Viernes, 27 de julio de 2018

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El mundo de las sociedades anónimas estatales

Penumbroso, ese es el adjetivo que se ajusta a este ámbito. En la web del BCU se tiene registro de 38 entidades de este tipo. En tanto, según OPP hay unas 63 empresas donde el estado tiene algún tipo de participación.

Hace poco nos enteramos por la prensa que Ancap tiene una subsidiaria llamada MATRIZ, orientada a brindar “servicios de consultoría, asesoramiento y asistencia técnica”[1]. Para nuestra sorpresa esa empresa escapa a la base de datos del BCU, de OPP e incluso de una base de datos propia que elaboré en el marco de una investigación de maestría.

Podemos seguir. Un documento de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que revisa la política comercial de Uruguay cada 6 años, contabiliza algunas de estas empresas: 14 subsidiarias de Ancap, 10 del Banco República, 9 de UTE, 7 de ANTEL, 3 del BHU, etc. ¿Se ajustan estos datos con los de OPP o BCU? La respuesta es fácil: NO. Esos datos tampoco se ajustan, ni a lo que tiene OPP, ni a lo que tiene el BCU. El desbarajuste es llamativo.

 

Un poco de retrospectiva

Para interpretar la encrucijada institucional en que estamos es necesario ir hacia atrás. El artículo 100 de la Constitución de 1918 dispuso que: “Los diversos servicios que constituyen el dominio industrial del Estado, la instrucción superior, secundaria y primaria, la asistencia y la higiene públicas serán administrados por Consejos Autónomos”. Ese puede ser un buen punto de partida si omitimos la larga trayectoria del BROU que viene desde 1896.

Posteriormente, con la reforma de 1934 se estableció la distinción entre entes autónomos (que como su nombre lo adelanta tienen autonomía respecto al Ejecutivo) y servicios descentralizados (que, si bien tienen cierta autonomía, sus decisiones pueden ser revocadas por el Ejecutivo).

En un reciente artículo sobre los 100 años de la reforma constitucional de 1918, el politólogo Jorge Lanzaro, señaló que el esquema de entes y servicios descentralizados quería evitar que esos territorios fueran “patrimonio de partido y pasto del clientelismo” (Lanzaro: 2018: 98). Esa afirmación la acompañó con toda una batería de referencias a las alocuciones y notas de opinión de los legisladores de época.

El estado uruguayo consolidó tempranamente su estructura “ampliada” al precio de combinar la descentralización y autonomía. Esos rasgos son los que hoy tienen su vigencia, junto a la tradición de coparticipación. A ello se agrega que esa descentralización ha tendido a obedecer el principio de especialidad, el cual remite a las empresas a cumplir funciones dentro del rubro por el que fueron creadas.

El artículo 190 de la Constitución es claro al respecto. “Los Entes Autónomos y los Servicios Descentralizados no podrán realizar negocios extraños al giro que preceptivamente les asignen las leyes, ni disponer de sus recursos para fines ajenos a sus actividades normales”.

 

Las SA y su control

Hoy en día el Poder Ejecutivo tiene diversos mecanismos a disposición para controlar estos organismos del rubro comercial e industrial. Lo hace a través de la designación de los miembros de directorios y en lo concerniente a la planificación económica de estas entidades.

La proliferación de las SA estatales, desafía doblemente lo que ha sido el recorrido institucional de la descentralización. Por un lado, se han implantado, de hecho, en el derecho privado. La primera fue Petro Uruguay en 1991 propiedad de ANCAP, y han proliferado hasta consagrarse como una gran constelación de empresas de las que poco se sabe, como ya hemos visto. De las pocas sobre las que se habla, algunas funcionan bien, y otras funcionan tan mal que están en proceso de cierre.

Desafían todo el sistema de controles políticos, siendo que hay una importante delegación de poder. Tal es así que tenemos subsidiarias que utilizaban trabajadores “en negro” como se supo con ALUR. Y no solo eso. Tenemos delitos que reciben tratamiento diferencial dependiendo si ocurren en empresas públicas o en empresas públicas (pero de derecho privado). En el primer caso terminan en procesamiento, en el segundo, terminan archivadas.

Cabe tomar nota de otro desafío que se presenta. El mandato de especialización que consagra el artículo 190 de la Constitución. ¡Hay que ver los giros en los que funcionan estas empresas! Son muy variados. Desde la producción de perfume hasta servicios agrícolas, pasando por servicios de call center, prospección y explotación de hidrocarburos, bolsa electrónica de valores, operadoras de estaciones de servicio, gestión y comercialización de gas licuado (proyecto trunco) y tratamiento de líquidos residuales, entre otros.

No hace mucho se divulgó que en la discusión programática del Frente Amplio estaban evaluando la posibilidad de profundizar el uso de este instrumento. Quizás se debería advertir que previo a seguir avanzando, se tiene que retornar a una discusión profundamente institucional sobre el plan de desarrollo que se quiere para las empresas públicas y la forma de garantizar a la ciudanía la correcta gestión de esos recursos que son canalizados a la periferia del estado. Una periferia que por ahora luce penumbrosa.

 


 

[1] Semanario Búsqueda N° 1977. 12 al 18 de julio de 2018.

Alejandro Guedes

Autor: Alejandro Guedes

Politólogo. Egresado de la Faculta de Ciencias Sociales.Se encuentra cursando la maestría en Ciencia Política (UdelaR). Integrante del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política.

  • alejandro1962

    ni disponer de sus recursos para fines ajenos a sus actividades normales. Eso es importante, por que entregar las ganancias al ministerio es disponer de sus recursos (ganacias en este caso) para fines ajenos a sus actividades normales, pues éstas no incluyen dar ganancias

  • alejandro1962

    Lo de los perfumes ya se cerro. En cuanto al call center, es exclusivamente para la propia empresa. No brindan servicio de call center a terceros, que eso si está prohibido. Que el servicio de call center sea brindado por una sociedad anonima propiedad del ente en vez de por el mismo ente, no cambia las cosas