Lunes, 9 de julio de 2018

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El fútbol nos puede enseñar

Para Uruguay terminó el Mundial de fútbol. La atención de todo el país estuvo volcada durante casi un mes en el desempeño de su selección. El fervor, el reconocimiento y el apoyo de toda la población no tuvieron claudicaciones y fueron unánimes.

Dicho apoyo tiene algunas explicaciones que no se les escapa a nadie.

En primer lugar, la cultura e identidad futbolística que nuestro país posee desde hace más de un siglo.

Me permito transcribir un fragmento de la introducción al libro “100 Años de Gloria”, publicado por el diario El País, que escribiera Jorge Batlle siendo Presidente de la República:

“Estoy convencido que la historia de nuestro fútbol de alguna manera es un reflejo de nuestra propia historia y, obviamente, como va dicho, de nuestra personalidad. Desde la pequeñez geográfica en la que estamos enclavados, hemos tenido la ambición de ser grandes a los ojos del mundo; y no por amor a la grandeza en sí, sino por firme devoción a los sagrados contenidos que la definen. El nuestro es un país de libertad, de paz, de tolerancia, de progreso; nos costó mucho llegar a ser así, pero desde siempre los uruguayos consideramos que no podemos ser de otra manera. Y en esa obstinación, y no en otra cosa, consiste nuestra grandeza.

Por eso creemos que el fútbol nos representa con elocuente fidelidad. Porque nuestros deportistas de todas las épocas, en todas las ocasiones salieron a la cancha no solamente a ganar, sino a demostrar que sentían esa profunda pertenencia y este mandato de ser genuinos y creativos en la expresión, excelentes en el desempeño, respetuosos en la contienda y empecinados y ardorosos en el esfuerzo. No otra cosa fuimos los uruguayos en el resto de nuestras acciones”…

Las palabras de Batlle, de hace casi dos décadas, son elocuentes en cuanto a explicar el interés y la adhesión colectiva al popular deporte.

Pero siento, que en esta instancia hay un valor agregado.

Estoy convencido que esta comunión lograda entre los protagonistas y la población en general es el resultado obtenido por la dirección del proyecto a cargo del Maestro Washington Tabárez, su equipo de colaboradores y el conjunto de jugadores sabiamente seleccionados por él, para haber reconquistado en su empeño el conjunto de valores que fueron distintivos a lo largo de su historia de la sociedad uruguaya.

La cultura del trabajo, la limpieza en las acciones, la humildad, el esfuerzo colectivo, la pertenencia, el apego a un proyecto, son elementos que supieron ser protagonistas en el desarrollo de nuestro país. Cimentados en las enseñanzas que desde la escuela pública se irradió en la formación de múltiples generaciones y se consolidaron en la gestión de visionarios que tuvieron como leit motiv el esfuerzo basado en la vocación de servicio, Uruguay se conformó en base a la defensa de los valores mencionados que suplieron los perjuicios que podrían provocar su reducida dimensión y escasa población.

El gran mérito de esta Selección de fútbol y del consolidado proceso que se generó y que ya lleva doce años, es haber recuperado la defensa de los valores, la superación de actitudes pasadas que coliden con los mismos y mantener una postura ajena a la soberbia en que suelen caer las estrellas deportivas, para por el contrario, mostrarse como parte de un pueblo que busca que sus representantes sean dignos de la representación que ejercen.

El otro gran mérito de los personajes de esta historia, es que supieron encapsularse del medio ambiente y salir victoriosos pese a cualquier influencia negativa.

No nos engañemos. Las presiones siempre son difíciles de soportarse. Sean comerciales, políticas o corporativas.

Ejemplo de ello, y es bueno que lo recordemos, fue la gestión del dirigente Sebastián Bauzá. Protagonista en los inicios de este proceso, sufrió los sinsabores y disgustos que su vocación de servicio no merecían. Desde adentro del sistema del fútbol, desde los círculos comerciales y desde las esferas gubernamentales, se lo buscó destruir. Su apego a la defensa de los mismos valores que reivindicamos le brindó un triunfo finalmente reconocido.

El triunfo deportivo no fue total. Eso no es lo importante. Para lograrlo se necesitan que se cumplan otros muchos factores, entre los cuales, la suerte tiene un papel protagónico.

Por otro lado, el triunfo social fue contundente. Se nos mostró como la defensa de los valores que conformaron la base de nuestra identidad nacional pueden estar vigentes, como las familias pueden aunarse en el disfrute de ver disputar un juego a la enseña nacional y darle la espalda a la violencia y la intolerancia, como el trabajo sigue siendo el método del progreso.

El desafío para todos consiste en dejarnos influenciar por este fútbol, el de esta Selección Nacional, para aplicar las mismas recetas en los demás aspectos de la vida en sociedad. De esa manera tendremos una oportunidad de desarrollo.

Max Sapolinski

Autor: Max Sapolinski

Es Contador Público egresado de la Universidad de la República, integró la Asesoría Económico Financiera del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, Director General de Secretaría del Ministerio de Turismo, Subsecretario del Ministerio de Economía y Finanzas y del Ministerio de Turismo. Entre 2006 y 2008 fue Presidente de la Comunidad Israelita del Uruguay. Gerente del Seguro del CASMU y entre 2010 y 2012 fue Director de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (URSEA).