Lunes, 3 de agosto de 2015

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Markarián tiene razón y no la tiene. (I)

El Rector Roberto Markarián se enojó la semana pasada. Uno, de los muchos rankings de Universidades existentes, colocó a la Universidad de Montevideo en el mismo lugar que la Universidad de la República. El Rector Markarián, molesto, consideró un error comparar la UdelaR con la UM. Y en esta columna, primera de una serie, quiero, al igual que Cantinflas, contarles por qué no es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.

El primer punto obvio es que el Rector Markarián no se estaba refiriendo a la imposibilidad dialéctica de la comparación. Por descontado, al tener ambas la categoría de Universidad, es posible comparar métodos, objetivos, resultados, logros, fracasos y mil otros parámetros en los que, hora la una otrora la otra, ambas pueden atribuirse preeminencia.

La objeción de Markarián se centra en el resultado. En que asignar la misma posición en el conjunto de las Universidades latinoamericanas a la UdelaR y la UM es un error. Bastante enojado, el Rector afirmó: “La Universidad de Montevideo no existe”. En la exposición ExpoEduca 2015 dijo que le parecía “un error de cálculo del que lo hizo. En qué lugar estamos no sé, pero las diferencias son notorias”. Y prosiguió elaborando, fundamentalmente sobre el tamaño relativo y la importancia de ambas instituciones.

Hay que destacar un segundo punto que a veces es menos obvio. Tener una posición relevante en un ranking de Universidades no es trivial para una Universidad privada, paga. Atraer suficientes clientes como para mantener el negocio funcionando es extremadamente importante. Y para ello es necesario elaborar una imagen de éxito que construya un sentido de pertenencia, excelencia y logros en una masa suficiente de posibles clientes. Demostración de lo dicho es que la UM usa ese resultado como parte de su propaganda institucional.

El tercer punto es el de la relevancia, consistencia, reputación y rigor de los índices de medición. El ranking de la discordia es producido por la consultora internacional Quacquarelli-Symonds y se conoce normalmente como el QS World University Rankings, una métrica compuesta de diferentes indicadores que intentan medir  la calidad académica de un conjunto de Universidades de todo el mundo. Recientemente (2011) empezó a incluir estudios regionales y es en el estudio de 2015 (que puede consultarse acá) donde tiene su base la presente controversia. Existen otros rankings bien conocidos (Academic Ranking of World Universities (Shangai) desde 2003, Times Higher Education World University Ranking desde 2011, Leiden ranking desde 2011, CHE-Die Zeit rankingEuropean Multidimensional University Ranking System, Ranking Web de Universidades desde 2009, Scimago Institutions Rating desde 2009, etc).

Los distintos rankings tienen distinta metodología, distintos énfasis, diferentes indicadores y, naturalmente, diferentes resultados. Escogiendo cuidadosamente el ranking, tanto la UM puede vanagloriarse de ocupar la primera posición en el QS, como la ORT henchir el pecho por estar entre las mejores universidades del mundo por cuarto año consecutivo en el THE, la Ucudal ser la mejor Universidad privada del Uruguay en el Webometrics, o la UdelaR ser la mejor rankeada en Scimago. Uno de los importantes problemas de estos rankings es que nuestras universidades son tan insignificantes en el contexto mundial que su presencia es raramente detectada y mucho menos reportada.

Así que, como les decía al principio, el Rector Markarián tiene cierta razón cuando despotrica contra un ranking que coloca a la UM al mismo nivel de la UdelaR. Pero también no la tiene, porque es perfectamente posible que considerando un subconjunto de indicadores que tienen relevancia en un ranking determinado, la UdelaR y la UM (o cualquiera de las otras) se nivelen o intercambien posiciones. Por ello es necesario detenerse en cada uno de los rankings, ver qué elementos se incluyen, qué indicadores priorizan, qué evolución registran en el tiempo y poner dicha información en un contexto adecuado. Eso lo iremos haciendo en sucesivas columnas.

No para saber quién es mejor o peor, sino para entender cuáles son nuestras virtudes, cuáles nuestras carencias, que cosas podemos mejorar, que cosas nos están vedadas. Y en cuantas cosas nos hacemos trampas al solitario.

Porque, como dijo Ramón de Campoamor,

En este mundo traidor
nada es verdad ni mentira
todo es según el color
del cristal con que se mira.

 

 

Oscar N. Ventura

Autor: Oscar N. Ventura

Doctor en Química. Profesor Titular (G5) efectivo, con Dedicación Total (DT) de la Facultad de Química (UdelaR). Director del Computational Chemistry and Biochemistry Group (CCBG). Investigador Nivel 5 del Pedeciba. Investigador Nivel 3 del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

  • Pedro Bordaberry

    Como decía el finado Contador José Pedro Damiani: No mienten los números, sino los que hacen los números …

  • Oscar N. Ventura

    Ja, ja. Yo prefiero no llamarlo mentira, sino seleccionar lo que a uno más lo favorezca. Después de todo, todos queremos causar la mejor impresión en los demás. Entiendo sí que es un asunto en el que debemos sincerarnos todos y encarar a fondo por qué estamos tan abajo y qué podemos hacer para mejorar.

  • Santiago González

    En el mundo del tenis, particularmente el ranking ATP, los Top10, son los que marcan la tendencia, los Top100 se puede decir que pueden vivir comodamente del deporte que practican, y de ahi para abajo las diferencias entre jugadores es a veces de uno o dos puntos ATP (para tener una idea, el que gana Wimbledon se lleva 2000 puntos).

    Leyendo esto, y viendo como Markarian se indigna con el ranking que lo pone en pie de igualdad con la UM, no pude evitar compararlos con el tenis.

    En definitiva, son dos jugadores con un ranking de 1800 para abajo que se pelean entre ellos por tres puntitos locos, de entrenarse para ganar un Grand Slam, nada de nada…

  • Blanca Velázquez

    Si, debemos sincerarnos, evaluar la razón de por qué estamos tan mal a nivel educativo, y actuar en pro de la mejora continua. Menospreciar los resultados obtenidos por otra Universidad en los parámetros en las que ambas Universidades fueron comparadas no me parece una buena actitud. Por el contrario, se debería tratar de mejorar en aquellos aspectos que se evaluaron y mirar para adelante, mejorar, optimizar, y no tener una actitud mediocre tratando de algún modo desacreditar a otra institución. También aquí hay una cuestión de marketing, y coincido plenamente en las palabras citadas:
    “En este mundo traidor
    nada es verdad ni mentira
    todo es según el color
    del cristal con que se mira”.

    Me gustará mucho seguir la serie de artículos que se publicarán al respecto, ya que por demás me interesa el tema. ¡Estaré esperando con ansias los mismos!