Lunes, 20 de noviembre de 2017

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El drama venezolano

Las noticias que llegan desde Venezuela, desde hace ya muchos años, no son buenas. Cualquiera que haya estudiado historia y algo de economía, sabía sin lugar a dudas como terminaría la aventura de Chávez, sólo sostenible por un tiempo, con petróleo caro. Peor aún, cuando aceleró los tiempos del deterioro al utilizar ese finito recurso natural para comprar voluntades en la región, entre las estuvo la uruguaya.

Años atrás veíamos y algunos reían, cuando en su audición semanal, Aló Presidente, propia de los dictadores, ordenaba “exprópiese” ante la risa complaciente y el aplauso de la claque que lo acompañaba. El esquema es simple, la inflación siempre es culpa de un tercero “especulador” que quiere medrar con el hambre de la gente y no de la monetización del déficit fiscal. Luego se limitan los precios y, entonces, la oferta se reduce porque el precio autorizado no cubre sus costos, aparecen los mercados negros, donde se paga en función de la escasez que, con una oferta reducida – allí la oferta es sólo para los que se animan -, el precio es superior al que sería en un mercado de libre competencia. Entonces, ya el problema no es sólo el aumento de precios, sino mucho peor, la falta de productos. Una vez más la culpa es de los especuladores que esconden la mercadería. La solución es primero reprimir, enervar a la población pidiendo que denuncie “los abusos” y luego expropiar y pasar la producción a manos del estado. Ya sabemos el resultado, entre el que está el exponencial aumento de la corrupción y la formación de rentas a favor de ciertas personas y empresas.

Casi para el 100% de los mercados, la no intervención es lo mejor que se puede hacer. La intervención estatal, sea regulando a los privados o directamente produciendo y vendiendo bienes, suele ser un fracaso. En Venezuela hoy la producción de petróleo es la más baja en 30 años. En toda América sólo Venezuela disminuyó su producción. Lo mismo le pasó a Argentina producción de gas y petróleo sólo cayó ininterrumpidamente a partir de 2003, recién detuvo su caída ya bien entrado el año pasado.

Los precios son quienes indican la escasez relativa de un bien o servicio y la guía más potente del accionar de los seres humanos, sea para aumentar o disminuir la oferta o la demanda. De allí que los libros de microeconomía solían titularse “teoría de los precios”. Si el sistema de precios no funciona, nada funcionará, el hambre está asegurado. La experiencia de Europa del este y los países de la ex Unión Soviética, son la prueba empírica cercana en el tiempo como para que nadie la omita.

Estos controles y dirigismo económico en general sólo es posible – y por ende causado – bajo regímenes totalitarios. En estas políticas está la semilla del fracaso, por lo que terminan estallando, a veces implosionan como el ex bloque socialista, en otras ocasiones, el cambio se hace mediante procesos violentos, en especial por la resistencia del poder establecido que sabe de un destino complejo si el régimen cae. Por detrás de la pérdida de vidas humanas y el haber arruinado vidas bajo un sistema donde no existe destino que pueda forjarse por el propio esfuerzo (vidas sin ilusión ni destino), el problema cuando la libertad se abre paso es que las personas no saben cómo funciona el sistema de precios y aprenderlo no es sencillo. Luego del desquicio que provoca haber eliminado dicho sistema, volver a la normalidad es un drama, la población no se sabe manejar dentro del país, pero también en el mundo con el cual deberá interactuar. Además, los violentos ajustes de precios relativos, que suelen ser imprescindibles, generan relevantes tensiones sociales no siempre fáciles de sobrellevar, máxime cuando la población sale de un régimen opresivo y valora la libertad de expresión.

Ahora Venezuela cayó en cesación de pagos lo cual sólo empeora las cosas, pero no cambia nada de lo que venía pasando. Las penurias serán apenas un poco peor, no sé si la población llegará a advertir la diferencia. Venezuela recurre a Rusia y China cuya “ayuda” en realidad no es tal; se están quedando con la propiedad del país, una privatización o mejor dicho, la entrega a potencias extranjeras que limitan la soberanía actual, pero también condiciona a cualquier futuro gobierno.

La gente emigra por millones, si por millones. Lo vemos en Uruguay, pero están en Argentina, Chile, Perú, México, Estados Unidos y muchos otros países. Solo en los últimos dos años a Colombia han emigrado más de medio millón de venezolanos. Más que emigración se asemeja a un éxodo, como siempre de personas bien preparadas que se pueden “defender” en el mundo. Da mucha pena ciertamente.

El dictador Maduro y todo su séquito cercano de escasa moral y valores, en el mejor de casos, algún día dejará de gobernar, en ese momento, si América quiere ayudar y rescatar a Venezuela del delirio en el que está, deberá poner muchos recursos, entre los que deberán estar los humanos, no alcanzará con los financieros. Será un deber moral hacerlo sin pedir nada a cambio.

Isaac Alfie

Autor: Isaac Alfie

Economista (UdelaR, 1984). Contador Público (UdelaR, 1985). Profesor Titular de Economía y Finanzas Públicas en la Universidad de Montevideo. Dicta clases en postgrado de esta Universidad y la Universidad Católica. Profesor de Macroeconomía en la Universidad de la República. Conferencista nacional e internacional sobre políticas públicas y macroeconomía. Consultor de Organismos Internacionales (FMI, Banco Mundial y BID, entre otros). Asesor del Ministro de Economía y Finanzas 1991 - 1994. Director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas 1995 – 2003. Ministro de Economía y Finanzas 2003 – 2005. Gobernador por Uruguay del FMI 2002 – 2003 y del Banco Mundial y BID 2002 – 2005. Senador de la República 2005 –2010. Asesor y consultor de empresas en materia económica y financiera.