Martes, 20 de diciembre de 2016

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El gobierno está desnudo

“El traje nuevo del emperador”, es una fábula de Hans Christian Andersen, escrita en 1837.

Cuenta la historia de un monarca vanidoso y muy preocupado por su apariencia que es estafado por un par de pícaros que le vendieron un traje confeccionado, según ellos, con una tela tan delicada que era invisible para los ojos de los estúpidos.

No queriendo aparecer como inepto o estúpido, el emperador no dudó en desfilar con su nuevo traje, mereciendo las alabanzas de los obsecuentes hasta que un niño dijo lo obvio: que el emperador iba desnudo.

La fábula denuncia la actitud de quienes niegan la verdad a pesar de la evidencia, especialmente cuando lo hace el gobierno. Me vino a la memoria repasando lo acontecido en este 2016 que termina.

Muchos son los ejemplos que demuestran que el rey (el gobierno) está desnudo. Pero basta con citar tres.

El primero es el ajuste fiscal que entrará en vigencia el 1º de enero próximo.

Durante la campaña electoral del 2014 y aún en el transcurso del debate parlamentario por el presupuesto en 2015, el gobierno y el Frente Amplio descartaron de plano las advertencias de un escenario económico adverso y el reclamo de prudencia en el gasto, formulados por la oposición y la academia.

Pero en 2016 no pudieron honrar la promesa de no aumentar los impuestos.

Y lo más preocupante: pese a lo que se afirma, no se están tomando medidas para mejorar el Estado gordo e ineficiente que tenemos, por lo que pueden esperarse nuevos ajustes y más impuestos en 2017.

El otro ejemplo es el resultado de las pruebas PISA.

Las autoridades de la educación se apuraron a presentarlos, eufóricas, como una mejora, leve, pero que demostraba que se estaban haciendo las cosas bien.

Al otro día se les hizo notar que no habían leído el informe completo, obviando un cambio en la metodología que afectó los resultados de varios países, entre ellos el nuestro.

En definitiva, que los resultados del 2015 no variaron sustantivamente con respecto a los del 2012.

Que las autoridades camisetearon por un gol que no fue.

Que en materia de educación, seguimos tan mal como antes.

El tercer ejemplo al que quiero referirme es el del clásico que no fue.

El que se suspendió porque el Ministerio del Interior no fue capaz de controlar a un grupo de barrabravas pese a contar con cientos de policías.

Todos los uruguayos pudimos ver en vivo y en directo el fracaso de la planificación policial y el mal uso de los recursos humanos y materiales -que no son pocos por cierto-, por parte de las autoridades.

El fracaso de una manera de entender la función y la actuación de la policía.

El fracaso de una gestión ministerial que ha dado múltiples muestras de estar agotada.

Pese a la evidencia, el ministro Bonomi calificó al operativo como un éxito, en frase de antología solo comparable a la del “aval perfecto” del Cr. Calloia, con referencia al aval exprés otorgado a la empresa Cosmo para el remate de los aviones de Pluna, que le costó el cargo y un procesamiento penal.

Podría aludir a más ejemplos, como las carencias en materia de infraestructura y la ausencia de una política clara y consistente de inserción internacional.

Pero creo que basta con los ejemplos citados para comprender que 2016 fue un año de sinceramiento: pese al discurso autocomplaciente del oficialismo, “el rey está desnudo”.

Durante los últimos 10 años se invirtió y gastó mucho pero mal; aunque mejoró la cantidad de empleos, la mayoría de los trabajadores gana menos de 15 mil pesos por mes; pese a los planes sociales, la sociedad uruguaya es cada vez menos integradora.

Qué lejos estamos de ser un país de primera, como se prometió en la campaña electoral de 2009.

Hace unos días, el politólogo Adolfo Garcé dijo en La Mañana de El Espectador que “Lo que estamos viviendo es una lenta curva y una lenta tendencia declinante, donde el Frente (Amplio) ya no entusiasma como antes, muestra problemas de todo tipo, sobre todo problemas para concretar y reilusionar a la gente”.

Problemas del Frente Amplio que padece el país todo, en la medida que siguen sin adoptarse las medidas necesarias para superar los diagnósticos adversos.

Todos estamos de acuerdo en que Uruguay tiene problemas en educación, en seguridad, en infraestructura, en inserción internacional y que el ciclo de bonanza económica terminó.

A nivel técnico hay consenso en cuanto a lo que se debe hacer para empezar a cambiar y mejorar.

El problema está en los equilibrios y compromisos políticos del oficialismo, que lo llevan a no buscar acuerdos de fondo con la oposición y a privilegiar el statu quo en aras de la unidad del Frente Amplio y sus aliados electorales.

¿Cuánto tiempo más seguirán las autoridades alabando el vestido del emperador aún a sabiendas que nada lleva puesto?

José Garchitorena

Autor: José Garchitorena

Abogado y funcionario. Actualmente es Ministro de la Corte Electoral. Integró el directorio de UTE entre 2010 y 2012. Miembro electo de la Junta Electoral de Montevideo (2000-2005). Integrante de la Asamblea del Claustro de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de la República entre 1987 y 1989. Afiliado al Partido Colorado desde 1983, fue Prosecretario General del mismo. Es miembro de diversas instituciones culturales y sociales. Colaborador de diversas publicaciones periodísticas. Es autor de los libros Manual Práctico de Derecho Electoral Uruguayo y de Historia de un mito, las elecciones de 1971 y la denuncia del Partido Nacional.