Jueves, 21 de diciembre de 2017

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El “encuadre” en la violencia de género

Los debates en torno a la ley sobre “Violencia hacia las mujeres basada en género” sancionada en el Parlamento, dan cuenta de la fuerza que adquieren los encuadres discursivos y la construcción de relatos. Cuando se dice “ni una menos”, “violencia de género” o “heteropatriarcado capitalista” por citar los latiguillos más populares en ese tema, se está remitiendo a una cosmovisión sobre determinada controversia política. Por ende, en estas líneas no se aborda el justo reclamo por el fin de la violencia hacia las mujeres, sino el marco discursivo que lo rodea.

En política, los encuadres (frames) son utilizados para definir lo que queda dentro y lo que queda fuera en la interpretación de determinado problema social. Constituyen la perspectiva desde la cual se observa determinado objeto o actividad a partir de creencias y valores previos que adquirió la persona[1]. Su comunicación se produce generalmente a través de metáforas que son utilizadas para entender una realidad más compleja, simplificándola y favoreciendo el ángulo que se pretende mostrar.

En ese sentido, los discursos enviados por los actores, en el contexto de los debates sobre el proyecto mencionado, definen claramente cuándo hay que hablar de violencia de género. Aunque por omisión, también dicen cuándo no hay que hacerlo. De ese modo, por ejemplo, vemos las controversias que se producen a nivel mediático y en las redes cuando se señala que los promotores de este concepto suelen omitir el dato de que 108 niños y adolescentes han muerto en los últimos cinco años según Unicef. O que la problemática de los suicidios afecta mayormente a los hombres. Es decir, que según el encuadre que se haga sobre determinado hecho, se estará diciendo, “presta atención a esto y no te fijes en aquello”.

El reforzamiento de esos marcos permite entrenar al sujeto para detectar fácilmente el origen del problema, que en este caso se vincula, a la opresión de un género sobre otro. Incluso para aquellos que están más socializados o formados bajo modos de interpretación neo estructuralistas, puede asociar este “nuevo” tipo de opresión con el concepto de opresión de clase. Es decir, una relación de dominación estructural y una supresión, a menudo violenta, sobre las mujeres. Esto no es nada nuevo, y forma parte del debate que se plantea la intelectualidad de izquierda[2].

Lo llamativo de esta construcción, es que opera con tanto éxito, que a menudo es adquirida in totum por algunos sectores de la oposición. Al respecto cabe suponer tres alternativas para interpretar ese acoplamiento:

  • Son conscientes de ese encuadre y lo adquieren como propio, aunque provenga del adversario, y aunque sepan que es funcional a quien lo promueve.
  • Comparten el eje del problema (la violencia) pero lo abordan desde una cosmovisión propia, por ejemplo, en clave liberal y no estructuralista.
  • Lo hacen para estar en sintonía con la agenda progresista.

Desconozco las motivaciones, pero cabe notar que los escenarios 1 y 3 son claramente funcionales al gobierno. La pregunta que se impone es ¿por qué?  Para responder es muy pertinente evocar al lingüista norteamericano George Lackoff. Su célebre libro Don’t Think of an Elephant: Know Your Values, Frame the Debate (No pienses en un elefante: conozca sus valores, enmarque el debate) está escrito para los progresistas, por ese entonces (año 2004) muy replegados a la defensiva frente al dominio de la comunicación por parte de los conservadores republicanos. El autor explica que los marcos de referencia forman parte del “inconsciente cognitivo” y ellos nos remite a una forma de ver el mundo. Esa forma de verlo es la forma de quien promueve ese tipo de visión. En otras palabras, difícilmente alguien pueda persuadir a un grupo de personas sobre determinada idea, si le pone los lentes de una cosmovisión que no es la suya.

Como señalaba en una columna de este mismo medio en diciembre de 2015[3], esta construcción discursiva, si bien discreta y no reconocida, se consagra como uno de los componentes más robustos que presenta el gobierno a la hora de competir con la oposición. El análisis de distintos temas desde esta perspectiva vale la pena.

 


 

[1] El análisis de los encuadres (frame analysis) es introducido a la investigación sociológica por Erving Goffman en el libro Frame Analysis (1974) quien retoma de Bateson el término de encuadre. Este sociólogo mostró que la interacción siempre involucra marcos interpretativos a través de los cuales los participantes definen de qué manera las acciones y palabras de los demás deben de ser entendidas.

[2] Ver Laclau, E., & Mouffe, C. (1987). Hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia.

[3] http://eltelescopio.com.uy/un-relato-sin-reflejo/

Alejandro Guedes

Autor: Alejandro Guedes

Politólogo. Egresado de la Faculta de Ciencias Sociales.Se encuentra cursando la maestría en Ciencia Política (UdelaR). Integrante del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política.