Viernes, 3 de marzo de 2017

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El necesario análisis estratégico y analítico…

Estamos viviendo mutaciones y transformaciones que van mucho más allá de lo que podíamos haber imaginado al principio de nuestro siglo.

Los cambios se deben a múltiples factores pero uno de los más intensos y profundos es la superación de las barreras que permitían mantener a las sociedades del mundo aisladas e incomunicadas.

Es posible observar en este contexto que la economía real es una de las disciplinas que ha tenido uno de los impactos removedores de mayor alcance dado que se encuentra agitada por nuevas acciones que se van desenvolviendo sobre la marcha y que son altamente creativas.

Así en el último cuarto de siglo se han profundizado dos nuevas tendencias en el sistema económico mundial: Por una parte vemos como se consolida lo que podemos denominar el capitalismo cognitivo basado en la sociedad de la información y el conocimiento mientras que una segunda peculiaridad tiene que ver con la extensión y profundidad con que se amplia el mercado financiero internacional que adosa a sus atributos una suerte de capitalismo virtual basado en la sofisticación de los sistemas de comunicación.

Desde el punto de vista histórico se puede decir que a nuestra época aún le falta una interpretación analítica del sentido y orientación de los cambios así como una base metodológica – con cierto rigor acreditado – que permita revelar el significado de la multiplicidad de fenómenos que se están desarrollando.

Ante ese panorama aparecen doctrinarios de diversas procedencia que suelen recostarse cómodamente en la palabra crisis para describir a nuestra era fermental.

Una de las mentes más lúcidas de nuestro tiempo, el recientemente fallecido Zygmunt Bauman, ante la pregunta acerca de si estábamos en presencia de una crisis sostenía que él no creía en la existencia de una crisis y exponía con claridad que en realidad nos hallamos en un período de transición.

Se extendía en sus conceptos afirmando que debíamos extrapolarnos de la situación actual que es francamente riesgosa y difícil, pero su vez él no podía señalar a ninguna institución, a ningún tipo de acción colectiva que esté aquí para quedarse.

Sustentaba la convicción de que el poder que influye en el presente funciona en un nivel global pero las herramientas con las que podemos trabajar, con las que podemos controlar este poder, aún son locales

Encontraba una gran brecha entre el poder y las políticas, describiendo al poder como la habilidad para hacer las cosas mientras que la política era la destreza para decidir qué cosas debemos hacer y constataba que la política seguía confinada en lo local.

Para disponer de un estado de referencia a la situación actual – que tan bien describe Bauman- es preciso remontarnos a por lo menos al proceso iniciado y luego desenvuelto en el escenario internacional desde la segunda posguerra que es un punto de quiebre significativo en términos históricos.

Tratando de recomponer la trayectoria desde ese punto de arranque podemos recoger algunos hechos estilizados: Así tenemos el testimonio de algunos historiadores los cuales señalan que el crecimiento de los países desarrollados fue mayor entre los años 1960 y 1974, con una media anual del 4,9 %, que durante los años posteriores en que predominaron las medidas desregulatorias de la economía.

Estos expertos reconocen que en el período de mayor auge predominaron políticas de tipo keynesiano las cuales permitieron incrementar ingresos, salarios y protección social sin reducir el crecimiento y sin producir una inflación incontrolable.

Pero a su vez, registran que estas estrategias tuvieron éxito porque se dieron determinadas condiciones que no se podrían repetir, entre ellas un gran apoyo político por parte de los gobiernos de las economías líderes.

Tratando de buscar traslucir el itinerario histórico en lo que hace a su influencia en la marcha de los eventos económicos es posible rescatar la evidencia de que la dinámica del sistema económico ha dependido en alto grado de las expectativas de cada época.

El propio Keynes afirmaba – en sus escritos clásicos – que las expectativas se dividían en dos grupos: las primeras se relacionaban con los precios y eran las denominadas expectativas de corto plazo, mientras que las segundas tenían que ver con los rendimientos a futuro y eran las que él atribuía al largo plazo.

Si quisiéramos traducir esta definición de expectativas a nuestros años deberíamos reconocer que en la actualidad muchos de los precios están influidos directa o indirectamente por la economía global mientras que los rendimientos dependen en alto grado de la competitividad sistémica que pueda alcanzar cada país en relación a los hechos económicos que se suceden en el ámbito internacional.

Ahora bien ¿cuál es la perspectiva actual ante los fuertes hechos disruptivos producidos en el último año? (elecciones americanas, principio de quiebre de la Unión Europea preanunciada por la decisión del Brexit, mayor influencia rusa, reducción de la velocidad del desarrollo chino)

Los analistas de riesgo de los países desarrollados en sus análisis de las expectativas a largo plazo – de este nuevo escenario alterado y probablemente fuertemente alterable a futuro – predicen que quienes tomen decisiones de alto nivel se llamarán a una pausa en sus determinaciones para el corriente año.

Algunos de ellos se ocupan de reflejar el impacto de las políticas generales y las públicas de cada uno de los países más desarrollados en los riesgos y oportunidades que se presentarán en los distintos mercados, destacando el ascenso de la incertidumbre en la economía globalizada.

Estas vacilaciones producidas por los eventos del 2016 – los cuales continúan arrojando fuertes impactos en nuevas decisiones tomadas en los primeros meses de este año – se extienden a lo largo y ancho de los distintos países y en los variados sectores de producción y servicios.

Mientras que parte de estas fluctuaciones se le atribuyen a los riesgos que emanan de las recientes rupturas del orden establecido – floreciente y agresivo nacionalismo, perturbación en el comercio internacional, predominio de valores xenófobos – también se señala la ambigüedad que surge en la elaboración de las políticas públicas por parte de la primer potencia mundial.

Las dos áreas donde se concentra la mayor atención refieren a las condiciones en que se desenvolverán los principales mercados y los probables cambios regulatorios que se impulsen y que serán el producto de las nuevas elecciones políticas.

Ambos condicionamientos se espera que tengan una altísima conmoción en las operaciones habituales de los distintos mercados.

Un ejemplo de esta visión se puede encontrarla en los recientes artículos de Paul Krugman y su predicción de que el nuevo gobierno republicano pretenderá derogar la denominada ley Dodd- Frank que fue la respuesta regulatoria al sistema financiero americano luego de la crisis del 2008.

Sostiene el Premio Nobel de Economía, que con esta ley se había comenzado a reducir los abusos existentes en el sistema financiero de los E.E. U. U. y que su posible revocación permitirá impulsar lo que él denomina una depredación financiera.

En el inventario que los hombres de negocios observan como riesgos adicionales se encuentra, en segundo término, la seguridad cibernética y la protección de los datos.

Señalan que en ambas áreas los riesgos se están incrementando fuertemente. Ponen como ejemplo sucesos que ocurrieron en el último año como ser la filtración en la información del Comité del Partido Demócrata, la ocurrida en los servicios de seguridad del Departamento de Estado y la desenvuelta en la empresa Yahoo.

Estos eventos amplifican los problemas que continuamente se presentan en los sistemas de información que son una parte importantísima en las estrategias empresariales.

Se menciona asimismo por parte de los analistas de riesgos, las posibles transformaciones originadas en las innovaciones disruptivas, la volatilidad de los mercados, la resistencia al cambio de los recursos humanos y la endeble lealtad de los consumidores.

Si a esta visión de los expertos en riesgo adicionamos algunos datos preocupantes de la segunda economía mundial no podríamos anticipar un buen desempeño para nuestro nuevo año.

China ha ido perdiendo reservas de divisas desde el momento que sus autoridades devaluaron el yuan, en agosto del 2015.

Como asimismo se está produciendo en ese país una fuerte fuga de capitales no sería nada extraño que sus autoridades se vieran obligadas a una nueva devaluación que encresparía probablemente la relación con la nueva administración americana.

Cabe registrar que durante 2016 la moneda china se debilitó frente al dólar debido a la dinámica recuperación de la economía estadounidense que tuvo como añadido accesorio a los efectos inducidos por las expectativas creadas en torno al incremento de las tasas de interés estadounidense.

Todo este panorama, alterado y probablemente altamente alterable, requiere un enfoque analítico y estratégico que nuestro país debe procurar incorporar a sus políticas internas dado que las expectativas globales han cambiado muy fuertemente.

No podemos tener la ilusoria fantasía acerca de que lo que nos permitirá salvarnos será la inversión externa a la que alentamos con ventajas que no concedemos a nuestros inversores.

Se trata de considerar que la necesaria adaptación al nuevo contexto es no solamente un tema país, sino que es también una tarea impostergable para rescatar una orientación estratégica que nos permita situarnos en una sintonía de decisiones paralela a la nueva realidad, reconociendo la necesidad de hacer el seguimiento a estos perturbadores eventos.

Esto podría concretarse si la actual administración de gobierno lograra hacerse un tiempo para desenredar su madeja interna con el fin de abocarse a los problemas reales y no desgastarse meramente en su estrecha visión micro política.

Isaac Umansky

Autor: Isaac Umansky

Contador Público y Economista (UdelaR). Desempeñó el cargo de Contador General de la Nación y Director de la Comisión Nacional de Informática en el período 1985-1990. Profesor Economía, Finanzas Públicas y Administración en la F.C.C.E.E. (Udelar). (1969-1984). Consultor nacional e internacional en proyectos de Administración Financiera Pública y Gestión Pública (BM, BID, CEPAL, Agencia de Cooperación Sueca y la Unión Europea en Chile, Costa Rica, México, Bolivia y Cuba (Desde 1990 hasta la actualidad). Ex Presidente de la Asociación Uruguaya de Contabilidad y Presupuesto (ASUCYP) durante varios períodos. EX Vicepresidente de la Asociación Internacional de Presupuesto Público (ASIP) 2 períodos. Miembro del Consejo Internacional que emite las Normas y Estándares del Sector Público (IPSASB) de la Federación Internacional de Contadores (IFAC). Período 2010-2012.