Viernes, 26 de junio de 2015

MENU

Despedir a la bronca y pensar en el futuro

Alexis Sánchez llorando ante los micrófonos por los golpes recibidos, Diego Lugano avisándole a “Jarita” (Gonzalo Jara) que van a tener un interesante diálogo cuando se crucen en alguna parte del mundo, los diarios chilenos festejando la provocación a Edinson Cavani, los alemanes calificando de agresión más asquerosa del año al dedo en la cola, los ingleses refiriéndose al hecho sin la dureza habitual que supieron usar cuando el agresor fue Luis Suárez. Y, nosotros, los uruguayos, con mucha rabia por las decisiones que tomó el juez Sandro Ricci.

El minucioso repaso del saldo del partido incluye mucho de los conflictos que se dieron en la cancha, de las acciones polémicas, de los enfados y de todo lo que hace que la pasión crispe los ánimos. Está claro que difícilmente se pueda digerir el resultado final del cotejo –al menos en este lugar del mundo- sin precisar con claridad las situaciones que determinaron que, inevitablemente, el juego se inclinara con mayor fuerza hacia el lado chileno. Mucho menos, sobre todo para ojos de quien escribe, si lo que se veía era un dominio territorial, de pelota, pero con escasísimas posibilidades de hacer daño.

Sí, nadie es ciego, y es claro que Chile estaba volcado hacia el arco de Fernando Muslera, pero lo real es que intimidaba menos que un niño vestido de esqueleto en una noche de Halloween. La diferencia futbolística, de manejo de balón y de cambio de ritmo en la concesión de los pases no fue capaz de mover los cimientos de la defensa uruguaya. Y si hay algo para resaltar de lo que ofreció el encuentro, antes de la tarjeta roja que recibió Cavani por reaccionar ante Jara, fue el formidable trabajo defensivo del equipo uruguayo.

Entonces, no caben dudas que la situación se puso más tensa para Uruguay tras el primer cartón rojo que sacó Ricci. Justo es decirlo que esa amarilla que se sumó a la que Cavani ya había recibido en el primer tiempo por pechar al asistente (ahí pudo irse a las duchas) no puede ser cuestionada. Lo que sí debe ser consignado es que el riguroso y reglamentarista Ricci no fustigó de la misma manera, por ejemplo, a Valdivia cuando regaló cuatro patadas en la primera mitad. Ni tampoco fue severo con Jara, al que no vio meterle el dedo a Cavani, pero sí lo observó arrimándosele como una sombra para murmurarle algo al oído.

Descabellada es la última determinación del juez, apoyado por el otro asistente, cuando Jorge Fucile barrió para sacarle la pelota a Sánchez. El lateral tiró el balón fuera del campo y luego con su pierna izquierda barrió al delantero trasandino. La nueva amarilla que provocó la expulsión fue llamativamente sorprendente. ¿Fuerza excesiva? ¿Acción temeraria? Cómo hace un jugador para detener su marcha en el césped cuando se lanzó a robar la pelota y el objetivo lo consiguió con la pierna con la que se jugó a lograrlo. ¿Se corta la otra pierna?

Repasar acciones polémicas, cuestionar algunos fallos, determinar que el partido cambió su rumbo después de ciertos hechos concretos, no lleva a desconocer que ganó el que buscó más el arco de enfrente y que a Uruguay le faltó una parte importante del libreto. Al fútbol se juega bien cuando se ejecutan adecuadamente las funciones ofensivas y defensivas. A la Celeste le falló la primera de ellas en todo la Copa América y no solo por la ausencia de su mejor exponente (léase Luis Suárez).

Si de números se trata, el saldo del proceso de Óscar Tabárez al frente de la selección es formidable. Algo similar ocurre cuando se analizan las victorias logradas y, fundamentalmente, los rivales a los que Uruguay supo vencer en circunstancias candentes. Ganar, además, supo ser un hábito relevante, por algo se supo encadenar una racha histórica y se rompieron marcas del pasado colectiva e individualmente. Empero, es también evidente que siempre costó construir un juego de mayor posesión de pelota, que se ha ido perdiendo potencial en los pasillos exteriores (arma con la que Uruguay suplía otras carencias) y que el técnico prepara mejor los partidos de lo que los lee luego en el desarrollo (demora una barbaridad los cambios).

Hoy cuesta todo un poco más porque el equipo ingresó en la etapa de reconstrucción, pero eso no puede ser un argumento excluyente para comprender las razones por las cuales a Uruguay se le generaron enormes problemas en esta Copa América para fabricar jugadas de gol. Dicen las estadísticas del torneo que apenas fueron cinco acciones de gol por partido, que se anotaron dos goles y que, para colmo, ninguno de ellos lo hizo un delantero.

Entonces, si bien es muy válida la decisión de apostar al juego de respuesta, esto solamente puede prosperar si hay un posicionamiento diferente en la cancha. Esto es innegable: si las dos líneas de cuatro quedan encerradas en el último bastión de la retaguardia, ni de casualidad se podrá cruzar a las líneas adversarias con potencia y sorpresa.

Además, mejorar en algunos rubros no significa resignar otros. Se comprobó en el certamen que el fuego interior está intacto, que el coraje, la entrega, el amor por la camiseta, la unión para defender a capa y espada están en la primera línea de contienda, lo que no estuvo fue la otra parte. Y lo que no puede perderse de vista es que lo que viene por Eliminatorias será sumamente duro, quizás más fuerte que esta Copa América porque a la ausencia de Suárez (todavía le quedan cuatro fechas por cumplir) se le puede agregar la de Cavani por la denuncia que realizó el árbitro Ricci.

Por eso, pasada la bronca por los fallos del juez brasileño, alejada la rabia por la provocación de Jara, enterrada la frustración por haber perdido la posibilidad de defender el título de campeón en la final del certamen, lo que hay que hacer es mirar hacia adelante. Ahí es donde entra a tallar la necesidad de encontrar soluciones para suplir carencias y para poder tener un ataque más incisivo. A gusto de este consumidor, urge encontrar sociedades que vayan construyendo ese Uruguay que queremos.

Edward Piñón

Autor: Edward Piñón

Periodista desde 1983. Comentarista de Fox Sports, FSRadio Uruguay y de A Fondo. Comentarista de Radio Cero 104.3 y ex editor de Deportes de El Observador y El País. Columnista de El Telescopio.