Miércoles, 13 de septiembre de 2017

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El huidizo desarrollo económico social

La economía del desarrollo no tiene una extensa historia por lo cual se pueden repasar con precisión los diversos hitos de su trayectoria para reconocer los aportes que nos puede entregar en la actualidad.

Emerge la denominada “cuestión del desarrollo “al finalizar la segunda guerra mundial como una inquietud derivada de los fenómenos de descolonización y los efectos que ésta  tenía en la situación de numerosos países que iniciaban su vida independiente.

En forma paralela en el escenario mundial de los países industrializados a partir de la posguerra comenzaban a vivirse experiencias de desarrollo muy importantes y variadas entre las que se podía destacar:

El crecimiento permanente de Europa y Norteamérica, seguido de una desaceleración que se tradujo, en particular en Europa en un aumento sostenido de las tasas de desempleo

La consolidación del Estado del Bienestar con grandes repercusiones tanto en la calidad de vida como en la carga financiera que debía soportar el sector público.

La emergencia de los países de Asia Oriental que conformaron una región de extraordinario crecimiento económico con un notable desarrollo social y equidad comparativa.

La rápida transformación de la economía china que se convirtió en una de las potencias líderes del escenario internacional.

Se produce una experiencia inédita como fue la eliminación de la dependencia alimenticia de muchos países de escaso desarrollo.

Asimismo en forma concomitante se observa el aumento extraordinario del volumen del comercio internacional y el flujo de capitales a escala mundial.

Otro hecho singular consistió en la expansión de la longevidad en buena parte del mundo, que se incrementó rápidamente tanto en regiones de alto crecimiento como en zonas de menor desarrollo económico.

En lo   financiero y económico existieron grandes transformaciones a saber:

El abandono de la convertibilidad al oro  – primero de la libra esterlina y luego del dólar estadounidense – lo que hizo que desaparecieran los tipos de cambio fijo.

Estallaron las crisis petroleras de 1973 y 1979 a las que siguieron la desregulación financiera y la flotación de las tasas de interés en la economía americana eventos que fueron seguidos por las crisis de las deudas.

Por otra parte los cambios tecnológicos que comenzaron a mediados de la década de 1979 impulsaron a su vez una ola creciente de transformaciones que reconfiguraron los sistemas productivos.

Lo cierto es que a través del análisis del desenvolvimiento de un cúmulo de experiencias en más de medio siglo se llegó a la evidencia de que no existían fórmulas establecidas para poder lograr el anhelado desarrollo económico -social

Era posible constatar, por entonces,  que algunas estrategias funcionaban adecuadamente durante cierto período, en determinados países que luego se estancaban,  mientras con otras prácticas que se ejecutaban bien en algunas sociedades se obtenían logros importantes pero que no eran aplicables a otras realidades que en principio podrían parecer similares.

La búsqueda de soluciones uniformes terminaba un camino cerrado dado la enorme variedad de factores que operaban en cada país en forma diferente.

Otra evidencia que surgía era que el panorama del desarrollo económico social se encontraba desafiado permanentemente por una serie de problemas que exigían, en forma perentoria, soluciones viables y sostenibles en diversas áreas como ser la pobreza, la transformación demográfica, el cambio climático, las innovaciones tecnológicas, la diseminación de información y conocimientos, el cambio cultural que se originaba en esa difusión, la interconexión financiera que emergía nivel mundial y la intensificación de las reivindicaciones de derechos políticos y humanos que se presentaba en forma extendida.

Como resumen a esta situación podía recogerse en los informes de los organismos internacionales una visión abarcativa de los retos que se planteaban.

Así por ejemplo el Banco Mundial sostenía que existían cuatro factores que debían ser tomados en cuenta para abordar la temática y ellos eran:

  • La estabilidad macroeconómica que se consideraba como una condición imprescindible para alcanzar el crecimiento y el desarrollo
  • Era necesario abordar directamente las necesidades humanas a través del proceso de desarrollo pues el crecimiento no se contagiaba en forma automática
  • No existía una política capaz, por sí sola de impulsar el desarrollo, por lo cual para lograrlo era preciso adoptar un enfoque integral
  • Se sostenía que las instituciones eran fundamentales y se expresaba que un desarrollo sostenido debía asentarse en procesos que favorecieran la integración social y fueran adaptativos a las nuevas circunstancias.

Desde el punto de vista conceptual los modelos de desarrollo más extendidos al inicio de la segunda mitad del siglo XX llamaron la atención sobre los obstáculos impuestos por la limitada acumulación de capital y la ineficiencia en la asignación de recursos.

Esta atención hizo del crecimiento de la inversión – mediante transferencias del exterior o el ahorro interno – un objetivo fundamental.

Pero lo ocurrido en los últimos decenios revela que esa concentración hizo olvidar otros aspectos importantes del proceso de desarrollo.

En ese sentido una contribución importante al análisis del tema proviene del economista Jeffrey Sachs que ha escrito “La era del desarrollo sostenible “y dicta cátedra en su materia en la Universidad de Columbia.

Este experto afirma que dos escuelas de pensamiento tienden a dominar los actuales debates en lo referente al desarrollo.

De acuerdo a los economistas liberales los Estados deben reducir los impuestos, disminuir las regulaciones, reformar las leyes laborales y luego apartarse de la escena para que los productores y consumidores a través de sus interacciones puedan crear los trabajos adecuados.

En cambio los economistas keynesianos pregonan que los gobiernos deben estimular la demanda total por medio de la facilitación monetaria y los estímulos fiscales.

Sachs cree que ninguna de las dos concepciones brinda buenos resultados. Enfatiza la idea de que es necesaria una economía del desarrollo sostenible que atienda a una realidad emergente en los últimos años que se basa en  la existencia de nuevos y modernos tipos de inversión.

Sostiene que la inversión privada aún depende de la inversión pública en cuanto a su orientación. Expresa que nuestra era es definida por esa complementariedad.

A menos que el sector público invierta sabiamente el sector privado continuará acumulando sus fondos o distribuyéndolo en forma de dividendos a los accionistas.

La clave de la inversión moderna es que ésta se compone de seis tipos de capitales: el de los negocios, el de la infraestructura, el capital intelectual, el capital natural, el natural y el social.

El capital de los negocios incluye las fábricas privadas, las maquinas, el equipamiento del transporte y los sistemas de información.

La infraestructura refiere a las carreteras, vías férreas sistemas de energía y aprovisionamiento de agua, fibra óptica, oleoductos y cañerías, aeropuertos y puertos marítimos.

El capital humano se integra por la educación, las competencias y habilidades colectivas e individuales y la salud de la fuerza del trabajo.

El capital intelectual incluye el núcleo básico del conocimiento científico y el saber hacer social e individual de las fuerzas productivas.

El capital natural está compuesto por los ecosistemas y los recursos primarios que apoyan a la agropecuaria, la salud y el entorno urbano.

El capital social está representado es la confianza colectiva de las sociedades en el intercambio entre sus integrantes que permite la eficiencia comercial, el desenvolvimiento financiero y la gobernabilidad posible.

Estas seis formas de capital interactúan de forma complementaria y son las que permiten el desarrollo sostenible.

Reflexionemos ahora como está dotado nuestro país para encarar este desafío de una visión abarcativa que interactúa y se complementa entre sus distintos agentes y valores para lograr acceder a una sociedad dinámica e integrada a las nuevas realidades de nuestro tiempo.

De los seis capitales tal vez contemos con dos de ellos en forma aceptable: el de negocios y tal vez el natural.

En materia de infraestructura todos conocemos las enormes carencias que se han ido acumulando en los últimos años, en lo que hace al capital humano sabemos cómo hemos hipotecado nuestro presente y futuro en materia de educación, en lo que hace al capital intelectual debe reconocerse que ha habido progresos en los últimos años pero esos progresos no se han integrado en forma adecuada a la estructura productiva y a la trama societaria.

En el capital natural se ha procurado mantener programáticamente los ecosistemas pero como siempre fallamos en la implementación (véase el ejemplo de la cuenca del Río Santa Lucía)

En lo que hace al capital social no se ha logrado crear una confianza mutua que hoy en día es la base para nuevos emprendimientos exitosos y ello es debido a la enorme brecha (¿abismo?) impulsado desde el partido de gobierno que ha promovido una verdadera fragmentación ideológica sintetizada en el “ellos y nosotros “en que el oficialismo es dueño de la verdad y no la presta ni alquila.

En ese contexto resulta endeble y de corto plazo la afirmación gubernamental acerca del continuo crecimiento económico del período administrado por el oficialismo y que es coincidente con los resultados de la mayoría de los países latinoamericanos apoyados por los precios crecientes de sus materias primas. No existe exclusivismo en nuestro ascenso productivo.

Crecimiento no es desarrollo y salvo que las autoridades tengan una concepción cortoplacista y complaciente de la economía el mero incrementalismo material no puede formar parte del horizonte de una sociedad verdaderamente progresista.

Isaac Umansky

Autor: Isaac Umansky

Contador Público y Economista (UdelaR). Desempeñó el cargo de Contador General de la Nación y Director de la Comisión Nacional de Informática en el período 1985-1990. Profesor Economía, Finanzas Públicas y Administración en la F.C.C.E.E. (Udelar). (1969-1984). Consultor nacional e internacional en proyectos de Administración Financiera Pública y Gestión Pública (BM, BID, CEPAL, Agencia de Cooperación Sueca y la Unión Europea en Chile, Costa Rica, México, Bolivia y Cuba (Desde 1990 hasta la actualidad). Ex Presidente de la Asociación Uruguaya de Contabilidad y Presupuesto (ASUCYP) durante varios períodos. EX Vicepresidente de la Asociación Internacional de Presupuesto Público (ASIP) 2 períodos. Miembro del Consejo Internacional que emite las Normas y Estándares del Sector Público (IPSASB) de la Federación Internacional de Contadores (IFAC). Período 2010-2012.