Lunes, 17 de julio de 2017

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El Cambalache global: sin rumbo y desesperao

En un mundo de paradigmas cambiantes y frecuentes, líderes mundiales, planificadores estratégicos y generadores de opinión apenas tienen tiempo para concebir, mucho menos implementar políticas públicas adecuadas a las oportunidades y desafíos actuales y futuros. Han pasado solo cerca de tres décadas desde que el muro de Berlín y la ex URSS colapsaron, cambiando el equilibrio de poder, debilitando las ideologías de izquierda, confundiendo las de derecha, instalando populismos demagógicos y corruptos, fragmentando así los partidos políticos y empobreciendo la gobernanza global.

Y aunque hubo un claro “ganador” en la carrera de la guerra fría, los países directamente afectados, organismos internacionales y aquellos que tardaron demasiado en reaccionar, adaptarse y definir al nuevo escenario global pagaron y pagan un costo muy alto. Ocuparse, por ejemplo, de lo que quedó en el camino. Países en bancarrota, venganzas étnicas, alianzas improvisadas, disturbios civiles, corrupción generalizada y otras cuestiones complejas de naturaleza política y socioeconómicas que se fueron forjaron durante 45 años desde el final de la segunda guerra mundial hasta1991. Quedaron más preguntas que respuestas. Y la duda y la ambigüedad fijaron la agenda-o la falta de una-hasta hoy.

Más tarde, pero todavía bajo el impacto de cambio del paradigma soviético, Estados Unidos sufría una crisis bancaria y una inmobiliaria de magnitud sin precedente, incidiendo, de una manera u otra, en cada país que estaba acoplado a su economía a través de tratados comerciales o alianzas políticas. El tiempo que tomó resolver cada crisis fue impactando irreversiblemente lo que sucedía más allá de la de las fronteras de Estados Unidos mientras que este resolvió aplicar una política de “negligencia benigna”. No intervino como lo hubiera hecho antes. Dejo que sucediera y se preocupó por la interna.

Cuando, finalmente, parecía que un nuevo comienzo era posible, eventos en el Medio Oriente (¿primavera?) Rusia, China e incluso América Latina, comenzaron a reflejar que el debilitamiento de las ideologías había dado a luz a una suerte de “neopopulismos” donde, decíamos, triunfo la demagogia, las alianzas espurias y las ambiciones globales desmedidas que, en vano, trataban el vacío causado por el colapso de uno de los súper poderes y de un Estados Unidos ausente. Así, una China hipecapitalista y neocolonialista y una Rusia “czarista” y nostálgica, demandan su cuota del poder. El resto del mundo miraba en dirección a los Estados Unidos en búsqueda de orientación, a pesar de que, como ya es costumbre, públicamente también culpaba a Estados Unidos por todos los errores.

Cuando todos esperaban que Hillary Clinton ganara las elecciones y enviara señales claras levantando la neblina política y dejar de navegar por instrumentos, los votantes de Estados Unidos llevaron a la Casa Blanca a un candidato inesperado. El populismo no es nuevo en Estados Unidos, pero ahora se convertía en su política interna y global. Una suerte de “ideología” sin ideas, plagada de “verdades alternativas”, “noticias falsas”, “noticias fraudulentas” gobernada por Twitter y que oscila diariamente de una posición a otra sin aparentes razones estratégicas o, incluso, de sentido común. Esto ha creado incertidumbre e imprevisibilidad en un mundo ya frágil. No hay siquiera una manera de definir qué pasa en EEUU. O que es EEUU.

El país más poderoso del mundo adopta posiciones diarias que no resisten lecturas porque lo que, hasta ahora, se puede, ver es un encomiable trabajo de confusión sin precedentes. Después de liderar el mundo a través de un proceso de globalización económica y de liberalización del comercio sin precedentes, EEUU vive en una suerte de espiral que arrasa con todos los principios y todas las experiencias que hicieron de ese país el líder mundial.  Nadie sabe que pasara mañana. China, irónicamente pero oportunamente, envió un mensaje desde Davos que estaba abierta a la globalización y al libre comercio. Otro cambio de paradigma 25 años después del colapso de la ex URSS. Hoy Trump pelea con su aliado europeo con quien defendiera la libertad en el mundo después de haber regado la sangre juntos a Europa entera. La confusión y lo que queda por saber de la injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales, vía su propia familia, Sus peleas con los servicios de inteligencia, la prensa y medios más respetados de ese país y lo que podemos intuir que vendrá, no es bueno para nuestros intereses.

En resumen, el mundo de hoy, resistente como lo es, se enfrenta a uno de sus mayores desafíos en la búsqueda del regreso al sentido común, políticas responsables y económicas y definir si en efecto se trata de un mundo multipolar con ningún liderazgo donde el populismo crea sus propias alianzas mientras grupos terroristas radicales sin fronteras aparecen en las noticias diarias llevando a cabo crímenes atroces en zonas céntricas de Londres y Paris y en las zonas rurales de Nigeria. Dos cambios de paradigmas en un poco más de 25 años son un desafío importante para las generaciones presentes y futuras. Hoy no hay gobernanza discernible, pero si ideologías “exprés”, que duran 24 horas.

La pregunta que surge, si se aceptan las premisas en las que se basa este breve artículo, es que está haciendo la región al respecto?

México y el Salvador, por ejemplo, son países que están viviendo deportaciones diarias de trabajadores que no consiguen empleo en su país. Las remesas bajaran y aquellos hogares que viven de lo que reciben del trabajo difícil y mal pago que no querían ni quieren hacer los “documentados” que Trump supuestamente defiende. El PIB de El Salvador con 4 millones de emigrantes constituye el 14% del PIB de ese país. Países como castigados por la naturaleza y la corrupción como Haití la poca plata que llega es para comer. Qué pasa si ya no hay disposición a firmar tratados libre comercio plurilaterales o regionales-ni hablar de multilaterales- y solo firmarían bilaterales, en los cuales prácticamente impondrían sus deseos?

También las empresas de EEUU sufren la incertidumbre de que si se tuvieran que fabricar localmente celulares, por ejemplo, y no poder hacerlo en países con mano de obra barata, uno de última generación costaría unos $1600 dólares. Y lo mismo aplica para todo lo que es fabricado fuera de fronteras.

Para países de Mercosur la disyuntiva es clara. Abrirse al mundo aun con industrias protegidas como en Argentina y Brasil y firmar con Uruguay un TLC con la UE y acuerdos de alcance parcial con Japón, China, Corea y vecinos como Chile, Perú y Colombia. Si nos dejan, diría la canción.

Carlos Mazal

Autor: Carlos Mazal

Politólogo de la University of the Pacific con una Maestría en Estudios Latinoamericanos y del Caribe de la New York University. Es Consultor Internacional en temas de Propiedad Intelectual, Innovación y Desarrollo y ex Director para América Latina y el Caribe de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Miembro Fundador del Centro de Estudios de Propiedad Intelectual (CEPI) de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Republica. Miembro de Número de la Academia Nacional de Economía. Miembro Consejero del Consejo Uruguayo de Relaciones Internacionales (CURI)