades desde la intendencia de Montevideo; lael culturra de izquierda lavando cabezas en la tv, carnavales, educación y prensa; los sindicatos apretando a los trabajadores para afiliarse y votar al partido de ellos y alimentándose de las donaciones venezolanas y entrenamiento de los camaradas cubanos. Eso fue algo desigual que si les hubiera pasado a los “compañeros y compañeras” estarían haciendo un escándalo por falta de honestidad.