Viernes, 7 de agosto de 2015

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De Walter Gómez a Carlos Sánchez

“La gente ya no come para ver a Walter Gómez”, esa histórica y hasta mística frase, se entonaba en la Buenos Aires de los albores de la segunda mitad del pasado siglo XX. Cuentan, muchos que lo vieron jugar, que Walter Gómez fue el mejor jugador uruguayo de todos los tiempos. Por más que, por una sanción (ver apunte) se perdió de jugar la Copa del Mundo de 1950 y que nunca ganó una Copa América.

Walter Gómez, nació en Montevideo en el 1927. Jugador de Central FC, de Nacional y la selección uruguaya, con quien jugó el Sudamericano de 1946, su gran destaque fue en en River Plate con quien ganó los torneos de 1952, 1953 y 1955.

Narra, en una crónica, la revista argentina El Gráfico: “Cuando Antonio Vespucio Liberti (presidente de River Plate) cruzó el charco para ir a buscarlo, Gómez estaba suspendido por un año como consecuencia de un incidente con un árbitro. La prohibición de actuar en Uruguay no le impedía hacerlo en Argentina. El pase costó un millón de pesos, una fortuna de plata por entonces. Y, desde ese primer minuto en su debut en River frente a Newell’s –anotó el gol en 60 segundos– comenzó su romance con la gente. El fue el responsable de que en el Monumental se escuchara por primera vez el grito tradicional de “u-ru-guayo, u-ru-guayo” que después de volvió un clásico canto de agradecimiento para cada oriental que supo triunfar en el fútbol nuestro”.

 

La sanción a Walter Gómez.

El 9 de octubre de 1949 se disputó el clásico por la primera rueda del torneo Uruguayo, el que ganó Peñarol 2-0 con goles de Alcídes Ghiggia y Ernesto Vidal. Ese clásico pasó a la historia como el “clásico de la fuga”, ya que Nacional no disputó el segundo tiempo, en señal de disconformidad con el arbitraje de Horacio Bochettti. A los 41’ del primer tiempo Anìbal Paz le atajó un penal a Óscar Míguez, en el rebote el “Patrullero” Vidal, anotò el gol que puso el 2-0 para Peñarol. Esa incidencia fue enérgicamente protestada por Eusebio “Cato” Tejera, quien reclamó posición adelantada del futbolista de Peñarol. El árbitro Horacio Bochetti, le expulsó y Nacional quedó con 10 jugadores. Antes de finalizar el primer tiempo Walter Gómez agredió al árbitro Horacio Bochetti quien le expulsó. Esa acción de Walter Gómez le significó una sanción de un año para jugar en Uruguay, por lo que se perdió nada menos que la Copa del Mundo de 1950.

 

Tras 65 años otro uruguayo ganó la idolatría de los hinchas de River Plate: Carlos Sánchez, el volante, que llegó a la institución de la banda roja, tras pasar antes por Godoy Cruz de Mendoza y un préstamo por Puebla de México, luego de jugar en Liverpool de Montevideo. Es que Carlos Sánchez se transformó en talismán del River Plate que dirige Marcelo Gallardo. El volante anotó los goles en ambos partidos con los que River Plate venció a San Lorenzo, ambos por 1-0, para ganar, al comienzo de este año, la Recopa Sudamericana. Asimismo en la final de la reciente edición de la Copa Libertadores, no dudo en tomar la pelota bajo su brazo, luego del penal que a él mismo le cometieron y ejecutó el mismo con convencimiento y precisión para marcar el segundo gol de River Plate. Fue el gol que comenzó a asegurar el triunfo y la tercera Copa Libertadores para el elenco “millonario”. No en vano fue elegido como el jugador más valioso de la final. Junto a Carlos Sánchez, otros tres uruguayos celebraron el título: Camilo Mayada, Rodrigo Mora y Tabaré Viudez.

La simbiosis entre River Plate y los uruguayos tuvo otros ejemplos. Uno de ellos el de Antonio Alzamendi, el duraznense integró el equipo campeón de Copa Libertadores en 1986 y de la Copa Intercontinental de ese mismo año, del que fue del gol decisivo en Tokyo, para vencer 1-0 a Steaua Bucarest de Rumania. En ese plantel de River Plate, que ganó la Libertadores, también jugaron Nelson Gutiérrez, el artíguense Mario Saralegui y el recordado extremo izquierdo Rubens Navarro.

Francescoli: el elegido

Pero si Walter Gómez fue el “culpable” de que el grito de “u-ru-gua-yo, u-ru-gua-yo” ganara a la afición de River Plate, hubo alguien que lo ratificó y con creces: Enzo Francescoli. Signado como uno de los jugadores más emblemáticos en la historia del club de la diagonal roja, el talentoso volante llegó a River Plate en 1983, procedente de Wanderers de Montevideo. Fue goleador del Metropolitano en 1984 y al año siguiente futbolista argentino del año. Caprichos de destino, Francescoli se marcho al Racing de París, después de la Copa del Mundo de 1986, en junio. Ese año, River Plate ganó la Copa Libertadores, por primera vez, la que se jugó a partir de julio de dicho año. Tras su pasaje por el fútbol francés e italiano, Francescoli regresó a River Plate en 1994. Dos años después tuvo su revancha y  fue campeón de la Copa Libertadores de 1996, en un equipo que también integró otro uruguayo, Néstor Gabriel Cedrés, en 1997 ganó la Supercopa Sudamericana, última ocasión que se jugó dicho torneo.

Francescoli fue un jugador que, con su fútbol atildado y sus goles de gran factura técnica,  cautivaron al público “millonario”, como por ejemplo el célebre y recordado gol de chilena, a la selección de Polonia, en Núñez en el verano austral de 1986. Su idolatría sigue hasta el presente: el otrora volante, convertido en Manager del club, fue quien confió en Marcelo Gallardo, con quien jugó, como entrenador del equipo de River Plate. No de menor importancia resulta el dato que, Marcelo Gallardo, se estrenó como técnico en Nacional de Uruguay en la temporada 2011/12, con quien fue campeón uruguayo, título que ya había obtenido, como jugador, en la campaña 2010/11, dirigido por Juan Ramón Carrasco.

De Pedro Lago a Viudez

El rico caudal de jugadores uruguayos que brillaron en River Plate es vasto. Mismo antes del afamado Walter Gómez, pasaron Pedro “Mulero” Lago, Pablo Dorado, campeón del mundo con Uruguay en 1930 y el mismísimo Luis Ernesto Castro, “Mandrake” quien jugó en el año 1950.

Otro de los elegidos fue Luis Alberto Cubilla, que si bien no pudo alzar la Copa Libertadores de 1966, tras perder en la final ante Peñarol, desparramó su talento y clase, simultáneamente con el defensor Roberto Matosas. Cubilla fue también entrenador de River Plate, en la década de 1980 y dirigió a Enzo Francescoli.

Juan Ramón Carrasco, Alfredo “Polilla” De Los Santos, fueron otros dos jugadores que llegaron a los “millonarios” a fines de 1970, procedentes de Nacional. Esos pases generaron, en 1979, el encarcelamiento del por entonces presidente de Nacional, Miguel Restuccia, por presunción de irregularidades en la comisión del pase de ambos jugadores. A los seis meses después Restuccia fue sobreseído.

Entre historias curiosas, la de hermanos uruguayos que jugaron en River Plate: Jorge y Ruben Da Silva, por más que no coincidieron. Y a propósito del menor de los Da Silva, Ruben, él, junto a Gabriel Cedrés, tienen la particularidad de que tras destacar en River Plate, pasaron por su clásico rival: Boca Juniors.

Y hubo más. Baudilio Jaureguo, Alberto Bica, Carlos Berrueta, Jorge Villazán, Hugo De León, Alfonso Domínguez, Javier Zeoli, Martín Del Campo, Carlos Diogo o Juan Manuel Díaz, hasta Daniel Fonseca y Sebastián Abreu, registraron pasajes, aunque fugaces, por la entidad que tiene su estadio en el Barrio Belgrano de la capital porteña.

El “Mulero” Pedro Lago, fue el primero, en 1931, de una larga lista de futbolistas uruguayos que defendieron a River Plate y que, al menos de momento, cierra Tabaré Viudez.

 

 

Gustavo Martín

Autor: Gustavo Martín

Contador Público, Universidad de la República. Entre 2010 y 2014 fue Coordinador Administrativo del Proyecto Mercosur Libre de Fiebre Aftosa, Proyecto financiado por FOCEM. Docente en la Universidad Católica del Uruguay. Periodista en el diario El Observador desde 1994.