Lunes, 6 de marzo de 2017

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El desafío ortodoxo

El gradualismo, la continuidad del enorme gasto público, la demora en la llegada de inversiones, el peligro de retorno del populismo postkirchnerista son todos fantasmas que agobian al gobierno de Mauricio Macri. A estos fantasmas exteriores se le suman los fantasmas propios, las pesadillas que sueña el gobierno por su propia culpa: los errores de implementación, los olvidos, las explicaciones tardías, las malas decisiones.

Macri ya está condenado como “neoliberal ajustador que favorece solo a los ricos”. Estas etiquetas le fueron colocadas el primer día y seguirán incólumes hasta su último día como presidente. Es  por eso necio intentar convencer a la oposición que el gobierno es socialdemócrata, que quiere planes sociales para ayudar a los más pobres, etc. No le creen, haga lo que haga. Si intenta pasar por populista fracasa lastimosamente. Identificarse con el adversario no sirve, además de ser humillante.

Entonces quizás le convenga hacer de necesidad virtud. Ser realmente liberal. Ser realmente ortodoxo, ser realmente antipopulista. Ser realmente procapitalista. Ser realmente prooccidental.

Además uno no se posiciona por propia voluntad. Los otros te posicionan, te hacen jugar el juego que tenes que jugar. Cuando Macri es recibido en España casi como un héroe civil lo que hacen los empresarios españoles es decirle “tú eres la superación de la noche kirchnerista, la de  aquel que nos puso a parir. Por eso te apoyaremos. Pero tienes que cumplir tu  parte”. De alguna manera le marcan el camino.

De allí que , según las crónicas – por ejemplo de Infobae- Macri, quizás por primera vez, le bajó línea ideológica a su equipo, en Madrid.

“Esto funciona como una mesa de cuatro patas, les dijo. La primera pata es la inflación, la segunda el déficit fiscal, la tercera en la deuda. Y la cuarta, el empleo”.

Las cuatro metas son típicamente ortodoxas: solo bajando el gasto público, eliminando el déficit no hay necesidad de imprimir moneda ni de salir a buscar préstamos. Y solo incentivando más inversión y bajando el costo laboral, habrá más empleo.

Dijo “El Estado tiene que manejarse como se maneja la gente común. Nadie puede gastar más de lo que gana, porque si no te echan de tu casa, no podés pagar tu hipoteca”.

Este sentido común  de señora de barrio  es el que los intelectuales populistas- peronistas desprecian como a la peste. Y  es en realidad el contenido de las ideas liberales básicas: sin ahorro no hay consumo, sin disciplina laboral no hay producción, sin producción no hay distribución,  si no se pagan las deudas nadie te va a prestar más, etc.

La propuesta de que las paritarias se aten a la productividad, no  a la inflación, corta la lógica populista que siempre ha presidido la discusión por aumentos salariales en Argentina. En vez de fijarnos en la inflación debemos fijarnos en si fuimos capaces de mejorar la productividad, de hacer que  nuestro producto sea más vendido, genere más ganancia.

De la lógica de la suma cero (todo lo que yo gano es pérdida para ti) , se pasa a la lógica de la colaboración: no más patrones enemigos de los trabajadores, sino gente acordando como mejorar su producto, como ganar más.

Claro que para que Macri se lance al desafío liberal necesita lo que no tiene: el acompañamiento de buena parte de la sociedad. El kirchnersimo no fue un ave exótica que nació de casualidad sino que el 54% de votos que obtuvo en 2012 fue producto genuino de la cultura política predominante. Y esa cultura política llega ahora el 48% de la población. E impregna buena parte de las ideas del 52  % restante.

Por ejemplo, el 80% quiere que Aerolíneas Argentinas siga siendo un empresa pública, solo un 15% la privatizaría. El déficit de un millón de dólares diarios que genera AA no le molesta a nadie. Sería ocioso describir qué se podría hacer con 300 millones de dólares anuales (escuelas, rutas, viviendas…)

Por ejemplo, para la gente, a fin de bajar el gasto , el gobierno debe comenzar por los gastos de los funcionarios, pero no tocar los subsidios, los planes sociales y ninguna política de protección, amparo, promoción social, etc. O sea, el déficit baja…manteniendo todos los gastos menos los sueldos de los funcionarios.

Por ejemplo, la gente piensa que la inflación NO bajó, lo cual contradice cualquier dato  de la realidad: ver lo que no existe y no ver lo que existe se llama desorden cognitivo. Bueno, muchas persones, millones, sufren un serio desorden cognitivo

Este desorden cognitivo,  no asumir las  responsabilidades propias, negar la realidad, inventar una realidad ficcional,  está en el centro del problema argentino y posiblemente de toda América Latina. Por alguna especie de derecho histórico todos los sueldos, jubilaciones, planes sociales, protecciones arancelarias, escuela y salud pública gratuita son algo así como leyes divinas, intocables, que no tienen nada que ver con las causas del déficit crónico, la baja inversión, el desempleo, la inflación, la recesión.

Se  demandan bienes y servicios públicos y se ignora, se niega, se minimiza su costo. Nadie quiere entender que unas tarifas congeladas en 2003 tienen que actualizarse en 2017.

La oposición no oculta sus deseos destituyentes: pide juicio político al Presidente por supuestos atentados a las instituciones, lanza paros salvajes, movilizaciones sindicales, piquetes y cortes de calle, los gobernadores exigen proteccionismo aduanero, y, en fin, nadie cede nada en favor de la gobernabilidad. A nadie le interesa la gobernabilidad sino posicionarse mejor para bloquear al gobierno, y ganar puntos en las próximas elecciones. La democracia exhibe en la Argentina su peor cara. Es la democracia sin República, sin políticas de Estado, solo un juego de apariciones mediáticas para ganar algún punto en las encuestas.

El espectáculo de una Asamblea Legislativa  del 1 de marzo recibiendo al Presidente con carteles que exigen la liberación de Milagro Sala o acusando a Macri de corrupto solo se habrá visto en alguna pseudo- republica, no en la ex orgullosa Argentina, hasta ahora. Macri ha inaugurado un parlamento de piqueteros, que con las mismas tácticas de escrache de los de Quebracho, intentan humillar al Presidente, que en esa ocasión es la representación de la dignidad de la República.

Sin dignidad y orgullo, aceptando que se puede reclamar siempre, en cualquier lugar y usando el peor lenguaje,  se caen ciertas formas que sostienen a la República. Finalmente la Constitución, la Republica son unas normas que requieren respeto, unos ritos algo anticuados, unas formalidades supuestamente inútiles, pero que  le dan sostén a una  idea, que sin adhesión emocionada, se cae irremisiblemente. La Republica no se basa en los ejércitos, en la fuerza, se basa en la adhesión de la sociedad a ciertos valores que se corporizan en esos símbolos hoy tan anticuados. La libertad sin construir responsabilidad nos lleva al abismo.

En su discurso, más por el tono exaltado y emocionado que por el contenido, Macri dio la pista de que está dispuesto al desafío. Enfrentarse a la oposición con garra, sin temor y confiar en que , de una buena vez, el país empiece a crecer, cosa que no pudo demostrar en su mensaje.

No hay muchas más opciones. Es tiempo de actuar, contra viento y marea, contra sus propias limitaciones, contra los consejos de sus ministros y asesores, contra el sentido común de la sociedad y teniendo enfrente a una jauría dispuesta a destruirlo.

Esteban Lijalad

Autor: Esteban Lijalad

Sociólogo (UBA, 1972). Investigador de Opinión Pública, procesos de mercado y Comunicación Social. Experto en investigación social mediante el uso de encuestas. Titular de las consultoras Aresco (1984-87), Equas (1987-1991), Sofres Ibope (1991-1993) Consultora Tesis (1993-2003). Asesor del Ministerio de Educación de la Nación (Argentina), Área de Evaluación de Calidad Educativa (1996-1999). Consultor PNUD ARG 97/025 (2002-2004). Docente de la Universidad Nacional Tres de Febrero, en la Maestría en Generación y Análisis de Información Estadística (2003-2004). Actualmente Director del GOP, Grupo de Opinión Pública de Comunicaciones Sudamericanas S.A. (http://consultoracs.com/cs/gop/)