Jueves, 29 de marzo de 2018

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El largo camino de la integración regional

¿Todavía existe el Mercosur? Sí, aún existe pero está cada vez más lejos de sus objetivos fundacionales, que eran los de aproximar a los países de la región. Persisten las barreras, la falta de coordinación de políticas y, sobre todo, de una voluntad para que esta unión se proyecte más allá de estas fronteras hacia las otras latitudes. En América latina se han creado numerosos organismos a lo largo de los decenios como ALALC, ALADI, UNASUR y CELAC, nos regodeamos en discursos poéticos sobre la “patria grande” y, sin embargo, estamos a una distancia enorme de procesos de integración como el europeo.

En los países hispanoamericanos tenemos una gran lengua común, el castellano, que debería funcionar como vehículo natural de la comunicación y la proximidad. A la vista de los resultados, cabe sospechar que esa lengua común, con sus matices regionales, es un obstáculo para la integración. ¿Paradoja o ironía? Porque al hablar casi todos un mismo idioma, no nos obliga a aprender la lengua del otro. No hay esfuerzo para acercarnos: los otros ya están ahí, suponemos que los entendemos y que no requerimos de un plus de energía para ser parte de un proyecto común de integración. Incluso la lengua portuguesa se nos hace bastante accesible a la comprensión y cercana al oído. En el viejo continente, casi todos los miembros de la Unión Europea tienen una lengua diferente de sus vecinos, por lo que hacen un esfuerzo adicional para conocer sus idiomas, costumbres, historia, idiosincrasias y tradiciones. Entre ellos ha habido guerras en un pasado cercano, se han cometido atrocidades, persecuciones, deportaciones masivas, bombardeos a civiles. Supieron deponer esos enfrentamientos que los llevaban a la autodestrucción, porque estaban cayendo de la civilización a la barbarie. En América del Sur hemos sabido evitar esas confrontaciones bélicas durante el siglo XX, pero aún nos falta un largo camino por recorrer.

Argentina y Uruguay, dos países tan próximos en la geografía, las costumbres, la cultura y el habla, suelen mirarse como extraños. Ignoramos la historia de ese pueblo que está en la otra orilla, a pesar de compartir la mayor parte de nuestro pretérito. Los puentes mentales y simbólicos que se crearon desde la literatura, la música, el teatro y las artes plásticas, parecieran desvanecerse. ¿Por qué nuestros estudiantes universitarios no cursan materias durante un semestre en la vecina orilla para conocernos mejor, como ocurre con el programa Erasmus en Europa? ¿Cuántos académicos y actores políticos y sociales cruzan el río para dialogar con sus pares? Confiamos en demasía en que nos entendemos -¿nos entendemos?- y dejamos para más adelante las políticas y las acciones que nos encaminen hacia una integración genuina y duradera. Con respeto a los derechos fundamentales, instituciones sólidas y reglas claras que nos permitan insertarnos exitosamente en el mundo, mejorará sustancialmente la calidad de vida de nuestros conciudadanos.

Ricardo López Göttig

Autor: Ricardo López Göttig

Profesor y Doctor en Historia, Doctorando en Ciencia Política. Profesor en la Universidad ORT Uruguay y Profesor Titular en la Universidad de Belgrano (Buenos Aires). Consejero académico de CADAL.