Miércoles, 20 de septiembre de 2017

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Día de la Libertad de Expresión del Pensamiento

Cada 20 de setiembre como hoy, se conmemora Día de la Libertad de Expresión del Pensamiento.

El concepto de Libertad abarca diversos aspectos.

Podemos hacer mención a la libertad física del individuo. Y allí nos referiremos a la lucha que en diversos momentos de la historia se entabló contra las distintas formas de esclavitud.

También podemos mencionar, el alcance de la libertad de un país. Es bueno que recordemos, por ejemplo, las luchas por la independencia de comienzos del siglo XIX. Los héroes de la gesta emancipadora de 1825, justamente peleaban bajo el lema de “Libertad o muerte”.

Pero cada 20 de setiembre, se ha dado en subrayar el concepto de la Libertad de Expresión del Pensamiento.

A priori, podríamos sostener que el pensamiento siempre es libre. Más allá que convicciones y creencias propias de cada individuo pueden sesgar la dirección del mismo, éste es desarrollado sin cortapisas generadas por el mundo exterior.

Sin embargo, no ocurre lo mismo con la expresión de dicho pensamiento. La misma ha sido constantemente limitada y prohibida a lo largo de la historia.

Absolutismos, dictaduras de los más diversos signos, gobiernos teológicos fueron constituyéndose en acérrimos enemigos de la posibilidad de las personas, que amparados por las más básicas normas de respeto por los derechos de los individuos y de la sociedad, aspiran a poder tener la más plena libertad de expresión de su pensamiento.

En realidad, sólo debiéramos aceptar aquellas limitaciones que sean derivadas de exigencias provenientes del Derecho o de la libertad de los demás, de acuerdo a los principios que respondan a la voluntad del conjunto de la sociedad.

Negar la posibilidad de opinar sobre lo opinable, contradice los principios de libertad y se constituye en campo fértil para la instalación de regímenes despóticos, totalitarios y represores, cuyos ejemplos, lamentablemente han pululado a lo largo de la historia.

El hecho histórico que determinó que el 20 de setiembre se constituyera en esta fecha de reconocimiento para todos aquellos que creen y defienden valores inalienables de justicia y libertad, se remonta al año de 1870.

Ese día, las tropas italianas de Victor Manuel II y Giuseppe Garibaldi, inspiradas en las enseñanzas de José Mazzini, al mando del Gral. Cadorna, ocupan Roma, poniendo de esa forma fin a la epopeya de la unidad italiana y al proceso político y bélico, que se había generado, constituyéndose de esta forma en el fin de la existencia de los Estados Pontificios.

Unos días después, el 2 de octubre, por medio de la convocatoria a plebiscito, se confirmó la anexión de Roma al Reino de Italia. De los 167.000 romanos con derecho a voto, 133.000 votaron a favor de la anexión y sólo 1.500 por el mantenimiento del gobierno pontificio.

En consecuencia, por Real Decreto del 9 de octubre de 1870, Roma quedó formalmente incorporada al Reino de Italia y proclamada como capital del Estado.

De esta manera, concluía un ciclo histórico, que trajo como consecuencia la unidad italiana en torno a la expansión del reino del Piamonte, iniciado en 1859 y el fin del Estado Pontificio como expresión de la soberanía temporal del Papado, luego de una existencia más que milenaria.

Cabe destacar en este proceso la figura de Giuseppe Garibaldi. Sus convicciones libertarias lo llevaron a ser protagonista de las luchas por la unificación italiana, así como antes había participado de luchas en Brasil y Uruguay, alcanzando el apodo de “Héroe de dos mundos”.

Por supuesto que la gesta de 1870 tiene un importante valor simbólico. Se ha constituído en un hito de la historia universal en defensa de las libertades, como lo han sido también la Revolución Francesa y la Independencia de los EEUU.

Sin embargo, tanto antes como después, el proceso ha sido difícil y plagado de intolerancias, persecuciones y mortandades generadas, muchas veces, en aras de pensamientos que si bien sostenían buscar lo mejor para el espíritu del ser humano, no admitían que el camino fuera distinto al que ellos proclamaban.

Desde aquel lejano año 399 A.C. en que Sócrates es sentenciado a muerte, constituyéndose quizás en el primer mártir de la defensa de la libertad de opinión; pasando por el emperador Teodosio, que al convertirse al cristianismo se convierte en un fanático religioso y genera el inicio de las persecuciones a los paganos; siguiendo por la creación en el año 1231 de la Inquisición, que tuvo en Tomás de Torquemada su más conspicuo representante; el martirologio de Giordano Bruno quemado en la hoguera en 1600; el proceso y condena de Galileo Galilei por defender sus puntos de vista en 1642; hasta llegar a nuestros días en que el fundamentalismo religioso adquiere ribetes de terrorismo y pone en jaque a toda la humanidad, el camino ha sido sinuoso y a veces alarmantemente fracasado.

Pero también son de destacar alcances importantes.

El artículo 11 de la Declaración de Derechos francesa de 1789 expresa que “la libre comunicación de los pensamientos y las opiniones es uno de los derechos más preciosos del hombre; todo ciudadano puede, en consecuencia, hablar, escribir o imprimir libremente, salvo la responsabilidad por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley.” 

En 1948, la Organización de las Naciones Unidas, es su Declaración Universal de los Derechos Humanos estableció en su artículo 19:

“Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir información y opiniones, y de difundirlas, sin limitaciones de fronteras por cualquier medio de expresión.” 

Y su artículo 5 reza: 

 “Estará prohibida por la ley toda propaganda en favor de la guerra y toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituyan incitaciones a la violencia o cualquier otra acción ilegal similar contra cualquier persona o grupo de personas, por ningún motivo, inclusive los de raza, color, religión u origen nacional.” 

De los preámbulos de nuestra vida independiente, podemos citar el formidable ejemplo brindado por el Gral. Fructuoso Rivera que en el desempeño de sus funciones como Presidente de la República emitió en 1838 un decreto que establecía: “La absoluta libertad de opinar y publicar opiniones debe ser un derecho tan sagrado como la libertad y la seguridad de las personas. Las producciones de la imprenta libre son el freno de los malos mandatarios, la recompensa mejor de los que gobiernan bien y el vehículo más seguro para derramar la ilustración y educar a los pueblos. Pero este derecho inestimable vendría a ser ilusorio si los que han de ejercerlo conservan el menor recelo de que la autoridad pueda reprimirlo…”. 

Es interesante recordar el proceso que se llevó a cabo en nuestro país con relación a la conmemoración del 20 de setiembre. 

En la presidencia de Feliciano Viera, por ley No. 5333 del 18/09/1915 se declaró feriado el 20 de setiembre de 1915. Un par de años después, por ley No. 5603 del 19/09/1917 se declaró fiesta nacional el 20 de setiembre. Entre los fundamentos expuestos por el Poder Ejecutivo en 1917 se expresaba: 

“El Comité Nacional Pro Feriado del 20 de setiembre, en solicitud que lleva más de treinta mil firmas, y el “Club Italia” por su parte, se han dirigido al Poder Ejecutivo con el objeto de que prestigie ante el Cuerpo Legislativo la sanción de una ley que dé cima al propósito que promovió la formación de dicho Comité, por la que se declare fiesta nacional el aniversario de la caída del poder temporal de los papas, por la alta significación que esa efeméride tiene en la historia del librepensamiento, y por el respeto que debe merecer de un pueblo que, como el Uruguay, tiene el culto de las glorias insignes y de las altas idealidades”. 

Y sigue expresando el mensaje: 

Si el 20 de setiembre es un día de júbilo para una admirable nación amiga, cuyos hijos han colaborado tesoneramente en la obra fecunda de nuestro progreso colectivo, es también una fecha de trascendencia universal, porque señala el momento en que la conciencia humana, emancipándose de viejas preocupaciones y de arcaicos y depresivos dogmatismos, conquistó para siempre la plenitud de su libertad. Lo que triunfó en aquellas horas decisivas no fue tal o cual país, tal o cual sistema político: fue el espíritu moderno, ávido de independencia, refractario al prejuicio y enemigo de toda opresión”. 

En  1919 la Asamblea General de nuestro Parlamento, por ley promulgada el 23 de octubre de ese año, aprobaba un nuevo calendario de los feriados adoptando la terminología laica para las fiestas religiosas. En ella aparecía el 20 de setiembre como Día de Italia. 

En la década del 30 durante el gobierno de Gabriel Terra se suprimió la mayoría de los feriados establecidos en la ley de 1919. 

Con posterioridad a dicho gobierno se fueron restituyendo los feriados patrióticos suprimidos y el 20 de Setiembre quedó como feriado hábil para celebrar el Día de Italia. 

En el año 2002 se proclamó la Ley No. 17778 que en su único artículo establece: Declárase el 20 de setiembre de cada año “Día de la Libertad de Expresión de Pensamiento”. 

La discusión parlamentaria fue ardua, basada principalmente en la conveniencia o no de establecer la fecha del 20 de setiembre. No existió por el contrario discusión en cuanto al motivo del reconocimiento. Más allá del motivo de fondo de la discusión se vislumbraron otro tipo de confrontaciones ideológicas, políticas e incluso históricas determinadas por las posiciones de los parlamentarios intervinientes. 

Apartándonos de las diferencias mencionadas, me parece adecuado citar un breve extracto de las palabras de uno de los senadores propulsores del proyecto, por considerarlas ilustrativas de la importancia del tema. 

Expresaba el senador Ruben Correa Freitas: “Actualmente, los no autoritarios consideran a la libertad de expresión como la más valiosa de las garantías institucionales. Saben que los hombres no son felices si no pueden comunicar y compartir libremente sus temores y esperanzas. La libertad de expresión forma parte de la búsqueda de la felicidad y su ausencia atrofia la creatividad artística y la investigación científica y lo que es más importante aún: los ciudadanos no pueden tener una auténtica participación política, no pueden informar, criticar, controlar ni deponer a los gobernantes, si no son libres para imponer puntos de vista diferentes”. 

Hecho este breve racconto del proceso de la instauración de un día que nos recuerda la importancia del valor determinante para la preservación de una sociedad democrática, tolerante e inclusiva, me permito una reflexión y un cuestionamiento dirigido estrictamente para cada individuo y su propia conciencia: ¿cuáles son aquellos pensamientos que merezcan poder ser expresados libremente por el individuo en uso de tan contundente derecho? 

El pensador Erich Fromm, autor de diversas obras vinculadas al concepto de la libertad, sostiene que el derecho de expresar nuestros pensamientos tiene significado, tan sólo si somos capaces de tener pensamientos propios. 

Sólo tendremos pensamientos propios, si cada uno de nosotros no se siente subordinado a influencias, manipulaciones, imposiciones de organizaciones que coarten nuestra propia convicción y formación. 

Para ello, debemos insistir en mejorar al individuo y al colectivo. Una vez más, surge el valor de la educación en su sentido más amplio como factor decisivo para la preservación y mejora de la sociedad.

Max Sapolinski

Autor: Max Sapolinski

Es Contador Público egresado de la Universidad de la República, integró la Asesoría Económico Financiera del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, Director General de Secretaría del Ministerio de Turismo, Subsecretario del Ministerio de Economía y Finanzas y del Ministerio de Turismo. Entre 2006 y 2008 fue Presidente de la Comunidad Israelita del Uruguay. Gerente del Seguro del CASMU y entre 2010 y 2012 fue Director de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (URSEA).

  • Enrique

    Excelente, preciso y muy oportuno análisis!!!

  • Oscar

    Excelente, solo puntualizar que la Ley 17778 es del 2004