Martes, 29 de noviembre de 2016

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De las obsoletas inspecciones al modelo de supervisión

Se acumulan  las evaluaciones y los estudios críticos sobre la situación educativa y el único que parece no enterarse es el gobierno. El último informe , difundido días pasados, de la OCDE, aborda varios temas interesantes relacionados con la gestión y el funcionamiento de la educación, algunos que profundizan en cuestiones ya analizadas y otros que incursionan en dimensiones menos trabajadas. Una de éstas últimas es la supervisión o, para utilizar el lenguaje oficial, las inspecciones.

El estudio es contundente al  afirmar que “el modelo de inspección no fomenta el desarrollo educativo” .    Al priorizar  la evaluación individual de docentes y directores, se posterga la mirada respecto al conjunto del centro educativo. En educación media se agrava porque las inspecciones de docentes, directores y centros están fragmentadas, cada una de ellas se hacen por separado, a lo que se agrega la compartimentación de las inspecciones de las asignaturas, que tampoco se coordinan por centros.  Estudios anteriores ya habían mostrado que buena parte de los docentes reciben inspecciones con muy baja frecuencia, no es raro que demorando más de un año entre una y otra. Sin embargo la inspección es decisiva para la evaluación de los docentes; por ejemplo en secundaria tiene un peso del 70%,, frente al 30% del Director del centro donde el docente trabaja. La consecuencia es que muchos docentes en realidad prácticamente no resultan evaluados, considerando además que muchas veces los propios Directores se autolimitan, cuando el docente es de asignaturas diferentes a la suya.  En primaria la referencia es tanto el docente (en perjuicio de la perspectiva referida al centro), que al llegar a determinado nivel los maestros pueden optar por no recibir más inspecciones.

El estudio de la OCDE agrega que las inspecciones se concentran en cuestiones de control y cumplimiento,  careciendo de claridad, transparencia y objetividad y no priorizando el liderazgo educativo, que hoy se reconoce como un factor decisivo para el aprendizaje de los educandos.

Las inspecciones en el mundo, en contraste, complementan las funciones de apoyo y orientación, con las de control y verificación.  En varios casos incluso unas y otras están a cargo de personas y hasta de organismos distintos.  Su principal referencia no es cada docente o incluso el director, sino lo que logra o no el centro en su conjunto. Se hacen en base a referencias claras que le dicen a los centros que es lo que se espera de ellos, tomando además como base los diagnósticos y planes que cada centro realiza, de acuerdo a su contexto y situación.

O sea que en nuestro país no sólo la denominación de inspecciones es vetusta; el nombre designa bien a una estructura y una modalidad, que habiendo sido adecuadas en otros momentos de la historia de nuestra educación, hoy resultan obsoletas.  Aferrarnos a este modelo en creciente desuso en el mundo, contribuye al deterioro educativo que sin prisa y sin pausa venimos sufriendo.

El modelo que podemos llamar de supervisión, en contraste con el de inspección, no sólo  es la tendencia  en el mundo, también se está aplicando en nuestro país, aunque  no en la educación formal. El INAU está implementando una reforma de su estructura y funcionamiento, que entre sus cambios incluye el pasar del viejo modelo basado  en disciplinas, en el que se supervisaba por separado, en este caso a los psicólogos, a los trabajadores sociales o a los educadores, a un nuevo modelo, que aborda integralmente a cada centro educativo y a su proyecto de trabajo. Tiene como referencias perfiles de intervención de los diferentes tipos de proyecto, que procuran definir (a veces con más, otras con menos precisión)   lo que se espera de cada modalidad de trabajo, constituyendo una referencia tanto para los supervisores, como  para los supervisados. Por lo tanto estos tienen pautas de como se los va a evaluar. Y el propósito y la periodicidad de las supervisiones  procuran combinar orientación y apoyo con control.  El cambio fue importante, desaparecieron las antiguas estructuras, se redefinieron los roles de supervisión y se reasignaron los funcionarios. Es un proceso que está en marcha, como todo cambio organizacional relevante enfrenta dificultades, recibiendo tanto resistencias como apoyos.

En definitiva, tanto la experiencia comparada, como la nacional nos plantean la pregunta o más bien el desafío de, entre otras transformaciones educativas, pasar del modelo de inspección al de supervisión.  Los estudios y la experiencia muestran que ello permitiría hacer un aporte a las fuertes exigencias de calidad y equidad que hoy enfrentamos.

Javier Lasida

Autor: Javier Lasida

Javier Lasida es Licenciado en Ciencias de la Educación de la Universidad de la República, Máster en Ciencias Sociales de FLACSO Buenos Aires y candidato a Doctor en Educación de la Universidad Autónoma de Madrid. Se desempeña como profesor titular e investigador en la Universidad Católica del Uruguay. Fue Director durante 6 años del Programa Projoven del Ministerio de Trabajo de Uruguay. Se ha desempeñado en roles de consultoría, gestión y evaluación de política educativa para varios gobiernos, instituciones privadas y organismos internacionales en Uruguay y varios países de la región. Es autor de libros y artículos en publicaciones académicas y en la prensa, en temas de su especialidad.

  • Hugo Hernández Serena

    ¿Acaso acá el gobierno se entera de algo que sea su fuerza política? Si parece que fuesen la VERSIÓN “URUGUAYIZADA” DE ‘ALICE IN WONDERLAND’