Domingo, 26 de febrero de 2017

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Diferentes caminos

Cuando procesaron al Cr. Bengoa, cuando procesaron al Cr. Calloia o al Ec. Lorenzo, no me pronuncié sobre esos hechos.

Me limité a expresar que “cuando la Justicia habla, los políticos debemos callarnos la boca y esperar que los involucrados se defiendan ante los estrados“.

Presencié, como todos los uruguayos, manifestaciones partidarias de apoyo a los procesados. Hasta caravanas de apoyo a sus domicilios.

Esperé, creo que como muchos ciudadanos, que los organismos correspondientes de su Partido tomarán resoluciones o se pronunciaran.

No lo hicieron.

Los procesados en cuestión lo habían sido por sus conductas ejerciendo cargos de responsabilidad política en el Estado.

Ningún partido político está libre de que algunos de sus integrantes incurra en inconductas o ilegalidades.

Ninguno.

Obviamente a todos nos gustaría que no sucediera y tratamos de prevenirlos.

El tema que no se debe eludir es como se reacciona cuando esos hechos ocurren.

Algunos no toman decisiones sobre quienes se apartan del rumbo sino que siguen apoyando a los que se equivocaron.
Otros entienden que es incompatible la actividad política con hechos de ese tipo y los separan del cargo o los suspenden de las actividades partidarias.

Esto viene a cuestión de los sucesos que involucraron esta semana a un diputado suplente del Partido Colorado en el departamento de Maldonado.

Apenas se conoció el cierre y posible concurso judicial del negocio del que el mismo era titular, este renunció a su calidad de Convencional nacional y departamental del Partido y también a su cargo de diputado suplente en el Parlamento.

El Presidente de la Comisión de Ética del Partido, a su vez, solicitó de oficio a sus compañeros una reunión para tratar el tema en forma urgente y pronunciarse al respecto.

Todo ello sin que la Justicia se haya pronunciado y además sin que se trate de hechos vinculados con la tarea política.

Es claro que son hechos vinculados con una actividad comercial personal y particular.

De todas formas apenas conocidos públicamente los hechos el involucrado ya se encuentra absolutamente separado de toda función y actividad partidaria.

Es más, ya no integra el Partido al haber renunciado a su condición de convencional y de diputado suplente. Es decir, se fue más lejos aún puesto que la colectividad política no tenía facultad legal alguna como para hacerle renunciar a su cargo de diputado suplente.

Este asunto nos duele a todos.

Nos duele por todos los posibles perjudicados, en primer lugar.

Nos duele como colectividad política puesto que, obviamente, no queremos que un integrante de ella se vea involucrado en estos hechos o incurra en las conductas que públicamente le están endilgando.

Verificado el desliz ético, lo condenamos, aún con independencia de si la Justicia considere que se ha tipificado delito.

No organizaremos marchas de apoyo político partidario a domicilio alguno.

Sin embargo, desde otras colectividades políticas se nos cuestiona.

¿Qué más debemos hacer?

El involucrado se encuentra ya fuera del Partido.

Renunció a la suplencia de una banca legislativa.

El Presidente de la Comisión de Ética citó a la misma para analizar el tema y resolver.

La Carta Orgánica establece un procedimiento en estos casos que debemos seguir.

El Comité Ejecutivo Nacional, que no integro, anuncia que esperará la resolución de la Justicia pero desde ya manifiesta su solidaridad con los perjudicados.

Mientras ello sucede los que organizaban marchas de apoyo a los procesados en sus filas, los que reiteraban su confianza a los que eran condenados por la Justicia, critican.

Con seguridad no entienden que sigamos un camino diferente al de ellos.

Que rápidamente apartemos a los sospechados de inconductas, no sólo en su actividad partidaria o en el ejercicio de cargos públicos, sino en su actividad comercial particular.

Quizás quieran que sigamos el camino de amparo a inconductas que ellos siguieron.

Es que nadie puede asegurar que estas cosas no sucederán.

Lo que si se puede asegurar es que no las tolerará.

Es lo que estamos haciendo.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 55 años.