Lunes, 15 de mayo de 2017

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¿Crisis de los partidos o partidos en crisis?

La reciente elección de un candidato ajeno a los dos grandes partidos democráticos tradicionales en Francia, Emmanuel Macron, para la presidencia de la República, ha desatado una acelerada descomposición o, por lo menos, reconfiguración de esas fuerzas. Que en el país donde nacieron los conceptos de izquierda y derecha gane un candidato presidencial que se presenta como la síntesis de ambos, es un llamado poderoso a la reflexión sobre los tiempos políticos que estamos viviendo.

Es claro que los términos “derecha” e “izquierda” se han convertido en etiquetas bastante vacías desde hace decenios. La idea original venía, precisamente, de cómo se ubicaron los diputados en el hemiciclo de la Asamblea Nacional francesa: los más conservadores, a la derecha, y los más revolucionarios, a la izquierda. Pero durante la primera guerra mundial, en 1917, tomó el poder en Rusia el minúsculo partido bolchevique; y tras el fin de la gran conflagración, aparecieron fuerzas paramilitares ultranacionalistas como los fascistas italianos, a las que el Komintern (la Internacional Comunista) ubicó en la “extrema derecha”, taxonomía que les servía para poner en sus antípodas a este nuevo actor político que, por genealogía e ideario antidemocrático, se les asemejaba demasiado… Con el fin de la guerra fría y el desplome de la URSS, muchos de los viejos partidos comunistas europeos se transformaron en socialdemócratas, sobre todo en Europa Oriental, dejando arrumbado el manual marxista. El Partido Laborista británico volvió a ganar elecciones recién en 1997, tras dieciocho años en el llano, gracias al New Labour y la “tercera vía” que planteó Tony Blair, recogiendo todo lo que veía como positivo de la economía de mercado y la iniciativa privada. Izquierda y derecha pasaron a ser más difusos, menos discernibles en la postguerra fría.

Bien podríamos decir que hay partidos en crisis, más que una crisis de partidos. La política es dinámica y se buscan nuevos caminos para que el gobierno representativo tenga vasos comunicantes con la ciudadanía. No sólo hay nuevas problemáticas que se escapan de los estrechos moldes ideológicos (problemas ambientales, corrientes migratorias, tráficos ilícitos, uniones supranacionales, sexualidad), sino que además han aparecido nuevas formas de canalizar las demandas cívicas, como las redes sociales. La alternativa de la democracia directa ejercida en forma permanente vía internet no es viable: las temáticas son de gran complejidad para que el ciudadano común, en su tiempo libre, pueda evaluar y debatir iniciativas legislativas con un solo click. Los partidos políticos y el régimen representativo no perecerán, pero necesitan adaptarse a las nuevas expresiones y a la articulación de las ideas y demandas. Los populismos son el resultado de una insatisfacción ante los viejos moldes, pero no hacen más que agravar los antiguos problemas. La salud de la democracia residirá en la capacidad que tengan los liderazgos en hacer la lectura adecuada de lo que está aconteciendo, sin necesidad de arrojar por la borda a los partidos políticos, la representación parlamentaria y el Estado de Derecho.

Ricardo López Göttig

Autor: Ricardo López Göttig

Profesor y Doctor en Historia, Doctorando en Ciencia Política. Profesor en la Universidad ORT Uruguay y Profesor Titular en la Universidad de Belgrano (Buenos Aires). Consejero académico de CADAL.

  • fernando

    hay derecha y hay izquierda y están los ostros los partidos o sectores que crean el marketing político,