Lunes, 14 de septiembre de 2015

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El plenario de la discordia.

Lindo lío que puede marcar nuestro futuro.

Lío del que muchos entienden poco y pocos entienden algo. Bien uruguayo. Todos somos directores técnicos o negociadores internacionales dependiendo del tema del momento. Pero en fin… si no fuese así, no sería Uruguay.

No es mi intención profundizar sobre el TiSA. Malo sería que lo hiciese ya que el mismo aún no existe. Pero tampoco rehuyo al tema. Entiendo y estoy convencido que no era el momento para tirar la toalla. Podríamos haber avanzado en las negociaciones y llegado el punto de tener el texto definitivo del acuerdo – o al menos un borrador del mismo – decidir si se suscribía o no, pero acercamos la línea de meta y dejamos la mesa.

Bastante se ha hablado de la forma en que se tomó esta decisión, y es sobre este punto, y no sobre la decisión en sí, que quiero compartir mis reflexiones.

Mucho se ha dicho en contra de que el futuro del tratado dependa de la opinión del Plenario del Frente Amplio, que dicha opinión no es representativa y poco menos que este camino es un atentado a la democracia, agregando estos críticos que es el Parlamento quien debe decidir, por ser el único depositario de la representación democrática.

Discrepo.

La potestad de concluir y suscribir tratados no es del Parlamento sino del Poder Ejecutivo. El Parlamento recién interviene a posteriori para su aprobación previo a la ratificación, acto este que nuevamente recae en el Poder Ejecutivo. Nuestra Constitución es clara sobre este punto. Por tanto, siendo una potestad del Poder Ejecutivo, es este quien decide con quien asesorarse o a quien consultar.

Puede por tanto consultar a quien le plazca.

Puede consultar a las cámaras empresariales del ramo, a los sindicatos relacionados con el tema, a la almohada o, como aconteció, a su fuerza política. Y sobre esto, no es válido el argumento de que se debió consultar al Parlamento por ser lo más representativo. En absoluto. Y menos válido aún es el argumento de que, en tanto el Presidente es el presidente de todos los uruguayos, no le corresponde alinearse solo con el pensamiento de una parte de la opinión del país.

Si bien es cierto que el Presidente lo es de todos los uruguayos, es impensable sostener que por ese hecho debe abdicar de su programa y amoldarlo a la media ponderada de los programas de todos los partidos que se presentaron a la elección. El Presidente fue electo en base a un programa de gobierno (o al menos eso quiero creer) y desde el momento que triunfó, es dicho programa el que debe regir su actuación. Si al Presidente le apareció alguna duda sobre la conveniencia del TiSA, o si el mismo contradecía o no el programa que lo llevó al poder, nadie mejor que su fuerza política para aclarar el punto.

Y el resto tendremos que ir a llorar al cuartito.

Así es la democracia. El Parlamento tiene la potestad de frenar un tratado que considere inconveniente, pero no tiene ninguna prerrogativa constitucional de promover uno si no es por iniciativa del Poder Ejecutivo. Así es nuestro sistema constitucional. Ni más, ni menos.

Dicho lo anterior, sin embrgo, todavía cabe hacer otro análisis, este si ya de tinte más político.

Fue decisión del Presidente consultar al Plenario del Frente Amplio, y no cabe en mi cabeza que no supiese cual sería el resultado. Si a esto le sumamos la rapidez en apartarse de las negociaciones una vez obtenido dicho pronunciamiento, la conclusión parece hasta obvia: el Presidente no querría negociar el TiSA. Un tiro a dos bandas.

En primer lugar, le marca la cancha a un sector que estaba tomando mucho protagonismo (dado que maneja el tema económico) con un mensaje claro: no se vistan que no van o en definitiva, el que sigue mandando soy yo.

En segundo lugar, desacomoda a su antecesor, quien fuera propulsor de participar en estas negociaciones, obligándolo a dar una nueva voltereta para pararse en la vereda en la que da el sol. ¿O acaso la excusa de que China no esté en las negociaciones? El TiSA, con los actuales participantes, ya representa el setenta por ciento del comercio mundial de servicios. Es cierto que si hubiese ingresado China dicho porcentaje sería mayor pero… cuando Uruguay decidió participar China no estaba, por lo que no debe ser un tema tan importante ¿no?

Es cierto también que podemos encontrar fundamentos para afirmar que debió ampliar su espectro de consultados, sin que esto sea una contradicción con lo anterior.

En efecto, al ritmo que vienen las negociaciones por este tratado, es harto probable que el mismo no quede acordado hasta dentro de unos cuantos años, tantos que seguramente el Presidente ya no lo será, e incluso muchos de los actuales parlamentarios tampoco estarán en funciones. Es por esto que, tal vez, debió haber consultado a los demás Partidos Políticos (no ya al Parlamento) en tanto la tradición de permanencia que estos tienen en el Uruguay (a diferencia de lo que sucede en casi todo el resto de la región) es más que probada. Aunque, insisto, hubiese sido bueno que lo hiciera pero nada le obligaba a hacerlo. Era una mera decisión política y es al Presidente al único que le incumbe la decisión de transitar por un camino u otro.

El tiempo aclarará las cosas, de eso no hay duda. Tal vez en un futuro participemos, tal vez no, pero como dijera al principio, es una verdadera pena perder la oportunidad de estar en la cocina del tema jugando en las ligas mayores y en cambio, volver a ver pasar el tren sin posibilidad de subirse no ya la locomotora, sino tampoco a un vagón de cola.

Ya finalizando, y dando una vuelta más cual perro estreñido, debo reconocer que la imaginación a veces me juega malas pasadas…

Realmente me sorprendió ver al Presidente desautorizar a cuatro Ministros en menos de quince días. Y no cualquiera. María Julia, Ernesto, Danilo, y Rodolfo (estos dos en relación al tema de esta columna). Justamente los que podríamos suponer que son de “su palo”. Esto llama mucho más la atención si recordamos que Carolina parece haber ganado la cuereada por el Arena y que el interino de Relaciones Exteriores es Eduardo, justamente los del “otro palo”. (N. del A.: perdonen la camaradería, pero en mis sueños soy muy confianzudo)

Nuestro presidente no es tonto, sino todo lo contrario. Tampoco es débil. Menos aún manejable. También es impensable acusarlo de presionable. ¿Entonces?

Podemos concluir por tanto y dentro de este delirio que el debilitamiento de “sus” ministros es adrede. Junto con esto, si queremos tener delirios coherentes, debemos encontrar una razón para tal conducta. Y tal vez existe.

Un ministro débil y peleado tanto con los de adentro como con los de afuera es lo que podríamos llamar “carne de censura”…

En mi delirio también me imagine buscando mi Credencial Cívica…

Supongo que todo esto es fruto de mis alucinaciones, las cuales me hacen ver cosas que seguramente no existan. Seguro.

Hasta la próxima, si es que hay…

@dannyvile

Autor: @dannyvile

Nací y estoy viviendo... al menos por ahora... y mientras tanto jugando al abogado...(y ojo, que los fines de semana me transformo en hooligan manya)