Viernes, 24 de febrero de 2017

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El mundo nos da un respiro

El comienzo del 2017 se presenta más auspicioso que el del año anterior. La temporada turística en marcha es muy buena y el arribo de turistas ha aumentado de manera importante. Extraoficialmente se anuncia que la recaudación impositiva creció en enero y la inflación se ha controlado y encauzado en el verdadero rango de confort de la política, que es entre 7% y 9%. Es más, es casi seguro que en poco tiempo se comience a anunciar con bombos y platillos que las exportaciones revirtieron su caída y volvieron a crecer.

Ante este panorama, que dista mucho de una crisis son varias las preguntas a hacerse. En primer lugar, dada la recesión imperante en la región y la incertidumbre global, ¿las buenas noticias hablan de una mejora permanente hacia el futuro? En segundo lugar, ¿son mérito del gobierno?

Comencemos por la primera. De ninguna manera se puede hablar de un cambio permanente y lo que estamos viviendo se asemeja a una primavera transitoria.

Definitivamente el superciclo de las materias primas quedó atrás y la economía uruguaya, si bien no entró en recesión, está creciendo por debajo de su potencial de largo plazo, que se puede estimar en un crecimiento tendencial del 3% anual.

Pese a la crisis regional, el moderado crecimiento es posible porque la caída en los precios de las materias primas no nos pegó tanto como a los exportadores de minerales. La demanda por nuestros productos sigue firme y los precios, si bien menores que en el pasado, son atractivos y en los últimos meses han repuntado. No inducen a aumentar la frontera de producción agropecuaria, pero sí para mantener la existente.

Pero esto por si sólo no alcanza para explicar por qué la economía está creciendo, cuando hace un año se proyectaba un estancamiento.

El factor que está detrás de esto es el abundante financiamiento existente. Pese a los anuncios, las tasas de interés en los Estados Unidos siguen en niveles muy bajos y los capitales financieros retornaron a los mercados emergentes, lo que lleva a la apreciación de sus monedas.

El atraso cambiario que se genera provoca una sensación de riqueza, ya que los bienes importados son más accesibles, lo que lleva a un mayor consumo. Sobre fines del pasado año se revirtió la caída en las ventas de autos 0km.

Esta mayor confianza de los consumidores se ve reforzada en la mejora real de las remuneraciones, derivada de la flexibilización de las pautas salariales y el descenso de la inflación.

El crecimiento descansa entonces en un mayor consumo. La pregunta hacia adelante es cómo evolucionará el consumo al entrar en vigencia la suba del IRPF y el IASS y como incidirá una suba del tipo de cambio.

En cuanto a si el mejor desempeño es atribuible al gobierno, inconscientemente en parte si y en parte no. Ante la escalada de los precios que llevó la inflación anualizada al 11% en el primer trimestre del pasado año, el PIT le torció dos veces el brazo al gobierno y le obligó a flexibilizar las pautas salariales, avalando mayores aumentos.

En esos mismos momentos el escenario internacional estaba cambiando y los capitales que huyeron de la región a fines de 2015 comenzaron a retornar. Esto ayudó a reducir la inflación y con ello las retribuciones reales.

Como contrapartida, aumentaron los costos internos y disminuyó la competitividad de las empresas exportadoras.

Acá empiezan los problemas. Esa menor competitividad y la incertidumbre por el contexto internacional frena las inversiones. Si bien aún no están las cifras finales del desempeño de la economía a lo largo del último año, el crecimiento resultante será inferior al del salario real, lo que redundará en una caída del empleo.

A su vez, cuando suban las tasas internacionales y vuelvan a salir los capitales, se frenará el consumo y ahí la economía enfrentará problemas serios.

Por un lado, al estar creciendo por debajo de la tendencia de largo plazo la recaudación también crece menos, lo que genera problemas fiscales.

Este es un aspecto sumamente importante en momentos en que comienza a elaborarse la Rendición de Cuentas. El gobierno tiene que ser extremadamente cuidadoso y no alardear del fácil acceso al crédito con que cuenta. Elaborar un Presupuesto para los próximos tres años que eleve el gasto puede resultar un acto irresponsable en la medida que el ajuste fiscal en marcha no dé el resultado esperado. Ello exigiría de un nuevo ajuste o de más deuda, lo que también traería sus complejidades al ingresar esta última en una dinámica peligrosa que haga perder el grado de inversión.

Un par de comentarios finales sobre el desempeño favorable de algunas variables y la incidencia del gobierno en ello. Concretamente la buena temporada turística y el aumento de las exportaciones.

Es claro que el mayor número de visitantes argentinos se debe a que en la presente temporada Uruguay se tornó más accesible para ellos. No necesariamente estamos más baratos en términos absolutos, pero sí más accesibles que en el pasado, y todos sabemos el imán que tiene Punta del Este para el argentino. Si pueden venir, aunque haya otros destinos más baratos, lo harán. Como dijo el senador Bordaberry cuando la comisión permanente recibió a la ministra de Turismo, hay que agradecer a san Mauricio por ello.

La ministra pretendió disminuir la importancia de los precios relativos y adjudicar los méritos a la política de devolución del IVA. Señaló el esfuerzo del gobierno que renunció a US$ 23 millones el pasado año. En ese mismo año ingresaron al país más de 3 millones de turistas. Una simple operación aritmética que no necesita de calculadora nos dice que en promedio se le devolvió US$ 7 a cada turista.  No me parece que ese sea un aliciente suficiente por el cual alguien elije su destino para vacacionar. De hecho, según algunos trascendidos extraoficiales sería una partida a ahorrar para ayudar a abatir el abultado déficit fiscal.

En cuanto a las mayores exportaciones, responderán a una mejor cosecha de soja, que el año pasado se vio afectada por la sequía del verano, y a mejores precios.

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.