Jueves, 12 de abril de 2018

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El Jinete sin Cabeza

En los últimos meses he reflexionado sobre el probable destino del Partido Colorado, que en sus actuales circunstancias corre el riesgo de convertirse en lo que la antropología describe como: “pequeñas tribus de cazadores recolectores, cuyo destino final es la extinción”.

 
Es que el Partido Colorado al presente, parece por añadidura un jinete sin cabeza, entre otras cosas porque está funcionando en base de emociones y memorias, en lugar de utilizar la inteligencia y la historia para definir las referencias que lo regresen a su rumbo natural.
No es un problema novedoso. En realidad es EL PROBLEMA: el Partido Colorado ha dejado de pensar, de reflexionar sobre sí mismo y sobre el futuro.

 
Batlle y Ordóñez señaló con meridiana claridad que se podía ser colorado sin ser batllista, pero que no se podía ser batllista sin antes ser colorado, no obstante en esas discusiones seguimos, aunque el propio Batlle la saldara.
En realidad es debate estéril, porque la continuidad del Partido Colorado como agrupación política es previa a la República, y en cada período, utilizó un set de ideas y herramientas conceptuales diferentes para enfrentar y modificar, o encauzar la realidad que le tocaba vivir.

 
¿Qué coloradismo era el de don Frutos Rivera?, ¿y el de don Joaquín Suárez? ¿Estaban ambos de acuerdo en todo? Acaso Suárez, que eran un formalísimo hombre de negocios de gran fortuna, ¿coincidía no ya con las ideas, sino con el “talante” de manejo monetario y presupuestal de Rivera? La respuesta sobre la divergencia entre Rivera y Suarez está debidamente registrada en la historia, que nadie lee.

 
¿Cuáles eran las opiniones del Gral. Lorenzo Batlle o del Cnel. Lorenzo Latorre, sobre el derecho de propiedad, el funcionamiento de la justicia y la moral de los banqueros?
A Lorenzo Batlle le tocó enfrentar el tema del “curso forzoso” y el “orismo” con la quiebra del Banco Maúa, y no olvidemos que Lorenzo Latorre tuvo al financista Buschental picando piedras en el “Taller de Adoquines” por un desfalco.

 
Dejemos de lado las convergencias y divergencias entre Julio Herrera y Obes y José Batlle y Ordóñez; siempre resulta claro que en el transcurso del tiempo, el Partido Colorado fue cambiando, adaptándose, respondiendo a los desafíos que le planteaba el Uruguay y el Mundo, desde la praxis gubernativa y desde el pensamiento filosófico, con genuino impulso reformista.

 
El proceso más disruptivo fue el que se generó sobre el fin del siglo XIX, en la gran polémica institucional y filosófica entre positivistas y espiritualistas, pero fundamentalmente por el enfrentamiento de la juventud de la generación que protagonizó la Revolución del Quebracho, y quienes pretendían la continuidad de la vieja política.

 
De esa generación estudiosa y revolucionaria, surgen tres presidente Colorados, José Batlle y Ordóñez, Claudio Williman y José Campistegui, y naturalmente la impronta del Krausismo; pero ¿y el resto del conjunto de ideas prácticas y filosóficas de la época?

 
Por entonces el “Taylorismo” deslumbraba de la mano de Henry Ford, (que implantó la jornada de 8 horas antes que en Uruguay y además duplicó los salarios de sus obreros), y las distintas ramas del pensamiento económico y político que veían con sorpresa que la siembra del “Manifiesto Comunista” de 1848 de Marx, (economista mediocre, además de tramposo y pésimo “profeta”) empezaba a poner Europa patas arriba.

 
Nada de eso es registrado en el proceso de discernir cual es el verdadero hilo conductor del Partido Colorado en su vocación de ser el gran constructor del Uruguay.

 
Así lo importante ha quedado subsumido en la memoria de una síntesis desinformada, que transformó el “Batllismo”, en una serie de acciones que respondían a diferentes circunstancias y motivaciones, en escenarios que ya no existen desde hace décadas.

 
¿Qué inspiraba a Batlle cuando concretó esas propuestas?
Sabemos que Batlle era conservador en temas monetarios y financieros, y explícitamente que era contrario al impuesto a la renta, porque como todos los hombres sensatos sabía que el progreso de los países, estaba directamente asociados a la capacidad de ahorro y reinversión de la gente.

 
La actual “paradoja” de crecimiento del PBI, con aumento de la desocupación y cierre de empresas, no es tal: es el resultado inexorable de la confiscación de la capacidad de ahorro del ciudadano común, (le cobran el IRPF cuando genera el dinero, y le vuelven a cobrar el IVA cuando lo gasta), que ha dejado sin el oxígeno del pequeño capital al emprendedor.

 
La creación de las empresas públicas para controlar el ejercicio de los monopolios “naturales” (debido a la escala económica del Uruguay), apuntaba a disponer de los recursos que los propietarios extranjeros repatriaban, (las “remesas” de oro), como aporte de capital para la creación de infraestructura, sin aumentar la presión fiscal.

 
ANCAP fundida y los combustibles más caros del mundo, ANTEL haciendo aumentos ilegales violando contratos, el BSE fundido varias veces, nos esclarecen dolorosamente que “la herramienta” NO es de vigencia permanente.

 
Se recuerda al Batllismo por su legislación social, alguna de dudoso éxito, pero no se habla del Batllismo gobernante, del Batllismo de los ingenieros, administradores, constructor de infraestructura, que logró eludir la trampa “socialista”, (aunque no su retórica), para hacer de Uruguay un país de oportunidades.

 
Lo más grave es que ese conjunto de decisiones políticas, adoptadas en aquellos tiempos utilizando un set de ideas sofisticadas, largamente estudiadas, se transformaron en “doctrina”, y al perderse las herramientas intelectuales que las elaboraron, se congelaron en formulas sacramentales, para asumir luego la condición de “vacas sagradas”, que siguen pastando hoy, en los campos presupuestales arrasados por la insaciable voracidad fiscal y despilfarro de la Coalición de las Izquierdas.

 

 

Juan Modesto Llantada

Autor: Juan Modesto Llantada

  • alejandro1962

    Yo pienso que el mismo Batlle y Ordoñez cometio un error. Me explico, lo que habia que hacer con las ganancias de las empresas publicas era y es usarlas para bajar las tarifas, de modo tal que los capitalistas privados tengan tarifas mas bajas y/o mejores servicios, y eso los estimule a invertir. Con eso el gobierno gana mas dinero por que las empresas privadas aportan mas por concepto de impuestos, y es recien con eso que se puede invertir en infraestructura y demas. Todos los paises que han salido adelante, y deigo bien todos, lo han hecho usando de esa manera las empresas publicas (y no exagerando en cuanto al tamaño del Estado). En vez de exagerar con el numro de mpresas publicas, hay que estimular que al dueño extranjero le convenga mas reinvertir el dinero en el pais que mandarlo a su casa matriz