Miércoles, 6 de septiembre de 2017

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Elasticidad voto

La elasticidad-precio de la demanda es uno de los primeros conceptos que se inculcan a los estudiantes de las carreras vinculadas a las ciencias económicas. Básicamente, la elasticidad-precio de la demanda es una medida de cuán sensible es la demanda de cierto bien o servicio frente a variaciones de su precio. Se dice que la demanda es elástica si ante cierto incremento porcentual en el precio, el decremento de la demanda es porcentualmente mayor. La inelasticidad es justamente el concepto opuesto, incrementos en el precio no se perciben en la cantidad vendida. Seguramente el caso más usado para ejemplificar este concepto es el de la insulina y el diabético. Aunque se duplicase el precio de la insulina, el diabético estará obligado a comprarla, dado que es un bien esencial para su vida, por lo cual, la cantidad transada no se verá modificada. En otras palabras, la elasticidad-precio de la demanda indica cuán independiente es el consumidor respecto de un producto.

La elasticidad-precio de la demanda también puede aplicarse en el plano de la oferta electoral. Existe una importante masa de la ciudadanía que vota a cierto partido independientemente de quién sea su candidato, cuál sea su programa de gobierno, etc. Este grupo ha sido definido en ámbitos académicos como “voto cautivo”, es decir, aquel por el cual los partidos no deberían preocuparse, ya sea porque están adentro, o ya sea porque nunca van a estarlo.

En el otro extremo están los independientes, es decir, aquellos ciudadanos que no están casados con ningún partido, dispuestos a ser seducidos por la oferta que atienda mejor sus inquietudes, refleje mejor su pensamiento, expectativas, etc., en ese momento.

Históricamente se ha considerado, quizás o sin quizás desde un enfoque cargado de mucho prejuicio, que el nivel de instrucción de las personas tiene relación con la cautividad de su voto. Aquellos ciudadanos más instruidos, tienden a ser más reflexivos, analíticos e independientes a la hora de decidir su voto, no dejándose llevar por una divisa, un slogan, un jingle pegadizo, o discursos adornados por palabras agradables pero vacíos de contenido. Este electorado es más exigente, inconformista, crítico y desapegado. En cambio, desde esta misma visión de las cosas, aquellos ciudadanos con un nivel de instrucción menor, serán más manipulables, presentando mayores dificultadas para aplicar juicio crítico llegado el momento de definir el voto.

Evidentemente, este enfoque, que puede ser tildado de reduccionista, no se cumple a rajatabla. Como en toda generalización, pueden encontrarse contraejemplos que la refutan, pero puede sí decirse que algo de cierto tiene, y que el electorado que está más pendiente de los vaivenes de la vida política del país, sin pertenecer orgánicamente a un partido, va a ocuparse de disponer de mayor información para la toma de decisiones, y tenderá a juzgar con mayor objetividad el accionar de quienes integran la oferta política de cara a los comicios.

En el caso uruguayo, desde el año 2004 el país ha estado dividido en dos partes prácticamente iguales, cualquier mínimo movimiento de un grupo reducido del electorado puede inclinar la báscula en un sentido u otro. En las últimas tres elecciones los votos le alcanzaron al Frente Amplio (FA) para alzarse con el gobierno, observándose una tendencia a la baja sostenida. Lo que en 2004 fue una votación que permitió el triunfo con holgura en primera vuelta, en 2009 requirió la instancia de balotaje, y en 2014 estuvo a punto de perder la mayoría parlamentaria en la Cámara de Diputados. Pequeños traspasos tienen el potencial de cambiar drásticamente el agotado equilibrio de fuerzas que va camino a cumplir 15 años en Uruguay.

De acuerdo a las últimas encuestas, el grupo de los indecisos representa en el entorno de un tercio del electorado, perteneciendo la mayoría de ellos a ciudadanos que “prestaron” su voto al FA en 2004, 2009 y 2014. Ciudadanos que, dependiendo de su edad, fueron votantes de los partidos tradicionales, principalmente del Partido Colorado, o ciudadanos cuya familia tiene orígenes en los partidos tradicionales, pero las nuevas generaciones fueron críticas con éstos ejerciendo el voto castigo, encontrando mayoritariamente en los sectores catalogados como moderados dentro del FA un refugio. El desgaste del ejercicio del gobierno erosionó el caudal electoral de los partidos tradicionales, y el FA fue el beneficiado por esos votos. Ahora la tortilla se dio vuelta, el FA, en aras de conformar a sus sectores radicales, los cuales cada vez tienen más preponderancia en la interna, incurrió en las prácticas y actos que otrora se endilgó y criticó encendidamente a los partidos tradicionales, e incluso, en menos de 15 años, llegó a límites que éstos ni siquiera imaginaron traspasar.

Si este electorado, que fue tan crítico en su momento con los partidos tradicionales, y en muchos casos justificadamente, es coherente, es momento volver a cruzar de orilla. Algunos cuantos intelectuales notoriamente identificados con el FA ya dieron ese paso, a conciencia que no darlo es reforzar la hipótesis de aquellos dentro del FA que consideran que ganan aunque pongan una heladera de candidato. Si en octubre de 2019 el voto prestado al FA se comporta de forma inelástica, saldrán fortalecidos los sectores más radicales de esta fuerza política, que tomarán renovada fuerza y vigor para continuar profundizando la división de la sociedad en buenos y malos. Y los más instruidos, aunque les cueste reconocerlo, para estos sectores forman parte del bando de los malos, a los cuales hay que castigar para teóricamente acceder a la utopía de la equidad.

En octubre de 2019 el destino de muchos puede estar en manos de pocos, que si no están dispuestos a propiciar el cambio, indicarán que el FA dejó de ser un partido para transformarse en una religión, donde el juicio crítico está subordinado al a la disciplina partidaria.

Llego el momento que Uruguay avance en el sentido de construir consensos de amplia base, en caso contrario, sólo se empoderará a quienes en muchos casos van en contra y hasta desprecian a buena parte de su propio electorado disconforme.

El diabético es inelástico con la insulina por necesidad, el ciudadano cuando vota no.

Ciro Mata

Autor: Ciro Mata

Ingeniero Electricista (Universidad de la República, UdelaR, 2003). Postgrado en Administración de Empresas (2004) y Maestría en Administración de Empresas (MBA) (2006), Universidad Católica del Uruguay. Postgrado en Metodología de la Investigación, Universidad de la Empresa en (2012). Ejerció como docente en la Facultad de Ingeniería de la UdelaR y actualmente se desempeña como docente de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad de la Empresa y la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica del Uruguay. Profesionalmente se ha desempeñado en UTE como subgerente del Área Planificación.