Jueves, 2 de agosto de 2018

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Defendamos el trabajo de los uruguayos

El empleo es uno de los temas que más preocupa. Los datos que mensualmente divulga el INE sistemáticamente muestran una caída en la cantidad de puestos de trabajo y, como contrapartida, una suba del desempleo.

Desde el punto de vista económico, el pleno empleo de los factores productivos es un objetivo macroeconómico. No requiere mayor explicación el porqué, pero baste con señalar la contribución al crecimiento económico y al bienestar general; pocas cosas deben deprimir más al ser humano que el estar ocioso. El sentirse útil le mejora el humor y lo torna más productivo. Y si nos seguimos extendiendo, el que exista trabajo para todos aleja a la gente de los malos hábitos y contribuye a la paz social. En definitiva, el empleo es el único medio que permite superar la pobreza de manera permanente y contribuye de manera fundamental a la paz social

Lamentablemente los datos indican que al mes de mayo la tasa de desempleo se ubicó en el 8,12% de la población económicamente activa. Algunas aclaraciones antes de seguir manejando números que pueden llegar a confundir al lector. El dato de desempleo impacta mediáticamente más que el del empleo, pero para analizar el comportamiento del mercado laboral, es este último el relevante.

El INE divulga mensualmente la tasa de empleo, que refiere al total de personas que trabajan en relación a todos los mayores de 13 años, considerada como tal la población en edad de trabajar. Se podrá discutir la pertinencia de considerar un universo tan amplio, que incluye a los jubilados, pero es el criterio utilizado. El último dato indica que el 57, 2% de la población considerada en edad de trabajar efectivamente lo estaba haciendo.

Como los datos provienen de una encuesta, y a su vez el mercado laboral muestra una gran variabilidad, más que quedarse con el dato puntual de un mes, lo mejor es comparar en períodos de años móviles, como forma de depurar la estacionalidad y la volatilidad de la encuesta. La tasa de empleo promedio del último año se ubicó en 57,7. El dato a mayo es inferior al promedio, de hecho, todos los registros del presente año fueron inferiores, lo que refuerza el deterioro en el empleo que sufre la economía.

En una comparación histórica, el dato acumulado en los últimos doce meses a mayo del presente año es el más bajo desde el último trimestre de 2008. Pero con una gran diferencia con lo acontecido una década atrás. En aquel entonces la economía crecía al son de los super precios de las materias primas, y ahora el comportamiento es el contrario. De hecho, al acabarse el super ciclo de las materias primas se frenó el crecimiento económico y el empleo comenzó a caer.

Si nos comparamos con el pico máximo de empleo a fines de 2014 constatamos que actualmente hay 68 mil empleos menos que en aquel entonces. El desempleo no aumentó tanto ya que parte de quienes perdieron su trabajo decidieron no buscar uno nuevo. Si hubiesen permanecido en el mercado laboral buscando un trabajo que supla el que perdieron sin encontrarlo, la tasa de desocupación se situaría en el 11,1%.

Las dificultades para generar empleo se deben tanto al magro crecimiento que presenta la economía como al encarecimiento del factor trabajo, fruto de los aumentos nominales de los salarios y la rigidez del mercado laboral.

Pero el mercado laboral no es más rígido ahora de lo que fue durante el boom de las materias primas, por lo que en última instancia impacta en la generación de empleo es el crecimiento económico.

Al respecto la política económica en general tiene mucho que decir. Partimos de la base que, en el acierto o el error, todas las acciones apuntan al crecimiento de la economía y el bienestar general.

En una época, allá por loa años cuarenta y hasta los sesenta, se creyó que protegiendo a la producción doméstica de la competencia internacional se posibilitaría su desarrollo, y de esa manera el crecimiento de la economía.

Fue una moda que se extendió por todos los países en desarrollos (sub desarrollados en la terminología de aquella época) y cuyos resultados no fueron buenos. La evidencia fue apabullante y el proteccionismo no resulto una buena medida para el alcanzar el desarrollo. Por el contrario, los países que más crecieron fueron aquellos que menos trabas impusieron al comercio internacional.

Lentamente el mundo fue levantando las barreras y en las últimas décadas, caída del socialismo real mediante, la humanidad alcanzó niveles de prosperidad como nunca antes en su historia.

El multilateralismo progresaba y la globalización parecía imparable. Pero la euforia tuvo sus costos y perdedores cuyo peso político fue creciendo al punto tal que estamos en la antesala de una guerra comercial entre las dos economías más importantes del planeta y el crecimiento de demandas proteccionistas en todas partes del mundo.

Desde la óptica uruguaya volver a pensar en proteger a la industria nacional luce como algo totalmente descabellado, más allá de las tendencias que se están manifestando cada vez con mayor fuerza en el mundo. El crecimiento económico está asociado al comercio. En el contexto actual el camino es el de los acuerdos preferenciales.

El lograr el acceso a la mayor cantidad posible de mercados en condiciones favorables junto a un manejo más eficiente del gasto público deberían ser los objetivos más importantes de la política económica.

En lo que a los mercados refiere, procurar ingresar al menor costo posible, sin pagar aranceles sería el ideal, es clave para mejorar la ecuación financiera del sector exportador. Dada la estructura de exportaciones del país y los mercados de destino de esa producción se puede constatar que Uruguay está en una situación de desventaja frente a sus competidores directos que cuentas con acuerdos de libre comercio en los principales destinos con los que comercian. Uruguay comercia con esos países, pero sus exportaciones deben pagar aranceles. Como el precio final que se paga el consumidor final es el mismo, el arancel lo termina absorbiendo el exportador uruguayo, siendo este otro factor (muy importante por cierto) que atenta contra su competitividad y por consiguiente contra la generación de empleo.

En tal sentido, y aunque resulte paradójico y se los asocie a la desprotección, los acuerdos de libre comercio constituyen en la actualidad el instrumento que más protege al trabajo nacional, al mejorar la competitividad de las empresas y permitir su expansión.

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.