Miércoles, 21 de diciembre de 2016

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El mundo está enojado y tiene razón

Al hacer los clásicos balances de fin de año, el que está pronto a finalizar puede ser catalogado como el año del enojo.

Dese hace varios años están surgiendo en distintas partes del mundo movimientos, en algunos casos espontáneos, en otros no tanto, de personas indignadas con los avatares de la economía. Al principio un tanto pintorescos y revoltosos fueron haciendo crecer su voz. Pero tal vez lo más llamativo sea que ese descontento haya sido el elemento aglutinador que consagró un voto anti sistema en una serie de elecciones claves que se sucedieron a lo largo del año.  Tal los casos del Brexit o la elección de Trump en los Estados Unidos. Algunos incluyen también en esta corriente al voto negativo al acuerdo de paz firmado entre el gobierno colombiano y las FARC.

América Latina estuvo en cierta medida alejada de estos procesos, ya que coincidieron con el súper ciclo de las materias primas lo que le permitió a la región vivir una bonanza como hacía muchas décadas no acontecía. Pero terminado ese ciclo las economías se pararon y lentamente comenzó a crecer el descontento entre la población, con cambios de partido en las distintas elecciones que se van sucediendo.

Son varias las preguntas a hacerse sobre este enojo generalizado. La primera debe apuntar a tratar de entender ese descontento generalizado. Me adelanto a responder que la gente tiene razón para estar enojada y que buena parte de ese enojo deriva de las respuestas inadecuadas a problemas concretos desde la dirigencia política.

Se están dando una serie de problemas que rompen con los paradigmas a los cuales estábamos acostumbrados, que son de difícil solución e implican costos para la población. El previsible bienestar social que alcanzó occidente tras el fin de la Segunda Guerra Mundial está mutando rápidamente a un contexto más incierto, con los lógicos resquemores y angustias de la población.

Paradójicamente los avances en materia de salud, que prolongan la esperanza de vida de la población han provocado por otro lado uno de los mayores problemas que enfrentan las economías. El lento crecimiento de la población unido al envejecimiento de la misma hace que los sistemas de seguridad tal como están diseñados actualmente ya no sean viables. No se trata de aspectos ideológicos, simple aritmética. Somos relativamente cada vez menos los que aportamos y relativamente cada vez más los pasivos. A su vez estos viven cada vez más.

Como los recursos no alcanzan, se topean las pasividades y en muchos países se aumentó la edad mínima de retiro.

Como en general se trata del programa social más importante en la mayoría de los países, pese a que las prestaciones por beneficiario son cada vez menores en relación a su condición de actividad, el gasto total es creciente, por lo que quedan menos recursos para los restantes programas sociales. A su vez, como los recursos escasean, se le piden más aportes a la población. En resumen, estamos asistiendo a un agotamiento del estado de bienestar, que cuesta cada vez más y ofrece cada vez peores servicios.

Uruguay no es ajeno a ello y la problemática en materia de la seguridad social va más allá del problema puntual que puedan estar sufriendo los cincuentones. La reforma de 1996 se debió precisamente a los cambios demográficos que ya sufría el país en aquellos años. Transcurridos veinte años se agudizaron y la viabilidad del sistema exige ajustes entre los que habría que pensar en un aumento de la edad de retiro, lo que seguramente no resulte del agrado de la población.

Otro de los problemas que aqueja a los habitantes del planeta también deriva de los adelantos tecnológicos. Precisamente los vertiginosos cambios que se suceden día a día están transformando el mundo del trabajo, al punto tal que la mayoría de las tareas que realizamos actualmente se tornarán obsoletas en un futuro no muy lejano. Corremos el riesgo que en un futuro no muy lejano todos seamos prescindibles.

Pero ello no quiere decir necesariamente que la gente quedará desempleada, ya que otras tareas serán requeridas. Este es otro tema que angustia a la población mundial y al que los sistemas educativos no han dado la respuesta adecuada. No es el caso de nuestro país, que estamos tan adelantados que la discusión en materia de educación pasa por temas tan elevados y trascendentes como la asignación de las horas docente. Pero en buena parte del mundo, incluso en los países desarrollados no todos los sistemas de formación acompasan a los cambios tecnológicos, o en todo caso no están bien focalizados.

Puede que las generaciones más jóvenes tengan las capacidades adecuadas, pero ellas no son las afectadas por los cambios. Son las personas de más edad quienes pierden su trabajo y se les dificulta encontrar uno nuevo por carecer del perfil adecuado para el puesto.

Esto va de la mano de la globalización. Los grandes números, sea el PIB o los flujos de comercio, muestran sin lugar a dudas resultados positivos. Pero esa ganancia global esconde muchas pérdidas particulares. El señor del párrafo anterior que perdió su empleo y no encuentra otro. La empresa ubicada en un pequeño pueblo que se trasladó a otra locación, afectando a esa población. Y así sucesivamente.

Si bien el gran número de la globalización es positivo, queda en el debe la falla al atender a quienes se vieron afectados, que son muchos.

Pasar de una relativa seguridad a la incertidumbre no es fácil, máxime cuando no se tienen las herramientas suficientes para enfrentarla, lo que genera angustia y explica el enojo.

La incapacidad de las políticas para dar respuesta a estos problemas, que en muchos casos se quieren compensar con mayores derechos y reconocimientos a otros grupos, muy justos pero que no necesariamente estaban al tope de la agenda social. Ello exacerba aún más los ánimos y genera el terreno propicio para la aparición de realismos mágicos y posiciones xenófobas que no llevan a ningún lado.

Los nuevos tiempos exigen de mucha comunicación y transparencia desde la dirigencia política. Las demandas son crecientes y los recursos escasos, lo que obliga a una asignación eficiente.

El mercado sigue siendo el mejor asignador lo que no quiere decir que no tenga fallas, las que deben atenderse. El desafío de las políticas públicas es cómo atenderlas dados los recursos escasos.

Uruguay tiene enormes carencias en materia de infraestructura y ante la falta de recursos el gobierno busca el apoyo del sector privado. La aparición de las AFAP en 1996 se debió a la imposibilidad del régimen vigente anteriormente de atender todas las pasividades, transfiriendo parte de la responsabilidad a los estratos de mayores ingresos para que complementen una prestación básica otorgada por el BPS.

Ejemplos de cooperación público-privada hay de sobra y necesariamente habrá más en el futuro bajo distintas modalidades. Que atiendan adecuadamente la falla que motivó esa cooperación evitará muchos enojos.

Aprovecho para desear a los lectores unas muy Felices Fiestas y que el 2017 en lo personal les sea próspero y que el Uruguay emprenda de una vez por todas las reformas que le permitan alcanzar el tan ansiado desarrollo. Educación, Inserción Internacional, Empresas Públicas, por sólo citar algunas. Atendiendo por supuesto a los que resulten afectados. ¿Será mucho pedirle a Papá Noel y los Reyes Magos?

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.