Martes, 19 de diciembre de 2017

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Culminando un nuevo año

“Nuestros hombres carecen del sentido de la previsión. El mañana no existe para ellos. Considerados como seres emocionales son unos entes antojadizos, nerviosos, impulsivos, desgalichados, que no calculan en sus acciones, que obran inopinadamente, con intervalos de desaliento y locura, febráticos, incoherentes, sin que se note en su vida interna la ligazón vertical, la euritmia trabajosa del pensamiento, y la lucha relampagueante de las impresiones, antes de solidificarse en actos volubles de empirismo lógico… El acto de formar deducciones prontas, irrevocables, ante la menor indicación, dice Spencer, dista menos de la acción refleja que el del aseverar conclusiones deliberadas y modificables mediante testimonios numerosos.” (Herrera y Reissig, J., 2007, 114)[i]

 

Desazón, impotencia y bronca. Es lo que sentimos al observar el estado actual de nuestra educación. La misma que supo ser ejemplo para otros países de América Latina y motivo de orgullo para los uruguayos, pero que desde hace más de una década viene desbarrancándose. Este proceso de caída libre coincide con la llegada del actual partido de gobierno al poder y, por ende, con la incorporación a la conducción del sistema educativo, de autoridades que se identifican ideológicamente con aquél, sin que ello signifique que sean las personas más capaces y eficientes para el desempeño en semejante tarea.

Los discursos del actual Presidente, así como el de su antecesor al asumir el cargo, pronunciados ante la Asamblea General, colocaron a la educación como objetivo preferencial para la gestión. Hoy podemos decir que nos vendieron humo.

Un cambio de ADN anunciado pomposamente al asumir el actual Presidente, todavía no se ha producido, es más, ni siquiera hay señales que hagan prever que pueda llegar a darse. Los datos emergentes de diferentes pruebas internacionales, así como de análisis efectuados a nivel local muestran resultados poco estimulantes. Bajos niveles de rendimiento, fundamentalmente en matemáticas y lengua, índices de deserción preocupantes y marcado desinterés de los jóvenes por el tipo de educación que reciben. A simple vista se puede concluir que hay que hacer una revisión a fondo tanto de los contenidos como de la forma en que se está implementando nuestra enseñanza.

En el ámbito de la enseñanza primaria se apuntó a condicionar la repetición sólo en determinados grados, flexibilizando el número máximo de inasistencias que puede tener un alumno e incorporando un pase social para que el alumno, aún sin haber obtenido los conocimientos básicos necesarios, pueda continuar con su trayecto educativo. Es curioso que para mostrar mejoras en los resultados de los educandos, se baje el nivel de exigibilidad en lugar de buscar estrategias de enseñanza que logren un mejor aprovechamiento y la consecuente obtención de mejores y más pertinentes aprendizajes por parte de aquellos.

En enseñanza media mantenemos niveles de deserción y falta de interés por parte de los alumnos. Nada ha cambiado. Lo que más ha ocupado a las autoridades de educación secundaria es el mecanismo a aplicar para la elección de horas y algunas modificaciones en el funcionamiento institucional. Actitud autoritaria por parte de las autoridades y actitud confrontativa por parte del colectivo docente a través de los sindicatos. Hemos presenciado que éstos han logrado frenar las iniciativas de aquellas. Clara demostración de la falta de liderazgo, la ausencia de autoridad (aunque parece haber autoritarismo) y, por ende, falta de razón en quienes ocupan las jerarquías del subsistema de educación secundaria, las que, sistemáticamente, ceden y retroceden en sus decisiones. En educación técnica hay un silencio preocupante. El que debería ser el subsistema con mayor desarrollo y propuestas pues así lo exige el cambio socio cultural y tecnológico del mundo en el que estamos inmersos, se encuentra aletargado en una realidad donde nada parece suceder. Tristeza y desconcierto produce ver a la educación técnica perderse en la nada luego de haber logrado una reforma altamente positiva en la década del noventa, logrando uno de los momentos más auspiciosos de su historia.

La formación docente no es más auspiciosa, tal vez lo sea menos. Un plan de estudios que entró en vigencia en el año 2008 y que al presente denota ser ineficaz y desajustado con la realidad. Absorbente en exceso dado la excesiva carga horaria, asignaturista y condescendiente en el régimen de evaluación y pasaje de grado, donde la posibilidad de exoneración posibilita no rendir examen, aunque no asegura que todos quienes lo logran tengan el nivel suficiente para la aprobación de la asignatura. Se trata de un régimen único aplicable a los IINN, IPA, CERP e INET.

La formación docente no muestra claros síntomas de mejora. En el lobby se dejan oír rumores de cambio de planes; lo curioso es que los mismos se manejan a nivel de subsistema o, peor aún, de algún instituto en particular sin aprobación del ente respectivo, es decir la ANEP. Baste como ejemplo lo sucedido con los cursos de Maestro y Profesor Técnico en INET, donde hubo que suspender las inscripciones por falta de homologación de los mismos por parte de CODICEN.

Tímidamente se escucha el propósito de poner en funcionamiento el tal mentado Instituto Universitario de Docencia. Creado por la Ley de Educación N° 18.437, de 12 de diciembre de 2008. Se han cumplido nueve años de la entrada en vigencia de la mencionada norma y el instituto universitario continúa en el debe. No ha pasado de ser una buena intención. Aparentemente, se está trabajando en el proyecto de ley orgánica correspondiente, sin saberse con certeza que grado de avance tiene ni quienes están a cargo de la redacción. Si es así, permítaseme usar un refrán uruguayo: “mala tos le siento al gato.”

Estamos culminando un nuevo año y tal es el panorama que podemos observar. Nada ha mejorado y los cambios no son los prometidos. Van dirigidos a la estructura y distribución de funciones entre jerarcas, pero no abordan el fondo del asunto. Y si alguna “innovación” aparece, es un retoque, cambios tan burdos como equívocos para que las estadísticas cierren y la tribuna quede conforme. Lo que se esté haciendo se está haciendo por el camino equivocado. Es el cambio “en la chiquita” como se dice vulgarmente. Tal como lo manifiesta Herrera y Reissig y que transcribiéramos en la lectura del exordio. No hay cambios con visión de provenir; hay que mostrar algo aquí y ahora, cambiar algo para que todo siga como está, en soberbia actitud gatopardista. Las autoridades oficialistas, abrazadas a una ideología y desatendiendo las necesidades que la realidad plantea, actúan caprichosamente, sin poder dar cumplimiento a una innovación requerida tanto en lo académico como en lo social. El gobierno quiere tener el monopolio de la educación, no para mejorarla sino para utilizarla como herramienta de máximo control. “Y esto… es lo que persiguen lo vendedores de baratijas arcaicas, los archiveros de la estupidez, los que lejos de volverse al Porvenir, abonan el pasado con predicaciones calenturientas, y elevan como divisas de progreso el sudario en que descansan sus momias.” (Herrera y Reissig, J. 2007, 116).

Agreguemos a lo dicho la existencia de dos centros de poder en la educación que marchan autónomamente y, en muchos casos, contradictoriamente. El Ministerio de Educación y Cultura y la Administración Nacional de Educación Pública no son un matrimonio bien avenido; hay entre ellos riñas y disputas y tengamos presente que ésta es una causal de divorcio. El Consejero de CODICEN de la oposición, electo por el orden docente, manifestó públicamente que el órgano que integra carece de liderazgo. Es notorio. Y es bueno que alguien tenga la dignidad de decirlo.

Estamos culminando un nuevo año, el decimotercero de gobierno progresista, el decimotercero en que la barca llamada educación está al garete. Es parte de una situación global en la que el gobierno también lo está. José Saramago, Premio Nobel de Literatura, izquierdista confeso, cuenta lo sucedido en una entrevista, en la cual, trascendió una frase: “En toda su crudeza, sin escamotear su propia obscenidad, la frase, puntualmente reproducida por el periódico, era la siguiente: “La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive”. A mí intención, deliberadamente provocadora, la izquierda así interpelada respondió con el más gélido de los silencios… Ya tengo la explicación: la izquierda no piensa, no actúa, no arriesga ni una pizca.” (Saramago, J., 2009, 49-51).[ii]

El balance del presente año en el rubro educación, cierra en números rojos. Y en rojo ha de quedar mientras no haya un cambio de criterio por parte de las autoridades que la manejan y que obedecen al partido de gobierno. Para ello es preciso tener autocrítica y parece que no la tienen. Para ello es preciso tener claro el objetivo que se persigue y parece que no lo tienen. Para ello es preciso querer realmente el cambio y parece que no lo quieren. Para ello es preciso anteponer los intereses sociales y educativos a los político-partidarios, y parece que no están dispuestos a hacerlo.

Me considero un hombre con mentalidad positiva, aunque alguno me considere un pesimista después de leer estas líneas. Les aseguro que no lo soy, En todo caso soy realista. El querer lo mejor para mi país y para la educación, a la cual me encuentro vinculado hace más de cuatro décadas, me transforma en un crítico severo. Pero en aras de recuperar el nivel que supimos tener en nuestra educación y aún más, superarlo de acuerdo al tiempo actual. No dejo de tener esperanza en que lo habremos de lograr. Hay que analizar y corregir con criterio, solvencia y coherencia. Como escribiera José Saramago en el epígrafe de su obra “Ensayo sobre la ceguera”: “Si puedes mirar, ve. Si puedes ver, repara.”

 


 

[i] HERRERA Y REISSIG, Julio: Tratado de la imbecilidad del país por el sistema de Herbert Spencer, 2007, Editorial Taurus.
[ii] SARAMAGO, José: El cuaderno, 2009, Alfaguara.

Juan José Villanueva

Autor: Juan José Villanueva

Doctor en Derecho y Ciencias Sociales y Doctor en Diplomacia egresado de la UDELAR. Profesor egresado del INET. Ha cursado la Maestría Educación y Sociedad de la UCUDAL y es Experto Universitario en Administración de la Educación (UNED). Ha realizado diversos cursos vinculados con el área educativa y jurídica. Fue docente de Educación Media Técnica (1974 – 2009), Docente del Instituto de Profesores Artigas y del INET. Coordinador de los Bachilleratos Tecnológicos de UTU, Director del Programa de Administración, Comercialización y Servicios y Secretario Docente del CETP – UTU (1996 – 2004). Coordinador Nacional de Derecho del Consejo de Formación en Educación (2009 – 2011) Ha asesorado y asesora a entidades educativas privadas y desempeña en funciones de Dirección. Es docente de Sociología en instituciones terciarias y universitarias privadas desde el año 2007 y ha realizado diversas publicaciones sobre temas educativos.