Jueves, 2 de marzo de 2017

MENU

Cuánta razón tenía Mark Twain

Samuel Langhorne Clemens es seguramente un nombre que a muchos les resulte desconocido, pero seguramente si nos referimos a este extraordinario sujeto por su pseudónimo, éste nos resulte familiar, ya que este señor no es otro que el famoso escritor estadounidense Mark Twain, autor entre otros de la novela “Las aventuras de Tom Sawyer”.

Una de las características distintivas de Mark Twain era su extraordinaria capacidad para acuñar frases, que entre ironía y desparpajo, encierran muchos conceptos que aún hoy, más de cien años después de su muerte, siguen estando vigentes. En particular me referiré a una de ellas, la cual dice: “Es más fácil engañar a la gente que demostrarle que ha sido engañada”.

La frase de Mark Twain aplica tal cual a una situación que está ocurriendo con una parte del electorado del Frente Amplio.

Esta fuerza política, que tiene su origen como tal en el año 1971, surge como la confluencia de un grupo de partidos identificados con ideales denominados de izquierda (concepto que nadie ha logrado definir específicamente qué quiere decir, pero representa un paradigma con el cual muchos se sienten cómodos) y votantes escindidos de los partidos Colorado y Nacional, que no encontraban en la oferta de los partidos tradicionales una identificación con su pensamiento, o se sentían defraudados por su accionar.

Durante sus primeros 20 años de vida, una buena parte electorado del Frente Amplio (se debe tener en cuenta que en ese período el Frente Amplio representó en el entorno de un 20% del electorado total) se caracterizaba por pertenecer a sectores intelectuales, académicos, de zonas urbanas, principalmente radicado en Montevideo, que en cierto modo hasta llegaban a despreciar a otros sectores de la sociedad, como por ejemplo el sector rural (más vinculado en su percepción de la realidad al Partido Nacional), al cual acusaban de conservador y mezquino, los sectores empresarial y comercial (más vinculados en su percepción de la realidad al Partido Colorado), a los cuales acusaban de prebendarios, y a la ciudadanía a la cual tildaban con el peyorativo adjetivo “lumpen”, el cual tiene su origen en la obra de Marx y Engels. Una típica frase de los votantes del Frente Amplio que se recuerda de esa época era que en los cantegriles estaba lleno de banderas de la lista 123.

La elección del año 1994 marcó el primer salto cuantitativo en la votación del Frente Amplio a nivel nacional, cuando alcanza un 30% del electorado, estando el mismo seguramente basado al menos en parte, en el prestigio adquirido por el Cr. Danilo Astori durante la campaña para la derogación de la Ley de Empresas Públicas Nº 16.211. La figura de Astori se convirtió para muchos, propios y extraños, en una imagen de profesionalismo, solidez y seriedad, la cual hasta ese entonces para buena parte del electorado no daban los técnicos frenteamplistas. En la elección de 1994 el Frente Amplio pasa del 21% al 31% del electorado, y para la elección de 1999 alcanza el 39% en primera vuelta, siendo por primera vez en su historia el partido más votado. En el segundo lustro de la última década del siglo pasado una persona relativamente joven, intelectual, universitaria, perteneciente a clases acomodadas, con residencia en Montevideo o ciudades muy pobladas, seguramente votaba al Frente Amplio. Y ese votante frenteamplista al mismo tiempo encasillaban con desprecio a los votantes de los partidos tradicionales en dos categorías: por un lado estaban los individuos con escaza capacidad para razonar, poca cultura, en otras palabras lo que Marx y Engels denominaban con el adjetivo lumpen, y por el otro, los beneficiarios de un sistema de clientelismo político. Para estos ilustrados votantes del Frente Amplio los partidos tradicionales eran sinónimo de corrupción, acomodo, amiguismo y todos los vicios que la política tiene.

El paso de los años, con el consecuente desgaste del ejercicio del poder para el Partido Colorado, la debacle de 2002, y el crecimiento del prestigio de la figura de Mujica, amplió significativamente la base de votantes del Frente Amplio, alcanzando su pico histórico en la elección de 2004 en la cual superó el 50% de los votos, no necesitando recurrir a la instancia de balotaje. Para alcanzar ese guarismo, fue necesario ampliar el espectro de votantes, y en ese aluvión se sumaron muchos ex votantes de los partidos tradicionales, muchos de los famosos lumpen anteriormente criticados, así como también empresarios de los más diversos sectores. Aquél grupo intelectual que componía el cerno del Frente Amplio, para el cual la racionalidad, la justicia, la transparencia y honestidad eran valores innegociables, eran testigos de cómo aquellos a quienes denostaban fueron quienes contribuyeron para su ascenso al poder, y a la vez tenían voz y voto al momento de tomar decisiones u ocupar cargos.

En su primer gobierno Tabaré Vázquez logró dominar mayormente a ese variopinto conglomerado, y salvo contadas excepciones guió a su antojo la política del país. Su sucesor en el ejercicio del poder, por convicción propia y de modo deliberado promovió un modelo de gestión anárquico, en el cual la formación, conocimiento, etc., pasaron de ser un activo a prácticamente un estigma. La “barra” adquirió poder. Aquél frenteamplista de la primera hora, fue testigo de una transformación de su fuerza política en la cual todo aquello que era motivo de orgullo, pertenencia y diferenciación, se había pulverizado. Y aparecieron los vicios que antes eran patrimonio exclusivo de los partidos tradicionales, como la corrupción, el clientelismo, la arbitrariedad, etc. Primero los votantes del Frente Amplio lo negaron, ahora el argumento es los otros también lo hacían. El actual gobierno muestra una figura de Vázquez con menor peso que en su primera versión, al cual sectores dentro de su propio partido no tienen ningún reparo en desafiarlo en caso de discrepar con sus decisiones.

De buenas a primeras, sin poder explicarse cómo, aquél Frente Amplio del Dr. Conrado Ramos se convirtió en el Frente Amplio del Pato Celeste.

De a poco algunos intelectuales conscientes de este proceso de deterioro del Frente Amplio optaron por apartarse, unos en silencio, otros con mayor resonancia, y otros, los más, todavía prefieren mantenerse con la venda que les permita vivir una ilusión que dista de una realidad que a esta altura es insoslayable. Y en el fondo lo que no les permite quitarse esa venda tiene relación con la frase de Mark Twain, “Es más fácil engañar a la gente que demostrarla que ha sido engañada”, admitir que ellos fueron engañados y con su voto contribuyeron a que los sectores radicales del Frente Amplio sean los que hoy mandan, que hayan convertido al país en rehén de la obediencia partidaria, y que hasta la propia Constitución sea avasallada si ésta va en contra de lo que la circunstancia lo amerita, porque como dijera Mujica en una célebre ocasión “lo político está por encima de lo jurídico“, resulta difícil de digerir para los históricos intelectuales de izquierda. Parece curioso, pero uno de los episodios que más ayudó a abrir los ojos en cuanto al deterioro moral del Frente Amplio fue el affaire del título del vicepresidente Raúl Sendic. Para muchos históricos votantes esa coalición el hecho resultó una afrenta.

En el Uruguay cada cinco años volvemos a tener una oportunidad de elegir a quienes nos gobiernan, esperemos que ese grupo de ciudadanos entienda que a esta altura de aquella ilusión principista sólo quedan despojos, que la vanidad no los venza y los obligue a renovar la confianza a una fuerza política que sufrió metamorfosis peor de la que ellos mismos pudieron imaginar.

Ojalá que la frase de Mark Twain no se aplique en la próxima elección, porque el país no puede permitirse que el tiempo siga escurriéndose como agua entre las manos.

Ciro Mata

Autor: Ciro Mata

Ingeniero Electricista (Universidad de la República, UdelaR, 2003). Postgrado en Administración de Empresas (2004) y Maestría en Administración de Empresas (MBA) (2006), Universidad Católica del Uruguay. Postgrado en Metodología de la Investigación, Universidad de la Empresa en (2012). Ejerció como docente en la Facultad de Ingeniería de la UdelaR y actualmente se desempeña como docente de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad de la Empresa y la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica del Uruguay. Profesionalmente se ha desempeñado en UTE como subgerente del Área Planificación.