Jueves, 26 de mayo de 2016

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El mar de fondo del déficit fiscal

En el discurso de su primera asunción la mandataria Michelle Bachellet evocó una frase célebre del ex gobernador de Nueva York de los años 80′ Mario Cuomo:  “las campañas se hacen en poesía, pero el gobierno en prosa”.

Algo de eso es lo que se respira en estos días tras los anuncios de aumento de impuestos expresados por el ministro de economía Danilo Astori. Desde la oposición los principales líderes recurrieron a las redes sociales para refrescar a la ciudadanía las diversas instancias donde se prometió no subir impuestos ni crear nuevos tributos. Pero quizás para muchos, este debate tiene cierto dejo de deja vu, ya que hasta no hace mucho, hablar de ajuste fiscal en los años iniciales de un mandato constituía una especie de regla de oro.

En el marco de una investigación sobre partidos y desarrollo económico, tuve oportunidad de leer un interesante artìculo de Aboal, Lorenzo, Moraes y Oddone (2001). Los autores apelan al enfoque de la economía política para analizar el déficit fiscal de Uruguay durante el perìodo 1925-2000. Se da cuenta de los vínculos entre el comportamiento político e institucional de los actores políticos respecto a  indicadores macroeconómicos, y en particular el resultado fiscal1. Entiendo pertinente aplicar este enfoque para analizar de forma sucinta el anuncio de medidas impositivas que el gobierno pretende incorporar en la próxima rendición de cuentas.

Una de las polémicas que pusieron de relieve los diversos técnicos hace foco en la premura con que el gobierno decide ajustar sus cuentas apelando a la carga tributaria. Quienes hacen este señalamiento aducen la existencia de espacios para recortar el gasto2. Otra discusión adyacente es el perfil de este ajuste. Allí es donde entra la polémica en torno a que el 60% de los trabajadores no se verá afectados por los cambios del IRPF. Bajo la consigna “paga más quien tiene más” las autoridades procuran enviar una señal a la interna de su partido, en el sentido de que el ajuste mantiene la filosofía intacta su filosofía progresista a la hora de ir en busca de nuevos recursos. Es una sentencia que a primera vista parece cierta, siempre y cuando no se considere el aumento de tarifas de enero como parte del plan de ajuste. A ello se podría agregar como objeción el tope de 8% para las deducciones y el hecho de que no se tocan las exoneraciones a las inversiones.

Por otra parte, la coyuntura para el gobierno es compleja en la medida que está en juego la credibilidad de la política fiscal, y en particular del equipo económico. En este sentido, por el momento las estimaciones del gobierno no se han verificado en la realidad. Por citar un ejemplo, en el presupuesto se estimó un déficit de 3,3 para el 2015 y 3,1 para 2016, cuando en realidad terminó siendo de 3,5 para 2015 y llega a 3,6 en el 20163. La credibilidad es un intangible a preservar, no solo por los costos que se pueden pagar frente a un electorado que votó por una opción teóricamente libre de ajustes impositivos, sino porque de ella depende el tipo de relacionamiento con los sindicatos y las cámaras empresariales.

El contexto de enfriamiento de la economía puede precipitar, aún más, el déficit por vía de la propia desaceleración y la consiguiente merma en la recaudación. En ese caso la variable endeudamiento tendría otro protagonismo. Y resultarìa particularmente relevante analizar su uso desde este mismo enfoque de la economía política ya que suele tentar un uso oportunista en función del ciclo de gobierno.

Volviendo al punto central del análisis, desde este enfoque de la economía política estos ajustes no son ninguna novedad, ya que responden en gran medida al timming político con que un gobierno decide administrar las variables macroeconómicas. El ciclo de los déficit fiscales ha sido un interesante tópico de estudio que nos demuestra que pese a los discursos y las promesas de campaña, hay una tendencia a ingresa con mayor o menor intensidad en esta peregrinación política.

En Uruguay, gobernar en prosa implica reconocer que la transacción política y sobre todo presupuestaria, es parte de la ingeniería de la toma de decisiones. Que cerca del año electoral esa puja aumenta, y que en período de ajustes es más fácil cargar sobre el contribuyente que retirarle presupuesto a un socio de gobierno que controla un ministerio o una empresa pública.

 


 

1 Aboal, Lorenzo, Moraes y Oddone. “La economía política de los déficit fiscales en Uruguay”. En el libro Economìa política en Uruguay. Instituciones y actores en el proceso económico (2001)

http://www.elpais.com.uy/economia/noticias/moody-advirtio-deficit-fiscal-uruguay.html

http://www.elobservador.com.uy/las-criticas-los-economistas-la-suba-impuestos-n915167

Alejandro Guedes

Autor: Alejandro Guedes

Politólogo. Egresado de la Faculta de Ciencias Sociales.Se encuentra cursando la maestría en Ciencia Política (UdelaR). Integrante del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política.